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El VIH/SIDA y la Pobreza
Los pobres tienen escaso acceso a servicios de prevención, como la
provisión de condones o cualquier forma de tratamiento. Sólo una
de cada cinco personas que corren riesgo de contagio con el VIH
tiene acceso a información preventiva y servicios
(19).
Menos del 5% de
las personas que necesitan medicamentos contra el retrovirus los
reciben
(20). La lucha contra la epidemia ha quedado obstaculizada
por la lentitud de los líderes en todos los niveles en reconocer y
admitir la naturaleza de la creciente crisis. La cultura universal de
silencio que rodea el comportamiento sexual ha mantenido apartada
la mirada y acalladas las voces.
En junio de 2001, el período extraordinario de sesiones de la
Asamblea General de las Naciones Unidas sobre el SIDA centró la
atención mundial en la crisis. Kofi Annan, Secretario General de las
Naciones Unidas, aprovechó la Cumbre Africana sobre el VIH/SIDA
y otras enfermedades infecciosas, convocada en Abuja (Nigeria) en
abril de 2001, para exhortar a la acción y proponer el Fondo Mundial
para la Lucha contra el SIDA, la Tuberculosis y el Paludismo. El
propósito de este fondo es aumentar el apoyo a los programas
contra el SIDA, el paludismo y la tuberculosis en los países en
desarrollo, desde menos de 2.000 millones de dólares anuales
hasta entre 7.000 y 10.000 millones de dólares.
El Fondo Mundial anunció en abril de 2002 su primera serie
de subsidios para tratamiento y prevención y otorgó en total 378
millones de dólares para un lapso de dos años a 40 programas en
31 países. Este importante adelanto también destaca la continua
omisión de la comunidad internacional en lo tocante a responder
a las necesidades del mundo en desarrollo. Los recursos aportados
durante el primer año fueron lamentablemente inferiores a
la meta.
Las estrategias eficaces para frenar la epidemia abarcan una
combinación de tratamiento, educación y prevención. Estas estrategias
no deben limitarse a la medicina y la atención de la salud sino
que deben alcanzar a la comunidad, exhortando a consultar directamente
a las personas a quienes se trata de prestar asistencia
(21). Es
primordialmente necesario contar con líderes fuertes y comprometidos
que, además de formular exhortaciones, ejerzan liderazgo con
su ejemplo.
Los ejemplos de acciones locales imaginativas y valerosas, por
ejemplo las realizadas en el Senegal, Tailandia y Uganda, a fin de
mitigar la pandemia son buenas noticias para todo el mundo.
Un fuerte liderazgo puede apoyar y fortalecer esas acciones
comunitarias.
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