UNFPAEl Estado de la Poblacion Mundial 2002
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Las Mujeres y la Desigualdad de Género

Panorama General
Medición de la Desigualdad de Género
Falta de Equidad Económica
VIH, Pobreza y Desigualdad de Género

Falta de Equidad Económica

TRABAJO REMUNERADO Y NO REMUNERADO En muchos países en desarrollo, las mujeres son responsables de la producción agrícola y de la venta en los mercados, así como de labores distintas de las de mercado, no remuneradas. Dichas labores no remuneradas abarcan desde el cuidado de los niños, los ancianos y los enfermos hasta la producción de subsistencia y las tareas domésticas, que en los países en desarrollo tal vez obliguen a recorrer muchas millas para recoger leña y agua (10).

Las encuestas recientes sobre el uso del tiempo indican que al menos la mitad del tiempo total de trabajo de la mujer se dedica a tareas no remuneradas. Los datos de nueve países en desarrollo mostraron diferencias aún mayores, pues las mujeres dedicaban, en promedio, 34% de su tiempo a tareas de mercado remuneradas y 66%, a tareas distintas de las de mercado, en comparación con 76% y 24%, respectivamente, para los hombres (11).

En las zonas rurales de Nepal, los hombres dedican ocho horas diarias a trabajos de mercado y sólo dos horas a la producción doméstica, pero las mujeres dedican 7,4 horas diarias a trabajos de mercado y cinco horas a la producción en el hogar. Las mujeres también superponen actividades, como atender a los niños mientras trabajan en el hogar o en los campos (12).

La investigación realizada en 31 países, tanto industrializados como en desarrollo, sobre la cantidad de tiempo que las mujeres y los hombres dedican a actividades de mercado y distintas de las de mercado (13) muestra que:

  • En casi todos los países, las mujeres trabajan más horas que los hombres. De la carga total de trabajo, en los países en desarrollo las mujeres absorben el 53% y en los países industrializados, el 51%.
  • Del tiempo total de trabajo de los hombres en países industrializados, unos dos tercios se dedican a actividades que se computan en las mediciones del PNB y un tercio, a actividades no remuneradas; para las mujeres, esas proporciones son inversas. En los países en desarrollo, más de las tres cuartas partes de la labor masculina se incluyen en las cuentas del ingreso nacional
  • Las mujeres de bajos ingresos trabajan más horas diarias que las de altos ingresos, en detrimento de su salud y su nutrición (14).

Cuando se incluye en el cómputo el tiempo que las mujeres dedican a la producción en el hogar, ellas aportan del 40% al 60% del ingreso de la familia.

La producción de la mujer distinta de la de mercado es un elemento de importancia crucial para determinar la calidad de la vida y afecta directamente la salud, el desarrollo y el bienestar general de los niños y otros miembros de la familia. No obstante, en los debates sobre finanzas y desarrollo están en gran medida omitidas las voces de las mujeres y sus experiencias de vida, ya sea como trabajadoras (remuneradas y no remuneradas), o en su condición de ciudadanas o de consumidoras (15).

EFECTOS DE LA INVISIBILIDAD Las diferencias en las pautas de trabajo de hombres y mujeres y la "invisibilidad" del trabajo no remunerado que no se incluye en las cuentas nacionales, redunda en que las mujeres tienen derecho a menos prestaciones que los hombres. Esta falta de equidad, a su vez, perpetúa la discrepancia de género en lo tocante a la capacidad.

Por ejemplo, cuando las niñas llegan a la adolescencia, típicamente se espera que dediquen más tiempo a las actividades en el hogar, mientras los varones adolescentes dedican más tiempo al trabajo agrícola o asalariado. Cuando las niñas y los varones llegan a la adultez, por lo general las mujeres trabajan más horas que los hombres, tienen menos experiencia en la fuerza laboral y obtienen menos ingresos (16).

Esto tiene repercusiones para las inversiones en la generación siguiente. Si los padres y madres consideran que las hijas tienen menos probabilidades de obtener empleo remunerado o de recibir salarios de mercado, pueden estar menos inclinados a efectuar inversiones en educación, que es la vía más rápida para que la mujer se libere de la pobreza (17).

LA DOBLE CARGA Va en aumento el número de mujeres que realizan trabajo remunerado en la industria y los servicios. En la mayoría de los países en desarrollo, va en aumento el número de mujeres que son empleadoras o trabajan por cuenta propia, la mayoría de ellas en la agricultura y en empresas pequeñas y microempresas del sector paralelo o no estructurado (informal) de la economía (18). Pero al ingresar en el mercado laboral, las mujeres pueden salir perjudicadas en cuanto al tiempo y al dinero. Trabajan jornadas dobles, en el empleo y en el hogar. Con frecuencia reciben menos remuneración que los hombres por el mismo trabajo y tienen menos oportunidades de mejorar sus aptitudes.

Además, el trabajo no remunerado de la mujer y la necesidad de bienes y servicios no comercializables aumenta con los choques económicos, como los resultantes de la reestructuración económica o la pandemia del VIH/SIDA, cuando los gobiernos reducen los servicios sociales o cuando no es posible sufragar los costos de mercado. Las mujeres pobres realizan más labores no remuneradas, trabajan más horas y aceptan condiciones de trabajo degradantes durante esos tiempos de crisis, sólo para asegurar la supervivencia de sus familias (19).


ACCESO A LOS RECURSOS Actualmente, las mujeres tienen más oportunidades de efectuar y aprovechar las inversiones en "capital humano", como las de educación y salud, pero en los últimos decenios se progresó menos en cuanto a asegurar el acceso de las mujeres al capital natural y físico, como el dinero y la tierra. Esta situación impone altos costos a nivel tanto individual como de la familia.

RELACIONES DE PODER EN EL HOGAR Muchas decisiones acerca de la distribución de los recursos entre hombres y mujeres se adoptan dentro de la familia. Éste no es un proceso directo, sino que entraña negociaciones y el ejercicio del poder, el cual, a su vez, está conformado fuertemente por el contexto social.

El control de los recursos queda determinado en parte por lo que la persona aporta al hogar: bienes físicos, salarios o ingresos de otro tipo, transferencia de pagos o prestaciones de bienestar social. Esas aportaciones pueden afectar la capacidad de negociación de dicha persona. La amenaza de marcharse del hogar refuerza el poder de negociación, a condición de que la amenaza sea creíble. Es la amenaza más comúnmente utilizada por los hombres en relación con sus esposas, sus hijas y otras mujeres de la familia.

Algunas influencias externas, como los derechos garantizados por la ley y el apoyo comunitario, pueden afianzar la adopción conjunta de decisiones. Además, las mujeres pueden movilizar redes personales para mejorar su poder de negociación. El pertenecer a organizaciones, tener acceso a redes de familiares y otras redes sociales, así como otras formas de "capital social", pueden acrecentar el poder de negociación en el hogar.

Muchas influencias son intrínsecas, como el conocimiento de los derechos personales y la autoconfianza para utilizar esos conocimientos. La educación confiere una enorme ventaja; otra ventaja es la fuerza física.

En encuestas por hogares realizadas recientemente por el Instituto Internacional de Investigaciones sobre Políticas Alimentarias (IFPRI) se determinó que los bienes aportados al matrimonio tienen efecto sobre el poder de negociación dentro de éste. En cinco países en desarrollo estudiados - Bangladesh, Etiopía, Filipinas, Ghana, y Sudáfrica - los hombres aportan al matrimonio más tierras y más bienes que las mujeres. En la mayoría de esos países, los maridos también tienen más años de educación que sus mujeres.

12 INGRESO Y MEJOR SALUD PARA LAS MUJERES LAO

Como resultado de la asistencia del UNFPA, la contribución económica de las mujeres en una aldea de la República Democrática Popular Lao es considerada ahora tan importante como su papel de madres y esposas. Los aldeanos ahora disponen de acceso a servicios de salud reproductiva e información al respecto, gracias a las acciones del Fondo y sus aliados nacionales, la Unión de Mujeres Lao y el Ministerio de Salud.

Ban Bo Piet es una aldea con 54 hogares en una de las zonas serranas más inaccesibles de la RDP Lao. En 1993 se asentó ahí un grupo anteriormente nómade que utilizaba el método de tala y artiga para sus cultivos de subsistencia. Reinaban la pobreza y la malnutrición. La producción agrícola está transformándose lentamente en producción comercial, incluidos los cultivos de arroz y la cría de cerdos.

El UNFPA contribuyó a iniciar un fondo para ofrecer capital generador, de modo que las mujeres de la comunidad pudieran comenzar a cultivar cardamomo, una planta que no daña el medio ambiente y puede comercializarse. Hay en la aldea dos voluntarias de salud reproductiva que proporcionan información y promueven servicios, inclusive consejería sobre planificación de la familia. na acaba de asistir a un curso sobre género y salud reproductiva organizado por el sindicato de mujeres, con el apoyo del UNFPA.

Dice: "Antes de que yo me transformara en voluntaria, nadie en mi aldea sabía nada sobre planificación de la familia, cuestiones de género o participación de los hombres. Nos casábamos cuando éramos muy jóvenes, realizábamos todas las tareas domésticas y no teníamos tiempo para nosotras mismas ni para ayudar en el campo, especialmente cuando teníamos tantos hijos. Ahora conocemos los métodos de prevención del VIH/SIDA y planificación de la familia y sabemos dónde están ubicados los servicios de salud. También hemos alentado a nuestros esposos a que nos ayuden con las tareas domésticas."

El jefe de la aldea afirma: "todos nosotros apoyamos el programa de salud reproductiva porque nos ayuda a quebrar el ciclo de la pobreza. Comprendemos bien que la mejor salud de la mujer está relacionada con las familias más pequeñas y la mejor nutrición de nuestros hijos."Fuentes

No obstante, los bienes de la mujer pueden aportarle algún grado de independencia e influencia en la adopción de decisiones en el hogar, particularmente en lo concerniente a alimentos, educación, salud y ropa de los niños. Incluso cuando los maridos controlan la mayoría de los recursos, como ocurre en Bangladesh, los bienes de la mujer afectan positivamente el gasto en ropa y educación para los niños y también reducen la tasa de enfermedad de las niñas.

REDUCCIÓN DE LA DESIGUALDAD DE GÉNERO Los programas que reducen la desigualdad de género pueden mejorar sustancialmente el bienestar de los individuos y los hogares, así como el crecimiento económico del país.

Si los países de África al Sur del Sahara, el Asia Meridional y el Asia Occidental hubieran mantenido la misma proporción femenina/ masculina en cuanto a los años de escolarización que existía en 1960 en el Asia Oriental, y si esos países hubieran subsanado la discrepancia mediante las tasas logradas por el Asia Oriental entre 1960 y 1992, su ingreso per cápita podría haber aumentado a razón de 0,5 a 0,9 puntos porcentuales por año, lo cual habría representado un aumento sustancial con respecto a las tasas reales de crecimiento económico, de 0,7% anual en África al Sur del Sahara, 1,7% en el Asia Meridional y 2,2% en el Asia Occidental (20).

La investigación del IFPRI muestra que al reducir las desigualdades dentro del hogar, igualando el capital humano, las tierras y los insumos utilizados por las mujeres, es posible aumentar el rendimiento de los cultivos entre 20% y 25% (21). En Kenya, al proporcionar a las agricultoras la misma educación y los mismos recursos que a los hombres, aumentó en 22% el rendimiento de los cultivos (22).

INICIATIVAS EN MATERIA DE EDUCACIÓN Las becas para las niñas y los programas de incentivos a fin de aumentar la matriculación de niñas, como los existentes en Bangladesh y México, motivan a padres y madres a enviar a sus hijas a la escuela.

Los programas tuvieron un poderoso efecto sobre el ingreso, la educación, la nutrición, la salud y el empoderamiento de la mujer. La matriculación escolar de niños varones (en particular, después de la escuela primaria) aumentó porque trabajan menos. La matriculación de niñas en la escuela secundaria aumentó en un 14%.

Al mejorar la educación de la mujer también se contribuye a reducir la malnutrición infantil. Un estudio reciente muestra que los adelantos en la educación de la mujer son los factores que contribuyen más a reducir la malnutrición infantil, y puede atribuírseles el 43% del total de la reducción. La mejora en la disponibilidad de alimentos ocupó un distante segundo lugar, pues contribuyó en un 26%.(23).

Al subsanar la discrepancia de género en la educación también se contribuye a que las mujeres tengan menor fecundidad y se aumenta la supervivencia infantil (24). En un estudio se comprobó que un año adicional de educación femenina reducía la fecundidad total en 0,23 alumbramientos,(25) según otro, la reducción fue de 0,32 alumbramientos (26).

En los países donde la probabilidad de que las niñas vayan a la escuela es la mitad de la de los niños varones, si se excluyen los demás factores, se calcula que hay, en promedio 21,1 más defunciones de menores de un año por cada 1.000 nacidos vivos que en los países donde no hay tal discrepancia de género (27).

CRÉDITO Y EMPODERAMIENTO Parte del éxito de los programas de crédito a grupos, como los que otorga el Banco Grameen, se ha atribuido a un mecanismo de préstamo y apoyo en que el grupo amplía los medios de acción de cada mujer. Varias ONG que logran buenos resultados han establecido objetivos implícitos de empoderamiento de la mujer que no se limitan a los aspectos económicos sino que incluyen conocimiento de las leyes, participación política y uso de anticonceptivos.

GOBERNABILIDAD La mejora de la igualdad de género también entraña asegurar que las mujeres estén plenamente representadas en la adopción de decisiones en todos los niveles. Es necesario que las mujeres estén en condiciones de participar directamente en la formulación de políticas impositivas, sanitarias, laborales, de tierras o presupuestarias y, al mismo tiempo, responsabilicen a los encargados de formular políticas por los efectos de éstas.

Al mejorar la igualdad de género puede mejorarse la gobernabilidad. Algunos informes indican que las mujeres están menos involucradas que los hombres en ofrecer sobornos y en aceptar sobornos (28). Los datos comparados entre 98 países, de ingresos tanto altos como bajos, indican que la corrupción, medida utilizando un "índice de cohecho", es menos grave cuando las mujeres tienen una mayor proporción de escaños parlamentarios y altos puestos en la burocracia gubernamental, y cuando es mayor su proporción en la fuerza laboral.

El adelanto más espectacular en la representación femenina ocurrió en Sudáfrica, donde las primeras elecciones celebradas después de la eliminación del apartheid acrecentaron la proporción de mujeres en el Parlamento nacional, desde 1% hasta 30%. Las presiones resultantes para introducir innovaciones sensibles a las cuestiones de género, como el Presupuesto de Género - que analiza los efectos diferentes sobre hombres y mujeres de los gastos y los ingresos gubernamentales - dan pruebas de los efectos de la participación de la mujer.

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