UNFPAEl Estado de la Poblacion Mundial 2002
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HOME: EL ESTADO DE LA POBLACIÓN MUNDIAL 2002: Pobreza y Educación
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Pobreza y Educación

Panorama General
Diferencias en el Acceso a la Enseñanza y el Nivel de Educación, en Función de la Riqueza
La Brecha de Género
Utilidades Para los Pobres de las Inversiones en Educación
Alcanzar los Objetivos de la CIPD

La Brecha de Género

Si bien en el último decenio se ha acortado la "brecha de género" en la educación, su situación de desventaja relativa sigue impidiendo que las niñas se matriculen en la enseñanza secundaria en la mayoría de los países del Asia meridional, el África al sur del Sahara y varias otras regiones en desarrollo. En 2000, un 31% de las mujeres carecían de educación escolar, en comparación con un 18% de los hombres (18). Hay grandes variaciones entre distintos países; las mayores diferencias se registran en el África septentrional y las menores en el Asia meridional, América Latina y el Asia central.

Las tasas de matriculación muestran la concentración de diferencias por motivos de género en unas pocas regiones. En el Asia Meridional y algunos países del África occidental (Benin, Chad y República Centroafricana) y Marruecos las tasas de matriculación para los niños varones son superiores en 15 o más puntos porcentuales a las de las niñas. En varios países de América Latina y en Filipinas, las tasas de matriculación de las niñas de 6 a 14 años de edad es superior a la de los niños varones.

La Brecha de Género suele ser mayor al ir ascendiendo en los niveles de escolarización. En el Asia meridional, las mujeres tienen la mitad de años de educación que los hombres y las tasas de matriculación femenina a nivel secundario son sólo dos tercios de las tasas masculinas. En el África al sur del Sahara, la asistencia escolar de las niñas a los 12 y 13 años de edad es el 80% de la de los niños varones, pero al llegar a los 18 y 19 años de edad, asisten a la escuela cantidades de niñas iguales sólo a la mitad de las cantidades de varones (19).

Las inversiones en educación tienen importancia crítica para el futuro. Si las tasas de matriculación permanecen constantes y la fecundidad y la mortalidad declinan de conformidad con las tendencias previstas, en 2030 habrá todavía una discrepancia de género en el nivel educacional (20). (La brecha no se cerrará completamente aun cuando las tasas de matriculación aumenten hacia 2030 hasta los niveles existentes hoy en América del Norte, debido a la amplitud de la brecha en los grupos de población de más edad (21).


FACTORES CONTRIBUYENTES La distancia entre el hogar y la escuela puede ser importante para decidir si las niñas han de asistir a ella, debido a que las familias temen el acoso sexual en camino a la escuela. En el Pakistán, donde hay una estricta segregación escolar de los sexos, se ha comprobado que la disponibilidad de escuelas afecta las decisiones de enviar a las niñas, pero no a los niños varones (22).

Las instalaciones escolares y las actitudes para con las niñas en la escuela pueden tener importancia, tanto para las niñas como para sus padres y madres. Un estudio realizado en Kenya comprobó que en muchas escuelas los servicios sanitarios eran inadecuados. Las niñas eran objeto de hostigamiento y era probable que se les asignaran tareas serviles (23). Si se percibe que la calidad de la enseñanza es baja, los padres y madres pueden decidir que las niñas son más útiles en el hogar. El costo de la matrícula escolar, los libros y los uniformes también milita más contra las niñas que contra los niños varones, especialmente en las familias pobres. En África al sur del Sahara, a veces las niñas son vulnerables a los "gavilanes" (hombres adultos que se aprovechan de la indefensión de las adolescentes), quienes ofrecen abonar la matrícula escolar a cambio de relaciones sexuales (24).

Las disparidades de género dentro de un mismo país suelen ser mayores entre los pobres (25), y en algunos países persisten después de que los pobres han mejorado su situación económica (26), de modo que ser hija de una familia pobre es una desventaja doble. Los padres y madres pobres tal vez no estén dispuestos a educar a las niñas porque piensan que éstas nunca tendrán una remuneración tan alta como los varones. Su trabajo se necesita de inmediato para ayudar a la familia (27), ocuparse de las tareas domésticas o atender a hermanitos más pequeños.

En las comunidades pobres, donde el papel de la mujer es limitado, a menudo no se piensa que las niñas necesiten educación escolar para cumplir funciones de esposa y madre. Se considera que la educación atrae a esposos mejor educados y en mejor posición financiera (28), pero los progenitores prevén que la educación de la niña beneficiará a la familia del esposo y no a la propia.

El embarazo también puede causar que las niñas abandonen la escuela. Las familias pobres con muchos hijos tal vez retiren a sus hijas de la escuela para que cuiden a los hermanitos. La falta de recursos para abonar la matrícula escolar puede obligar a optar por enviar a la escuela a los hijos varones. Los normas escolares suelen obligar a las niñas embarazadas a que abandonen la escuela; otras niñas se marchan porque contraen matrimonio (aunque muchas niñas abandonan la escuela a edades más tempranas). El grado de contribución de la fecundidad a la interrupción de la enseñanza varía, pero puede ser importante (29). Un examen de varios estudios sobre países de África al Sur del Sahara comprobó que entre 8% y 25% de los casos de abandono de la escuela se debían al embarazo de las niñas (30).


PROBLEMAS PARA REALIZAR INVERSIONES EN LA EDUCACIÓN DE LAS NIÑAS Algunos expertos opinan que es más atinado efectuar inversiones en la ampliación y la mejora de la educación para todos los niños, en lugar de orientar los recursos hacia las niñas, pues aducen que así tal vez se reduzca la educación disponible para los niños varones. Otra opinión es que es preciso contar con programas diseñados para responder a las necesidades de las niñas a fin de que éstas acudan al aula y permanezcan allí; y que las inversiones que allanan los obstáculos para las niñas tienen los mismos efectos en lo tocante a los niños varones. Otros expertos piensan que lo mejor es contar con escuelas "centradas en la niñez", sea cual fuere el sexo de los alumnos (31). Cada uno de esos criterios se está llevando a la práctica y evaluando en diferentes países.

Otra cuestión de políticas es si concentrarse en educar a las niñas o incluir también en los programas la reducción del analfabetismo entre las mujeres adultas. Las mujeres se ocupan de la salud y la asistencia a la escuela de sus hijos, de modo que al educarlas se multiplica el valor de las inversiones en educación. Pero algunos afirman que los escasos recursos deberían concentrarse allí donde pueden producir los mayores efectos a largo plazo.

El prejuicio de género - en los currículos, los enfoques de la enseñanza y el ámbito general de la escuela - es una importante preocupación normativa. Las niñas tal vez reciban menos atención por parte de los maestros, sean percibidas como menos inteligentes y tengan peor rendimiento académico. Esto tal vez se deba a que el estilo de enseñanza competitivo y antagónico prevaleciente en muchas escuelas no es compatible con los rasgos femeninos tradicionalmente valorados, de pasividad y colaboración. En los casos típicos, los materiales didácticos ilustran modelos de comportamiento fuertes para los niños varones pero pocos modelos, o modelos débiles, para las niñas. Con frecuencia, no se las alienta a seguir cursos en asignaturas técnicas y científicas que pueden mejorar sus oportunidades de empleo, reforzando la segregación por motivos de género en el mercado laboral (32).



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