UNFPAEl Estado de la Poblacion Mundial 2002
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HOME: EL ESTADO DE LA POBLACIÓN MUNDIAL 2002: El VIH/SIDA y la Pobreza
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El VIH/SIDA y la Pobreza

Panorama General
Efectos Devastadores
Prioridades Para la Acción

Efectos Devastadores

Hacia 2010, en todo el mundo habrá unos 40 millones de niños huérfanos debido a la pandemia. La muerte de adultos jóvenes en edad activa y el aumento del número de viudas, viudos y huérfanos incrementará la tasa de dependencia, así como la de pobreza. El SIDA ya se ha transformado en la principal causa de defunción de adultos en África y las proyecciones sugieren que el aumento en las defunciones, el menor número de alumbramientos y la menor fecundidad frenarán el crecimiento de la población, o incluso la harán decrecer. La esperanza de vida está disminuyendo y en algunos países ya se ha rebajado entre 10 y 15 años. Hacia 2010, los países de África al Sur del Sahara tendrán 71 millones de personas menos que las que habrían tenido en ausencia del SIDA. El resultado es que se cierne una amenaza sobre las economías, las estructuras sociales y la estabilidad política de sociedades enteras (9).


AGOTAMIENTO DE LOS SERVICIOS DE SALUD Durante el decenio de 1990, en la mayoría de los países de África el paludismo, la tuberculosis y, cada vez más, el VIH/SIDA, han abrumado los sistemas de atención de la salud, en momentos en que los programas de ajuste estructural obligaban a los gobiernos a reducir presupuestos de salud que ya eran insuficientes y transferir gran parte del costo de los servicios desde el Estado hacia los individuos. El resultado fue privar a muchos africanos de todo tipo de atención de la salud (10).

Al mismo tiempo, hubo un pronunciado aumento en la incidencia del VIH/SIDA entre los agentes de salud; en Malawi y Zambia, por ejemplo, se registraron quintuplicaciones y sextuplicaciones de las tasas de enfermedad y defunción de los agentes de salud. Así, el personal está diezmado, debe esforzarse por superar el estrés, está sobrecargado de trabajo y agobiado por el temor, y se ve obligado a enfrentar una crisis de proporciones explosivas. Los costos de los nuevos procedimientos de seguridad y la pérdida de tiempo y mano de obra han agravado la escasez de los servicios de salud y los han hecho más costosos, colocándolos fuera del alcance de muchas personas infectadas y dejando a miembros de la familia carentes de capacitación - a menudo ancianos - encargados de atender a los pacientes en el hogar.

Las diferencias en los servicios de salud y en el acceso a un tratamiento asequible del VIH/SIDA determinan las tasas de supervivencia y crean divisiones entre países y comunidades ricos y pobres. En momentos en que continúan los esfuerzos por reducir los precios de los medicamentos y brindar tratamiento a mayor cantidad de personas, los servicios de salud pública determinarán la capacidad de los hogares y las comunidades para enfrentar la epidemia. Si no se proporcionan servicios de salud, sean cuales fueren las dificultades para sufragar los gastos a corto plazo, esto redundará en un desastre para el desarrollo y la erradicación de la pobreza. (11).


DESINTEGRACIÓN DE LOS SISTEMAS EDUCACIONALES La educación ayuda a los individuos a protegerse a sí mismos contra el VIH. En Zambia, por ejemplo, los datos de vigilancia en Lusaka muestran que la tasa de prevalencia del VIH entre las mujeres de 15 a 19 años de edad disminuyó desde 27% en 1993 hasta 15% en 1998 y que la disminución fue mayor entre las jóvenes que poseían educación de nivel secundario y más alto. En ausencia de una vacuna médica contra el VIH, la educación puede proporcionar una "vacuna social" (12).

El SIDA está privando a los niños de su educación, puesto que se está cobrando las vidas de maestros y administradores de escuelas, menoscaba la calidad de la enseñanza, aumenta los costos y debilita la demanda. Los niños que pierden a ambos progenitores a causa de la epidemia tienen mucha menos probabilidades de seguir asistiendo a la escuela (13). Las niñas tienen muchas más probabilidades que los niños varones de permanecer en el hogar para atender a los parientes enfermos u ocuparse de tareas domésticas, de modo que las ancianas puedan cuidar a los enfermos. Tal vez los niño se transformen en las únicas fuentes de ingreso del hogar, si los adultos en edad activa están enfermos y los demás miembros de la familia son o demasiado viejos o demasiado jóvenes para trabajar.

En la República Centroafricana, un 85% de los maestros que fallecieron entre 1996 y 1998 tenían reacción serológica positiva al VIH y, en promedio, fallecieron 10 años antes de la fecha prevista para su jubilación (14). En Kenya, el número de víctimas entre los maestros aumentó desde 450 en 1995 a 1.400 en 1999. Côte d'Ivoire y Malawi pierden al menos un maestro por día.

En un reciente foro en el Camerún se estimó que un 10% de los maestros y un 20% de los estudiantes podrían contagiarse con el VIH en los próximos cinco años (15). En el foro se exhortó a combatir la ignorancia, el secreto, la denegación y el temor al estigma y la discriminación que aún predominan en las escuelas y los colegios. Los participantes expresaron que era necesario impartir educación sobre el VIH/SIDA en las escuelas, pese a los tabúes y los obstáculos culturales.

Entre otras propuestas recientes cabe mencionar subsidios públicos a las escuelas o subsidios directos a los hogares en zonas pobres o gravemente afectadas, a fin de reducir los costos de la educación e impedir que los niños abandonen la escuela. Si fuera posible mantener las escuelas abiertas y en funcionamiento, con ninguna tolerancia del abuso sexual, dichas escuelas podrían transformarse en centros de consolidación de la respuesta de toda la comunidad al SIDA y proporcionar liderazgo participatorio dentro de la comunidad.


EFECTOS ECONÓMICOS El VIH/SIDA ya está frenando el crecimiento y las actividades en la economía de los países más afectados. Según se estima, en el decenio de 1990 el SIDA redujo en un 0,8% el crecimiento económico anual per cápita en África. Los modelos sugieren que en los países más gravemente afectados, en los próximos años se reducirá el crecimiento per cápita entre 1 y 2 puntos porcentuales. Esto significa que después de dos decenios, muchas economías serán entre 20% y 40% más pequeñas que lo que habrían sido en ausencia del SIDA (16). Al mismo tiempo, el VIH/SIDA requiere recursos públicos adicionales para organizar acciones de prevención, proporcionar tratamiento, mantener otros servicios de salud y atender a los huérfanos y otros dependientes.

Los enfermos trabajan con menor rendimiento y a menudo están ausentes. Su muerte, aparte de la tragedia humana que entraña, perturba el lugar de trabajo, reduce la productividad, anula las inversiones en capacitación e impone la necesidad de capacitar a reemplazantes. Las empresas no pueden planificar cuando el futuro es tan incierto.

Las enfermedades y las defunciones debidas al SIDA tienen una curva similar a la de contagio con el VIH, con un desfase de varios años, de modo que la prevalencia del VIH puede utilizarse para efectuar proyecciones del número de futuros casos de enfermedad, muerte y orfandad. Los datos distan de ser perfectos, pero la epidemia tiene ahora suficientes años de existencia como para poner de manifiesto los apreciables costos que acarrea (17). En abril de 2002, una de las empresas mineras principales de Sudáfrica, GoldFields, estimó que la epidemia de VIH/SIDA agregaría hasta 10 dólares por onza a los costos de extracción de oro.

Muchas empresas han tratado de transferir la carga reduciendo las prestaciones, contratando mano de obra temporal y tratando de que el Estado absorba las cargas de atender a los enfermos y capacitar a los reemplazantes. Pero esta estrategia, en última instancia, es contraproducente porque los gobiernos, para sufragar los costos, deben recurrir a nuevos impuestos al sector privado.

Además, es evidente que los gobiernos enfrentan exactamente los mismos tipos de problemas. Los funcionarios están enfermando y muriendo: hay menos maestros en las escuelas, menos agentes de policía en las calles, menos enfermeras en las clínicas y menos trabajadores sanitarios que recojan la basura. Sin personal dotado de experiencia, el gobierno en todos los niveles se desintegrará, lo cual amenazará no sólo el desarrollo económico sino la viabilidad de la infraestructura, como caminos y aeropuertos, los mecanismos como la policía y la recaudación impositiva, y llegado el caso, la cohesión de la propia trama social.

Los perjuicios en el sector rural son igualmente graves: en Zimbabwe, las granjas familiares experimentan pérdidas del 40% al 60% en la producción de maíz, cacahuetes y algodón después de una defunción debida al SIDA (18). Las pérdidas no atañen solamente al ingreso: los nutritivos cultivos de verduras y los árboles frutales son reemplazados por cultivos de tuberosas feculentas que requieren menos mano de obra; tal vez se venda el ganado para comprar medicamentos, con lo cual se pierden fuentes de alimentos nutritivos como leche, carne o huevos. Esos cambios acarrean una crónica inseguridad alimentaria y altos niveles de malnutrición proteica, que deterioran aún más el sistema de inmunidad y preparan el terreno para las infecciones.

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