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Resumen
(No debe darse a conocer antes del 3 de deciembre de 2002)
Para reducir la pobreza en los países en desarrollo es preciso actuar con urgencia y combatir la deficiente
salud reproductiva, ayudar a las mujeres a evitar embarazos no deseados y eliminar el analfabetismo y la
discriminación por motivos de género, advierte el informe El Estado de la Población Mundial 2000 preparado
por el UNFPA, Fondo de Población de las Naciones Unidas.
En el informe se afirma que abordar las cuestiones de población
tiene importancia crítica para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del
Milenio de reducir a la mitad antes de 2015 la pobreza y el hambre
en todo el mundo, reducir el número de defunciones de madres y
niños, contrarrestar el VIH/SIDA, impulsar la igualdad de género
y promover el desarrollo ambientalmente sostenible.
El informe señala el “efecto de población” sobre el crecimiento
económico y presenta datos recientes, según los cuales a partir de
1970 los países en desarrollo con menores tasas de fecundidad y de
crecimiento demográfico han registrado mayor productividad, más
ahorro y más inversión productiva. Su crecimiento económico ha
sido más acelerado.
Para un mayor crecimiento económico, tienen importancia vital
las inversiones en salud y educación, así como la igualdad de género.
Puede atribuirse a los programas de planificación de la familia y
población casi un tercio de la disminución de la fecundidad en todo
el mundo entre 1972 y 1994. Esas inversiones sociales atacan la pobreza
directamente y empoderan a la gente, especialmente las mujeres;
posibilitan las opciones.
Cuando disponen de verdaderas opciones, los pobres en países
en desarrollo tienen familias más pequeñas que sus padres y madres.
Esta disminución de la fecundidad en “microescala” se traduce al
cabo de una generación en un potencial crecimiento económico en
“macroescala”, en forma de un grupo numeroso de personas en edad
activa que apoyan a una cantidad relativamente menor de dependientes
más viejos y más jóvenes.
Esta “oportunidad demográfica” sólo se abre por única vez y se
cerrará a medida que las poblaciones vayan envejeciendo y que vaya
aumentando el número de dependientes de más edad. Cuando las
demás políticas son propicias, esa oportunidad puede dar lugar a
progresos espectaculares. Varios países del Asia oriental, así como
México y el Brasil, han aprovechado la oportunidad. La disminución
de la fecundidad en el Brasil fue equivalente a un crecimiento
económico del 0,7% del PIB per cápita por año.
No obstante, la distancia que separa a los ricos de los pobres
sigue aumentando y los países más pobres continúan a la zaga. La
pobreza, la mala salud y la fecundidad tienen las tasas más altas
en los países menos adelantados, cuya población se ha triplicado
en comparación con la de 1955 y, según se prevé, casi se triplicará
nuevamente en los próximos 50 años.
Es necesario efectuar mayores inversiones sociales para promover
una mejor salud, posibilitar que los padres y madres tengan el
número de hijos que desean, alentar nuevas disminuciones en la
fecundidad y proporcionar mejor educación y mayores opciones en
la vida. Ese proceso acelerará la acumulación del “capital humano”
necesario para un desarrollo acelerado y sostenible. Se necesita
mucha más atención de parte de los encargados de formular políticas
y mucho más apoyo internacional a la población y la salud
reproductiva para que los países puedan reducir la pobreza a la
mitad hacia 2015 y lograr progresos reales hacia los Objetivos de
Desarrollo del Milenio.
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