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Pobreza y Educación
Si bien en el último decenio se ha acortado la "brecha de género" en
la educación, su situación de desventaja relativa sigue impidiendo
que las niñas se matriculen en la enseñanza secundaria en la mayoría
de los países del Asia meridional, el África al sur del Sahara y
varias otras regiones en desarrollo. En 2000, un 31% de las mujeres
carecían de educación escolar, en comparación con un 18% de los
hombres
(18). Hay grandes variaciones entre distintos países; las
mayores diferencias se registran en el África septentrional y las
menores en el Asia meridional, América Latina y el Asia central.
Las tasas de matriculación muestran la concentración de diferencias
por motivos de género en unas pocas regiones. En el Asia
Meridional y algunos países del África occidental (Benin, Chad y
República Centroafricana) y Marruecos las tasas de matriculación
para los niños varones son superiores en 15 o más puntos porcentuales
a las de las niñas. En varios países de América Latina y en
Filipinas, las tasas de matriculación de las niñas de 6 a 14 años
de edad es superior a la de los niños varones.
La Brecha de Género suele ser mayor al ir ascendiendo en los
niveles de escolarización. En el Asia meridional, las mujeres tienen la
mitad de años de educación que los hombres y las tasas de matriculación
femenina a nivel secundario son sólo dos tercios de las tasas
masculinas. En el África al sur del Sahara, la asistencia escolar de las
niñas a los 12 y 13 años de edad es el 80% de la de los niños varones,
pero al llegar a los 18 y 19 años de edad, asisten a la escuela cantidades
de niñas iguales sólo a la mitad de las cantidades de varones
(19).
Las inversiones en educación tienen importancia crítica para
el futuro. Si las tasas de matriculación permanecen constantes y
la fecundidad y la mortalidad declinan de conformidad con las
tendencias previstas, en 2030 habrá todavía una discrepancia de
género en el nivel educacional
(20). (La brecha no se cerrará completamente
aun cuando las tasas de matriculación aumenten hacia 2030
hasta los niveles existentes hoy en América del Norte, debido a la
amplitud de la brecha en los grupos de población de más edad
(21).
FACTORES CONTRIBUYENTES La distancia entre el hogar y la
escuela puede ser importante para decidir si las niñas han de asistir
a ella, debido a que las familias temen el acoso sexual en camino
a la escuela. En el Pakistán, donde hay una estricta segregación
escolar de los sexos, se ha comprobado que la disponibilidad de
escuelas afecta las decisiones de enviar a las niñas, pero no a los
niños varones
(22).
Las instalaciones escolares y las actitudes para con las niñas en
la escuela pueden tener importancia, tanto para las niñas como para
sus padres y madres. Un estudio realizado en Kenya comprobó que
en muchas escuelas los servicios sanitarios eran inadecuados. Las
niñas eran objeto de hostigamiento y era probable que se les asignaran
tareas serviles
(23). Si se percibe que la calidad de la enseñanza
es baja, los padres y madres pueden decidir que las niñas son más
útiles en el hogar. El costo de la matrícula escolar, los libros y los
uniformes también milita más contra las niñas que contra los niños
varones, especialmente en las familias pobres. En África al sur
del Sahara, a veces las niñas son vulnerables a los "gavilanes"
(hombres adultos que se aprovechan de la indefensión de las
adolescentes), quienes ofrecen abonar la matrícula escolar a cambio
de relaciones sexuales
(24).
Las disparidades de género dentro de un mismo país suelen ser
mayores entre los pobres
(25), y en algunos países persisten después de
que los pobres han mejorado su situación económica
(26), de modo que
ser hija de una familia pobre es una desventaja doble. Los padres y madres pobres tal vez no estén dispuestos a educar a las niñas
porque piensan que éstas nunca tendrán una remuneración tan
alta como los varones. Su trabajo se necesita de inmediato para
ayudar a la familia (27), ocuparse de las tareas domésticas o atender
a hermanitos más pequeños.
En las comunidades pobres, donde el papel de la mujer es
limitado, a menudo no se piensa que las niñas necesiten educación
escolar para cumplir funciones de esposa y madre. Se considera que
la educación atrae a esposos mejor educados y en mejor posición
financiera
(28), pero los progenitores prevén que la educación de la
niña beneficiará a la familia del esposo y no a la propia.
El embarazo también puede causar que las niñas abandonen la
escuela. Las familias pobres con muchos hijos tal vez retiren a sus
hijas de la escuela para que cuiden a los hermanitos. La falta de
recursos para abonar la matrícula escolar puede obligar a optar por
enviar a la escuela a los hijos varones. Los normas escolares suelen
obligar a las niñas embarazadas a que abandonen la escuela; otras
niñas se marchan porque contraen matrimonio (aunque muchas
niñas abandonan la escuela a edades más tempranas). El grado de
contribución de la fecundidad a la interrupción de la enseñanza
varía, pero puede ser importante
(29).
Un examen de varios estudios
sobre países de África al Sur del Sahara comprobó que entre 8% y
25% de los casos de abandono de la escuela se debían al embarazo
de las niñas
(30).
PROBLEMAS PARA REALIZAR INVERSIONES EN LA EDUCACIÓN DE LAS NIÑAS Algunos expertos opinan que es más atinado efectuar
inversiones en la ampliación y la mejora de la educación para
todos los niños, en lugar de orientar los recursos hacia las niñas,
pues aducen que así tal vez se reduzca la educación disponible para
los niños varones. Otra opinión es que es preciso contar con programas
diseñados para responder a las necesidades de las niñas a fin
de que éstas acudan al aula y permanezcan allí; y que las inversiones
que allanan los obstáculos para las niñas tienen los mismos
efectos en lo tocante a los niños varones. Otros expertos piensan
que lo mejor es contar con escuelas "centradas en la niñez", sea
cual fuere el sexo de los alumnos
(31). Cada uno de esos criterios se
está llevando a la práctica y evaluando en diferentes países.
Otra cuestión de políticas es si concentrarse en educar a las
niñas o incluir también en los programas la reducción del analfabetismo
entre las mujeres adultas. Las mujeres se ocupan de la salud y
la asistencia a la escuela de sus hijos, de modo que al educarlas se
multiplica el valor de las inversiones en educación. Pero algunos
afirman que los escasos recursos deberían concentrarse allí donde
pueden producir los mayores efectos a largo plazo.
El prejuicio de género - en los currículos, los enfoques de la
enseñanza y el ámbito general de la escuela - es una importante
preocupación normativa. Las niñas tal vez reciban menos atención
por parte de los maestros, sean percibidas como menos inteligentes
y tengan peor rendimiento académico. Esto tal vez se deba a que
el estilo de enseñanza competitivo y antagónico prevaleciente en
muchas escuelas no es compatible con los rasgos femeninos tradicionalmente
valorados, de pasividad y colaboración. En los casos
típicos, los materiales didácticos ilustran modelos de comportamiento
fuertes para los niños varones pero pocos modelos, o
modelos débiles, para las niñas. Con frecuencia, no se las alienta a
seguir cursos en asignaturas técnicas y científicas que pueden
mejorar sus oportunidades de empleo, reforzando la segregación
por motivos de género en el mercado laboral
(32).
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