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Las Mujeres y la Desigualdad de Género
TRABAJO REMUNERADO Y NO REMUNERADO En muchos países
en desarrollo, las mujeres son responsables de la producción agrícola
y de la venta en los mercados, así como de labores distintas de las
de mercado, no remuneradas. Dichas labores no remuneradas abarcan
desde el cuidado de los niños, los ancianos y los enfermos hasta
la producción de subsistencia y las tareas domésticas, que en los
países en desarrollo tal vez obliguen a recorrer muchas millas para
recoger leña y agua (10).
Las encuestas recientes sobre el uso del tiempo indican que al
menos la mitad del tiempo total de trabajo de la mujer se dedica a
tareas no remuneradas. Los datos de nueve países en desarrollo
mostraron diferencias aún mayores, pues las mujeres dedicaban,
en promedio, 34% de su tiempo a tareas de mercado remuneradas y
66%, a tareas distintas de las de mercado, en comparación con 76%
y 24%, respectivamente, para los hombres (11).
En las zonas rurales de Nepal, los hombres dedican ocho horas
diarias a trabajos de mercado y sólo dos horas a la producción
doméstica, pero las mujeres dedican 7,4 horas diarias a trabajos de
mercado y cinco horas a la producción en el hogar. Las mujeres
también superponen actividades, como atender a los niños mientras
trabajan en el hogar o en los campos (12).
La investigación realizada en 31 países, tanto industrializados
como en desarrollo, sobre la cantidad de tiempo que las mujeres y
los hombres dedican a actividades de mercado y distintas de las de
mercado (13) muestra que:
- En casi todos los países, las mujeres trabajan más horas que los
hombres. De la carga total de trabajo, en los países en desarrollo
las mujeres absorben el 53% y en los países industrializados,
el 51%.
- Del tiempo total de trabajo de los hombres en países industrializados,
unos dos tercios se dedican a actividades que se computan en
las mediciones del PNB y un tercio, a actividades no remuneradas;
para las mujeres, esas proporciones son inversas. En los países en
desarrollo, más de las tres cuartas partes de la labor masculina se
incluyen en las cuentas del ingreso nacional
- Las mujeres de bajos ingresos trabajan más horas diarias que las
de altos ingresos, en detrimento de su salud y su nutrición (14).
Cuando se incluye en el cómputo el tiempo que las mujeres
dedican a la producción en el hogar, ellas aportan del 40% al 60%
del ingreso de la familia.
La producción de la mujer distinta de la de mercado es un elemento
de importancia crucial para determinar la calidad de la vida
y afecta directamente la salud, el desarrollo y el bienestar general
de los niños y otros miembros de la familia. No obstante, en los
debates sobre finanzas y desarrollo están en gran medida omitidas
las voces de las mujeres y sus experiencias de vida, ya sea como
trabajadoras (remuneradas y no remuneradas), o en su condición
de ciudadanas o de consumidoras (15).
EFECTOS DE LA INVISIBILIDAD Las diferencias en las pautas
de trabajo de hombres y mujeres y la "invisibilidad" del trabajo no
remunerado que no se incluye en las cuentas nacionales, redunda
en que las mujeres tienen derecho a menos prestaciones que los
hombres. Esta falta de equidad, a su vez, perpetúa la discrepancia
de género en lo tocante a la capacidad.
Por ejemplo, cuando las niñas llegan a la adolescencia, típicamente
se espera que dediquen más tiempo a las actividades en el
hogar, mientras los varones adolescentes dedican más tiempo al
trabajo agrícola o asalariado. Cuando las niñas y los varones llegan
a la adultez, por lo general las mujeres trabajan más horas que los
hombres, tienen menos experiencia en la fuerza laboral y obtienen
menos ingresos (16).
Esto tiene repercusiones para las inversiones en la generación
siguiente. Si los padres y madres consideran que las hijas tienen
menos probabilidades de obtener empleo remunerado o de recibir
salarios de mercado, pueden estar menos inclinados a efectuar
inversiones en educación, que es la vía más rápida para que la
mujer se libere de la pobreza (17).
LA DOBLE CARGA Va en aumento el número de mujeres que
realizan trabajo remunerado en la industria y los servicios. En la
mayoría de los países en desarrollo, va en aumento el número de
mujeres que son empleadoras o trabajan por cuenta propia, la
mayoría de ellas en la agricultura y en empresas pequeñas y microempresas
del sector paralelo o no estructurado (informal) de la
economía (18).
Pero al ingresar en el mercado laboral, las mujeres
pueden salir perjudicadas en cuanto al tiempo y al dinero. Trabajan
jornadas dobles, en el empleo y en el hogar. Con frecuencia reciben
menos remuneración que los hombres por el mismo trabajo y tienen
menos oportunidades de mejorar sus aptitudes.
Además, el trabajo no remunerado de la mujer y la necesidad
de bienes y servicios no comercializables aumenta con los choques
económicos, como los resultantes de la reestructuración económica
o la pandemia del VIH/SIDA, cuando los gobiernos reducen los
servicios sociales o cuando no es posible sufragar los costos de
mercado. Las mujeres pobres realizan más labores no remuneradas,
trabajan más horas y aceptan condiciones de trabajo degradantes
durante esos tiempos de crisis, sólo para asegurar la supervivencia
de sus familias (19).
ACCESO A LOS RECURSOS Actualmente, las mujeres tienen más
oportunidades de efectuar y aprovechar las inversiones en "capital
humano", como las de educación y salud, pero en los últimos
decenios se progresó menos en cuanto a asegurar el acceso de las
mujeres al capital natural y físico, como el dinero y la tierra.
Esta situación impone altos costos a nivel tanto individual como de
la familia.
RELACIONES DE PODER EN EL HOGAR Muchas decisiones
acerca de la distribución de los recursos entre hombres y mujeres se
adoptan dentro de la familia. Éste no es un proceso directo, sino
que entraña negociaciones y el ejercicio del poder, el cual, a su vez,
está conformado fuertemente por el contexto social.
El control de los recursos queda determinado en parte por lo
que la persona aporta al hogar: bienes físicos, salarios o ingresos de
otro tipo, transferencia de pagos o prestaciones de bienestar social.
Esas aportaciones pueden afectar la capacidad de negociación de
dicha persona. La amenaza de marcharse del hogar refuerza el
poder de negociación, a condición de que la amenaza sea creíble. Es
la amenaza más comúnmente utilizada por los hombres en relación
con sus esposas, sus hijas y otras mujeres de la familia.
Algunas influencias externas, como los derechos garantizados
por la ley y el apoyo comunitario, pueden afianzar la adopción conjunta
de decisiones. Además, las mujeres pueden movilizar redes
personales para mejorar su poder de negociación. El pertenecer a
organizaciones, tener acceso a redes de familiares y otras redes
sociales, así como otras formas de "capital social", pueden acrecentar
el poder de negociación en el hogar.
Muchas influencias son intrínsecas, como el conocimiento de
los derechos personales y la autoconfianza para utilizar esos conocimientos.
La educación confiere una enorme ventaja; otra ventaja
es la fuerza física.
En encuestas por hogares realizadas recientemente por el
Instituto Internacional de Investigaciones sobre Políticas Alimentarias
(IFPRI) se determinó que los bienes aportados al matrimonio
tienen efecto sobre el poder de negociación dentro de éste. En cinco
países en desarrollo estudiados - Bangladesh, Etiopía, Filipinas,
Ghana, y Sudáfrica - los hombres aportan al matrimonio más tierras
y más bienes que las mujeres. En la mayoría de esos países, los
maridos también tienen más años de educación que sus mujeres.
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INGRESO Y MEJOR SALUD PARA LAS MUJERES LAO |
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Como resultado de la
asistencia del UNFPA, la contribución económica
de las mujeres en una aldea de la
República Democrática Popular Lao es considerada
ahora tan importante como su
papel de madres y esposas. Los aldeanos
ahora disponen de acceso a servicios de
salud reproductiva e información al respecto,
gracias a las acciones del Fondo y sus
aliados nacionales, la Unión de Mujeres Lao
y el Ministerio de Salud.
Ban Bo Piet es una aldea con 54 hogares
en una de las zonas serranas más inaccesibles
de la RDP Lao. En 1993 se asentó ahí
un grupo anteriormente nómade que utilizaba
el método de tala y artiga para sus
cultivos de subsistencia. Reinaban la pobreza
y la malnutrición. La producción agrícola
está transformándose lentamente en producción
comercial, incluidos los cultivos de
arroz y la cría de cerdos.
El UNFPA contribuyó a iniciar un fondo
para ofrecer capital generador, de modo
que las mujeres de la comunidad pudieran
comenzar a cultivar cardamomo, una planta
que no daña el medio ambiente y puede
comercializarse. Hay en la aldea dos voluntarias
de salud reproductiva que
proporcionan información y promueven
servicios, inclusive consejería sobre planificación
de la familia. na acaba de asistir a
un curso sobre género y salud reproductiva
organizado por el sindicato de mujeres, con
el apoyo del UNFPA.
Dice: "Antes de que yo me transformara
en voluntaria, nadie en mi aldea sabía nada
sobre planificación de la familia, cuestiones
de género o participación de los hombres.
Nos casábamos cuando éramos muy jóvenes,
realizábamos todas las tareas
domésticas y no teníamos tiempo para
nosotras mismas ni para ayudar en el
campo, especialmente cuando teníamos
tantos hijos. Ahora conocemos los métodos
de prevención del VIH/SIDA y planificación
de la familia y sabemos dónde están ubicados
los servicios de salud. También hemos
alentado a nuestros esposos a que nos ayuden
con las tareas domésticas."
El jefe de la aldea afirma: "todos nosotros
apoyamos el programa de salud
reproductiva porque nos ayuda a quebrar el
ciclo de la pobreza. Comprendemos bien
que la mejor salud de la mujer está relacionada
con las familias más pequeñas y la
mejor nutrición de nuestros hijos."Fuentes
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No obstante, los bienes de la mujer pueden aportarle algún
grado de independencia e influencia en la adopción de decisiones
en el hogar, particularmente en lo concerniente a alimentos,
educación, salud y ropa de los niños. Incluso cuando los maridos
controlan la mayoría de los recursos, como ocurre en Bangladesh,
los bienes de la mujer afectan positivamente el gasto en ropa y
educación para los niños y también reducen la tasa de enfermedad
de las niñas.
REDUCCIÓN DE LA DESIGUALDAD DE GÉNERO Los programas
que reducen la desigualdad de género pueden mejorar sustancialmente
el bienestar de los individuos y los hogares, así como el
crecimiento económico del país.
Si los países de África al Sur del Sahara, el Asia Meridional y el
Asia Occidental hubieran mantenido la misma proporción femenina/
masculina en cuanto a los años de escolarización que existía en
1960 en el Asia Oriental, y si esos países hubieran subsanado la
discrepancia mediante las tasas logradas por el Asia Oriental entre
1960 y 1992, su ingreso per cápita podría haber aumentado a razón
de 0,5 a 0,9 puntos porcentuales por año, lo cual habría representado
un aumento sustancial con respecto a las tasas reales de
crecimiento económico, de 0,7% anual en África al Sur del Sahara,
1,7% en el Asia Meridional y 2,2% en el Asia Occidental
(20).
La investigación del IFPRI muestra que al reducir las desigualdades
dentro del hogar, igualando el capital humano, las tierras y
los insumos utilizados por las mujeres, es posible aumentar el
rendimiento de los cultivos entre 20% y 25%
(21). En Kenya, al proporcionar
a las agricultoras la misma educación y los mismos recursos
que a los hombres, aumentó en 22% el rendimiento de los cultivos
(22).
INICIATIVAS EN MATERIA DE EDUCACIÓN Las becas para las
niñas y los programas de incentivos a fin de aumentar la matriculación
de niñas, como los existentes en Bangladesh y México, motivan
a padres y madres a enviar a sus hijas a la escuela.
Los programas tuvieron un poderoso efecto sobre el ingreso, la
educación, la nutrición, la salud y el empoderamiento de la mujer.
La matriculación escolar de niños varones (en particular, después
de la escuela primaria) aumentó porque trabajan menos. La matriculación
de niñas en la escuela secundaria aumentó en un 14%.
Al mejorar la educación de la mujer también se contribuye a
reducir la malnutrición infantil. Un estudio reciente muestra que
los adelantos en la educación de la mujer son los factores que
contribuyen más a reducir la malnutrición infantil, y puede atribuírseles
el 43% del total de la reducción. La mejora en la
disponibilidad de alimentos ocupó un distante segundo lugar, pues
contribuyó en un 26%.(23).
Al subsanar la discrepancia de género en la educación también
se contribuye a que las mujeres tengan menor fecundidad y se
aumenta la supervivencia infantil
(24).
En un estudio se comprobó
que un año adicional de educación femenina reducía la fecundidad
total en 0,23 alumbramientos,(25)
según otro, la reducción fue de 0,32 alumbramientos
(26).
En los países donde la probabilidad de que las niñas vayan a la
escuela es la mitad de la de los niños varones, si se excluyen los
demás factores, se calcula que hay, en promedio 21,1 más defunciones
de menores de un año por cada 1.000 nacidos vivos que en los países
donde no hay tal discrepancia de género (27).
CRÉDITO Y EMPODERAMIENTO Parte del éxito de los programas
de crédito a grupos, como los que otorga el Banco Grameen, se
ha atribuido a un mecanismo de préstamo y apoyo en que el grupo
amplía los medios de acción de cada mujer. Varias ONG que logran
buenos resultados han establecido objetivos implícitos de empoderamiento
de la mujer que no se limitan a los aspectos económicos sino
que incluyen conocimiento de las leyes, participación política y uso
de anticonceptivos.
GOBERNABILIDAD La mejora de la igualdad de género también
entraña asegurar que las mujeres estén plenamente representadas
en la adopción de decisiones en todos los niveles. Es necesario que
las mujeres estén en condiciones de participar directamente en la
formulación de políticas impositivas, sanitarias, laborales, de tierras
o presupuestarias y, al mismo tiempo, responsabilicen a los encargados
de formular políticas por los efectos de éstas.
Al mejorar la igualdad de género puede mejorarse la gobernabilidad.
Algunos informes indican que las mujeres están menos
involucradas que los hombres en ofrecer sobornos y en aceptar
sobornos (28).
Los datos comparados entre 98 países, de ingresos tanto
altos como bajos, indican que la corrupción, medida utilizando un
"índice de cohecho", es menos grave cuando las mujeres tienen una
mayor proporción de escaños parlamentarios y altos puestos en la
burocracia gubernamental, y cuando es mayor su proporción en la
fuerza laboral.
El adelanto más espectacular en la representación femenina
ocurrió en Sudáfrica, donde las primeras elecciones celebradas
después de la eliminación del apartheid acrecentaron la proporción
de mujeres en el Parlamento nacional, desde 1% hasta 30%. Las
presiones resultantes para introducir innovaciones sensibles a las
cuestiones de género, como el Presupuesto de Género - que analiza
los efectos diferentes sobre hombres y mujeres de los gastos y los
ingresos gubernamentales - dan pruebas de los efectos de la participación
de la mujer.
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