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Panorama general de la vida
de los adolescentes
La comunidad internacional ha definido la salud sexual y reproductiva
como un estado de completo bienestar físico, mental y social, y
no meramente la ausencia de enfermedades o dolencias, en todas
las cuestiones relativas al aparato reproductor y sus funciones y
procesos(3). La salud sexual y reproductiva es un componente esencial
de la capacidad de los jóvenes para transformarse en miembros bien
equilibrados, responsables y productivos de la sociedad(4).
En posteriores capítulos del presente informe se detallan las
principales cuestiones atinentes a la vigencia de los derechos de los
adolescentes y la satisfacción de sus necesidades relativas a la salud
sexual y reproductiva. En el capítulo 2 se examina la desigualdad de
género en relación con el matrimonio precoz, la actividad sexual
prematrimonial y la violencia contra las mujeres y las niñas. En el
capítulo 3 se considera el VIH/SIDA y sus efectos sobre los jóvenes.
El capítulo 4 destaca las acciones encaminadas a influir sobre el
comportamiento de los adolescentes, proporcionándoles información
acerca de la salud sexual y reproductiva. En el capítulo 5 se
analiza la provisión de servicios de salud reproductiva “acogedores
para los jóvenes”. En el capítulo 6 se ofrecen ejemplos de programas
integrales que abordan las necesidades de los adolescentes en materia
de información, servicios y adquisición de aptitudes. Finalmente,
en el capítulo 7 se indican los necesarios cambios a introducir en las
políticas y los beneficios de efectuar inversiones en los adolescentes,
inclusive en su salud sexual y reproductiva.
La salud reproductiva es una necesidad durante toda la vida.
El estado de salud reproductiva de una madre tiene efectos sobre
sus hijos y la salud de éstos.
A medida que los niños varones y las niñas van creciendo, los
adultos los tratan de manera diferente y tienen diferentes expectativas
en cuanto a su comportamiento. Esas diferencias suelen
determinar las futuras condiciones de su vida y muchas atañen a la
sexualidad o repercuten sobre ésta. En numerosos ámbitos sociales,
muy distintos entre sí, se condiciona de manera desembozada o
sutil, a las niñas para que desempeñen el papel de esposa y madre,
y a los niños varones, el papel de sostén y jefe del hogar. Dentro y
fuera del hogar, se plantean demandas sobre los niños: si pueden
esperar educación y en qué forma; la introducción del adolescente
a las prácticas atinentes a la sexualidad, el cortejo y el matrimonio;
y la información y los servicios relativos a la salud reproductiva,
antes del matrimonio y durante éste. Esas demandas reflejan las
diferentes expectativas en función del género.
Las dificultades en cuanto a la salud reproductiva con que se
tropieza más avanzada la adolescencia, entre ellas el embarazo no
deseado, el aborto realizado en malas condiciones y las infecciones
de transmisión sexual, pueden atribuirse a circunstancias como la
falta de educación y oportunidades, pero están presentes en todos
los grupos sociales. A menudo, las diferentes expectativas de género
y el diferente trato en la infancia y durante los primeros años de la
adolescencia son importantes factores contribuyentes.
Por ejemplo, las expectativas de que las jóvenes se responsabilicen
por la anticoncepción, las presiones sobre los jóvenes varones para
que prueben su masculinidad, el comportamiento a la vez agresivo
y sumiso de muchas jóvenes, son resultado de pautas de comportamiento
establecidas desde las edades más tempranas.
Con frecuencia, es difícil hablar de esos temas, y su planteo es
espinoso para los propios jóvenes. Parte de la razón, o al menos de
la explicación, para la reticencia pública es que los propios jóvenes
no colocan la salud sexual y reproductiva en un lugar muy prominente
de su lista de preocupaciones activas. Pero la salud
reproductiva está vinculada a muchos aspectos que ellos consideran
primordiales, como finalizar su educación, encontrar empleo, lograr
una posición económica, entablar relaciones seguras y, llegado el
momento, establecer su propia familia.
Los maestros, líderes espirituales, empleadores, gobiernos y
comunidades deben ayudar a los jóvenes y a sus padres y madres,
en la etapa en que los jóvenes se preparan para ejercer los derechos
y responsabilidades de la adultez. Los sistemas políticos deben
encontrar maneras de involucrar a los jóvenes en la formulación y
la aplicación de las políticas que conforman sus vidas. En el resto
de este capítulo se proporciona un panorama general de la gama de
situaciones que es preciso abordar.
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2 |
LA SALUD REPRODUCTIVA ES UN
DERECHO HUMANO |
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En 1994, en la
Conferencia Internacional sobre la Población y el
Desarrollo (CIPD) se destacó la importancia de la
adolescencia para asegurar la salud sexual y
reproductiva a lo largo de todo el ciclo vital.
Además—por primera vez en un acuerdo internacional
—se reconoció que los adolescentes
tienen necesidades de salud peculiares que difieren
en aspectos importantes de las que tienen los
adultos y se destacó que la equidad de género es
un componente imprescindible de las acciones
para satisfacer dichas necesidades.
El Programa de Acción de la CIPD exhorta a
los gobiernos y los sistemas de salud a establecer,
ampliar o ajustar los programas de modo de
satisfacer las necesidades de salud reproductiva
y sexual de los adolescentes, respetar sus
derechos al carácter privado y confidencial de
los servicios y velar por que las actitudes de los
agentes de salud no restrinjan el acceso de
los adolescentes a la información y los servicios.
También exhorta a los gobiernos a eliminar todas
las barreras (legislativas, reglamentarias o consuetudinarias)
que se interponen entre los
adolescentes y los servicios de salud reproductiva,
así como la información y la educación al
respecto.
En el período extraordinario de sesiones de la
Asamblea General de las Naciones Unidas celebrado
en 1999, CIPD+5, se reconoció el derecho
de los adolescentes al disfrute de los más altos
niveles posibles de salud y a la provisión de servicios
adecuados, específicos, acogedores para los
jóvenes y de fácil acceso, para atender eficazmente
sus necesidades de salud reproductiva y
sexual, inclusive educación, información y asesoramiento
sobre salud reproductiva y estrategias
de fomento de la salud (párrafo 73).
En el Artículo 24 de la Convención sobre los
Derechos del Niño se afirma que los niños tienen
derecho al disfrute del más alto nivel posible de
salud y a servicios para el tratamiento de las
enfermedades y la rehabilitación de la salud,
inclusive la educación y servicios en materia de
planificación de la familia (un derecho también
reconocido en anteriores convenciones y
conferencias).
En junio de 2003, el Comité de las Naciones
Unidas que vigila la aplicación de la Convención
manifestó: “Los Estados Partes deberían proporcionar
a los adolescentes acceso a la información
sobre salud sexual y reproductiva, inclusive sobre
planificación de la familia y anticonceptivos, los
peligros del embarazo precoz, la prevención del
VIH/SIDA y la prevención y el tratamiento de las
infecciones de transmisión sexual. Además, los
Estados Partes deberían velar por que los adolescentes
tengan acceso a la información
apropiada, independientemente del estado civil y
del consentimiento previo de padres o tutores”.
La Convención sobre la eliminación de todas
las formas de discriminación contra la mujer
(1979) apoya los derechos de la mujer a los servicios
de salud reproductiva y a la información al
respecto y también a la equidad en la adopción
de decisiones en cuestiones reproductivas y de
salud sexual. En 1999, el Comité que vigila la
aplicación de este tratado exhortó a los Estados
signatarios a aceptar que cuando la Convención
utiliza el término “mujeres”, éste se aplica también
a las niñas y las adolescentes.Fuentes
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