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Las Mujeres y la Desigualdad de Género
"El empoderamiento y la autonomía de la mujer y el mejoramiento de su
condición política, social, económica y sanitaria constituyen en sí un fin de
la mayor importancia. Además, son indispensables para lograr el desarrollo
sostenible. Es preciso que mujeres y hombres participen e intervengan por
igual en la vida productiva y reproductiva, incluida la división de responsabilidades
en cuanto a la crianza de los hijos y al mantenimiento del hogar"
- Conferencia Internacional sobre la Población y el
Desarrollo, 1994
"La igualdad entre hombres y mujeres es cuestión de derechos humanos
y una condición para la justicia social y también es un requisito necesario
y fundamental para lograr la igualdad, el desarrollo y la paz".
- Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, 1995
Han transcurrido siete años desde que la Cuarta Conferencia
Mundial sobre la Mujer señaló "la feminización de la pobreza" y los
países del mundo se comprometieron a adoptar medidas en pro de
la igualdad de género y el desarrollo social, como medio de contrarrestar
esa tendencia. Hay un amplio consenso oficial acerca de
que tanto las mujeres como los hombres tienen un interés activo
en el desarrollo económico y social y deberían participar en la
planificación y la aplicación de estrategias para la erradicación de
la pobreza.
A partir de la celebración de la Cumbre del Milenio en 2000, la
comunidad internacional y el sistema de las Naciones Unidas han
intensificado la preocupación por la eliminación de la pobreza,
pero son menos sistemáticas las medidas para eliminar la pobreza
de las mujeres.
El número de mujeres que viven en la pobreza es mayor que el
de hombres, y esta disparidad ha aumentado en el pasado decenio,
particularmente en los países en desarrollo. Se están ampliando las
disparidades de género en materia de salud
(véase el Capítulo 5) y de educación
(véase el Capítulo 7) entre los pobres y tales disparidades
son mayores en los países pobres que en los demás países, aun
cuando esta brecha se ha reducido en los últimos 30 años.
Las disparidades de género persisten debido a que las instituciones
sociales y jurídicas aún no garantizan la igualdad de la mujer
en materia de derechos jurídicos y derechos humanos básicos, ni en
el acceso a las tierras u otros recursos y el control de los mismos,
ni en el empleo y la remuneración, ni en la participación social y
política. Estas disparidades tienen graves consecuencias, no sólo
para las propias mujeres, sino también para sus familias y para la
sociedad en general.
En un estudio reciente se afirmó: "Aún no se han abordado los
prejuicios de género enraizados en las instituciones, los mercados y
los procesos económicos, prejuicios que son reforzados por algunas
políticas macroeconómicas y por ciertas estrategias de desarrollo.
En consecuencia, muchas mujeres quedan privadas de sus derechos
y carentes de todo poder" (1).
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