UNFPAEL ESTADO DE LA POBLACIÓN MUNDIAL 2003
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HOME: EL ESTADO DE LA POBLACIÓN MUNDIAL 2003: panorama general de la vida de los adolescentes
State of World Population
Sections
panorama general de la vida de los adolescentes
desigualdad de género y salud reproductiva
el vih/sida y los adolescentes
promoción de comportamientos más saludables
satisfacción de las necesidades en materia de servicios de salud reproductiva
programas integrales para adolescentes
asignar prioridad a los adolescentes
Notas
Fuentes Para los Recuadros
Indicadores
Gráficos y Cuadro

Panorama general de la vida de los adolescentes

Introducción
¿Por qué es importante la salud reproductiva?
Salud reproductiva de los adolescentes y pobreza
Un mundo cambiante
Educación y empleo
Asegurar un futuro mejor: Inversiones en la juventud

¿Por qué es importante la salud reproductiva?

La comunidad internacional ha definido la salud sexual y reproductiva como un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no meramente la ausencia de enfermedades o dolencias, en todas las cuestiones relativas al aparato reproductor y sus funciones y procesos(3). La salud sexual y reproductiva es un componente esencial de la capacidad de los jóvenes para transformarse en miembros bien equilibrados, responsables y productivos de la sociedad(4).

En posteriores capítulos del presente informe se detallan las principales cuestiones atinentes a la vigencia de los derechos de los adolescentes y la satisfacción de sus necesidades relativas a la salud sexual y reproductiva. En el capítulo 2 se examina la desigualdad de género en relación con el matrimonio precoz, la actividad sexual prematrimonial y la violencia contra las mujeres y las niñas. En el capítulo 3 se considera el VIH/SIDA y sus efectos sobre los jóvenes. El capítulo 4 destaca las acciones encaminadas a influir sobre el comportamiento de los adolescentes, proporcionándoles información acerca de la salud sexual y reproductiva. En el capítulo 5 se analiza la provisión de servicios de salud reproductiva “acogedores para los jóvenes”. En el capítulo 6 se ofrecen ejemplos de programas integrales que abordan las necesidades de los adolescentes en materia de información, servicios y adquisición de aptitudes. Finalmente, en el capítulo 7 se indican los necesarios cambios a introducir en las políticas y los beneficios de efectuar inversiones en los adolescentes, inclusive en su salud sexual y reproductiva.

La salud reproductiva es una necesidad durante toda la vida. El estado de salud reproductiva de una madre tiene efectos sobre sus hijos y la salud de éstos.

A medida que los niños varones y las niñas van creciendo, los adultos los tratan de manera diferente y tienen diferentes expectativas en cuanto a su comportamiento. Esas diferencias suelen determinar las futuras condiciones de su vida y muchas atañen a la sexualidad o repercuten sobre ésta. En numerosos ámbitos sociales, muy distintos entre sí, se condiciona de manera desembozada o sutil, a las niñas para que desempeñen el papel de esposa y madre, y a los niños varones, el papel de sostén y jefe del hogar. Dentro y fuera del hogar, se plantean demandas sobre los niños: si pueden esperar educación y en qué forma; la introducción del adolescente a las prácticas atinentes a la sexualidad, el cortejo y el matrimonio; y la información y los servicios relativos a la salud reproductiva, antes del matrimonio y durante éste. Esas demandas reflejan las diferentes expectativas en función del género.

Las dificultades en cuanto a la salud reproductiva con que se tropieza más avanzada la adolescencia, entre ellas el embarazo no deseado, el aborto realizado en malas condiciones y las infecciones de transmisión sexual, pueden atribuirse a circunstancias como la falta de educación y oportunidades, pero están presentes en todos los grupos sociales. A menudo, las diferentes expectativas de género y el diferente trato en la infancia y durante los primeros años de la adolescencia son importantes factores contribuyentes.

Por ejemplo, las expectativas de que las jóvenes se responsabilicen por la anticoncepción, las presiones sobre los jóvenes varones para que prueben su masculinidad, el comportamiento a la vez agresivo y sumiso de muchas jóvenes, son resultado de pautas de comportamiento establecidas desde las edades más tempranas.

Con frecuencia, es difícil hablar de esos temas, y su planteo es espinoso para los propios jóvenes. Parte de la razón, o al menos de la explicación, para la reticencia pública es que los propios jóvenes no colocan la salud sexual y reproductiva en un lugar muy prominente de su lista de preocupaciones activas. Pero la salud reproductiva está vinculada a muchos aspectos que ellos consideran primordiales, como finalizar su educación, encontrar empleo, lograr una posición económica, entablar relaciones seguras y, llegado el momento, establecer su propia familia.

Los maestros, líderes espirituales, empleadores, gobiernos y comunidades deben ayudar a los jóvenes y a sus padres y madres, en la etapa en que los jóvenes se preparan para ejercer los derechos y responsabilidades de la adultez. Los sistemas políticos deben encontrar maneras de involucrar a los jóvenes en la formulación y la aplicación de las políticas que conforman sus vidas. En el resto de este capítulo se proporciona un panorama general de la gama de situaciones que es preciso abordar.

2 LA SALUD REPRODUCTIVA ES UN DERECHO HUMANO

En 1994, en la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo (CIPD) se destacó la importancia de la adolescencia para asegurar la salud sexual y reproductiva a lo largo de todo el ciclo vital. Además—por primera vez en un acuerdo internacional —se reconoció que los adolescentes tienen necesidades de salud peculiares que difieren en aspectos importantes de las que tienen los adultos y se destacó que la equidad de género es un componente imprescindible de las acciones para satisfacer dichas necesidades.

El Programa de Acción de la CIPD exhorta a los gobiernos y los sistemas de salud a establecer, ampliar o ajustar los programas de modo de satisfacer las necesidades de salud reproductiva y sexual de los adolescentes, respetar sus derechos al carácter privado y confidencial de los servicios y velar por que las actitudes de los agentes de salud no restrinjan el acceso de los adolescentes a la información y los servicios. También exhorta a los gobiernos a eliminar todas las barreras (legislativas, reglamentarias o consuetudinarias) que se interponen entre los adolescentes y los servicios de salud reproductiva, así como la información y la educación al respecto.

En el período extraordinario de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas celebrado en 1999, CIPD+5, se reconoció el derecho de los adolescentes al disfrute de los más altos niveles posibles de salud y a la provisión de servicios adecuados, específicos, acogedores para los jóvenes y de fácil acceso, para atender eficazmente sus necesidades de salud reproductiva y sexual, inclusive educación, información y asesoramiento sobre salud reproductiva y estrategias de fomento de la salud (párrafo 73).

En el Artículo 24 de la Convención sobre los Derechos del Niño se afirma que los niños tienen derecho al disfrute del más alto nivel posible de salud y a servicios para el tratamiento de las enfermedades y la rehabilitación de la salud, inclusive la educación y servicios en materia de planificación de la familia (un derecho también reconocido en anteriores convenciones y conferencias).

En junio de 2003, el Comité de las Naciones Unidas que vigila la aplicación de la Convención manifestó: “Los Estados Partes deberían proporcionar a los adolescentes acceso a la información sobre salud sexual y reproductiva, inclusive sobre planificación de la familia y anticonceptivos, los peligros del embarazo precoz, la prevención del VIH/SIDA y la prevención y el tratamiento de las infecciones de transmisión sexual. Además, los Estados Partes deberían velar por que los adolescentes tengan acceso a la información apropiada, independientemente del estado civil y del consentimiento previo de padres o tutores”.

La Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (1979) apoya los derechos de la mujer a los servicios de salud reproductiva y a la información al respecto y también a la equidad en la adopción de decisiones en cuestiones reproductivas y de salud sexual. En 1999, el Comité que vigila la aplicación de este tratado exhortó a los Estados signatarios a aceptar que cuando la Convención utiliza el término “mujeres”, éste se aplica también a las niñas y las adolescentes.Fuentes

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