UNFPAEl Estado de la Poblacion Mundial 2002
Back to Main Menu
HOME: EL ESTADO DE LA POBLACIÓN MUNDIAL 2002: Macroeconomía, Pobreza, Población y Desarrollo
State of World Population
Sections
Panorama General
Caracterización de la Pobreza
Macroeconomía, Pobreza, Población y Desarrollo
Las Mujeres y la Deigualdad de Género
Salud y Pobreza
El VIH/Sida y la Pobreza
Pobreza y Educación
Población, Pobreza y Objetivos Mundiales de Desarrollo: El Camino Hacia Adelante
Notas
Fuentes Para los Recuadros
Indicadores
Gráficos y Cuadro

Macroeconomía, Pobreza, Población y Desarrollo

La Oportunidad Demografica
Declinación de la Fecundidad Crecimiento Económico
Mundialización y Pobreza

La Oportunidad Demografica

Hay sólidas pruebas, basadas en la experiencia y la investigación durante dos generaciones, de que existe un "efecto de población" sobre el crecimiento económico. Desde 1970, los países en desarrollo con menores tasas de fecundidad y de crecimiento de la población han registrado más alta productividad, mayores tasas de ahorro y más inversiones productivas: su crecimiento económico ha sido más rápido.

Han contribuido a ese efecto las inversiones en salud (inclusive en salud reproductiva), educación y reducción de la desigualdad de género. Dichas inversiones atacan la pobreza directamente: amplían los medios de acción de las personas, en especial de las mujeres; posibilitan efectuar opciones.

Cuando disponen de opciones reales, los pobres de países en desarrollo tienen familias más pequeñas que las de sus progenitores. Esta disminución de la fecundidad en "microescala" se traduce, al cabo de una generación, en potencial crecimiento económico a nivel de "macroescala", en forma de un numeroso grupo de personas en edad activa que mantienen a cantidades relativamente menores de dependientes, ancianos y niños.

Esta oportunidad demográfica se abre sólo una vez. Varios países del Asia oriental y algunos de otras regiones la han aprovechado. El efecto de la declinación de la fecundidad en el Brasil ha sido igual a un crecimiento económico anual del 0,7% del PIB per cápita (1). México y otros países de América Latina han registrado efectos similares.

Los países que han hecho caso omiso de ese beneficio potencial no han obtenido resultados tan buenos. No han hecho las necesarias inversiones directas en los pobres. Carecen de una administración pública eficaz y de la obligación social de rendir cuentas, que garantizan que parte de los beneficios del crecimiento económico lleguen directamente a los pobres y mitiguen la pobreza. La oportunidad demográfica se cerrará al cabo de una generación, a medida que las poblaciones vayan avanzando en edad, y con ese cierre se perderá una oportunidad histórica.

Transcurrirá mucho tiempo antes de que se abra la oportunidad demográfica para los países más pobres, pero lo que se haga ahora al respecto salvaguardará el futuro; y también protegerá el presente. El embarazo y el parto entrañan grandes riesgos para las mujeres pobres. Los numerosos hijos, y los hijos no planificados, imponen una pesada carga a esas mujeres. Las altas tasas de fecundidad contribuyen directamente a la pobreza al reducir las oportunidades de que dispone la mujer, diluir los gastos en la educación y la salud de los niños, impedir el ahorro y aumentar la vulnerabilidad y la inseguridad.

Además, los pobres sufren los efectos directos de sus grandes cantidades: menores salarios para grandes grupos de trabajadores no calificados, parcelas divididas entre mayor cantidad de herederos, aulas demasiado hacinadas para lograr adelantos educacionales. Las altas tasas de fecundidad significan que los pobres tienen menor capacidad para aprovechar las oportunidades de arrancarse a sí mismos de la pobreza.

La cuestión fundamental para líderes nacionales, legisladores, expertos en políticas y encargados de formular decisiones es si efectuar o no los necesarios cambios en las políticas y las prácticas durante el próximo decenio; y si la comunidad internacional hará o no los esfuerzos necesarios para ayudarlos a tener éxito. En caso positivo, las mujeres y los hombres gozarán de mejor salud y estarán mejor educados. Tendrán acceso, entre otras cosas, a una gama completa de información y servicios de salud reproductiva. La oportunidad demográfica se abrirá para la generación siguiente. La pobreza masiva podría transformarse en un recuerdo histórico y dejar de ser una amenaza para el futuro.La intuición nos indica que el rápido crecimiento de la población en los países pobres acrecienta la demanda de servicios, como los de atención de la salud y educación, con mayor rapidez que la del aumento de la capacidad para satisfacer esa demanda. Es igualmente obvio que es preciso que las economías crezcan a fin de reducir la pobreza. La experiencia ha profundizado y perfeccionado ambas percepciones y ha impartido algunas enseñanzas acerca de cómo quebrar el círculo vicioso del aumento de la demanda y los recursos sobrecargados.

Hay pruebas que ratifican la percepción de que familias numerosas y poblaciones en acelerado aumento frenan el desarrollo.

En primer lugar, en el hogar los niños tienen diversas necesidades, cada una de las cuales tiene un costo. Cuando hay gran cantidad de hijos, éstos compiten por obtener los limitados recursos de la familia: alimentos y ropa, salud y educación; y algunos hijos quedan rezagados. En las comunidades rurales, las tierras de cultivo son un recurso de magnitud fija. Al dividirlo con demasiada frecuencia, se van empobreciendo las sucesivas generaciones. Cuando no hay recursos para el desarrollo, también es preciso ir compartiendo entre crecientes cantidades de personas los suministros de combustible o de agua. En las comunidades urbanas, quienes carecen de educación sólo pueden encontrar trabajo de bajo nivel y mal remunerado y a veces no pueden encontrar ningún empleo. Los países, en su mayoría, oficialmente ven con malos ojos el trabajo infantil, aun cuando lo toleren en la práctica, pero dicho trabajo es social y políticamente cada vez más inaceptable desde la perspectiva de los derechos humanos.

En segundo lugar, a escala nacional, las cantidades de rápido aumento de trabajadores relativamente mal calificados reducen los niveles de los salarios y de los ahorros. El gasto en atención de la salud, educación y otros servicios para grandes cantidades de niños hace mermar aún más los ahorros. Dado que el crecimiento económico dimana de las inversiones, y que los recursos para efectuar inversiones proceden de los ahorros, un rápido crecimiento de la población es un freno, y no un en estímulo, para dicho crecmiento (2).

Las posibilidades de desarrollo mejoran en gran medida cuando se dispone de recursos externos para efectuar inversiones en salud y educación, apoyar las innovaciones y encontrar maneras de que las personas vayan ahorrando. Los países también necesitan generar y reorientar recursos nacionales hacia la salud y la educación.


COMPRENDER LA RELACIÓN TLos efectos del crecimiento de la población sobre el desarrollo económico se han debatido en esos términos durante varios decenios. A posteriori, podemos percatarnos de que muchas posiciones se basaban en preguntas mal encuadradas y en respuestas inadecuadas

Gran parte de la investigación se orientó a determinar si el crecimiento de la población restringía o promovía el crecimiento económico, o si no tenía efectos generales sobre éste. En otro debate se planteaba si el crecimiento económico era una condición previa o una consecuencia del más lento crecimiento demográfico.

En ambos casos, los argumentos se ceñían al crecimiento agregativo de la población y de la economía, pero las oportunidades de desarrollo económico y de mitigación de la pobreza no dependen sólo de esos factores agregativos. Los datos recogidos después de más de 40 años de cambios económicos y demográficos proporcionan nuevas percepciones sobre la manera en que se conforman las perspectivas de desarrollo (3).

En 1986, un estudio sobre las relaciones entre población y desarrollo efectuado por National Research Council (Consejo Nacional de Investigaciones) de los Estados Unidos llegó a la conclusión de que, pese a sus importantes efectos en el plano de los hogares, el crecimiento de la población no tenía efectos sobre el crecimiento económico general (4).

Con esto parecería que se hubiera zanjado la antigua polémica. Pero el mencionado estudio no contó con todas las pruebas. Utilizó datos de los decenios de 1960 y 1970, cuando muchos países estaban en etapas relativamente tempranas de la "transición demográfica" desde altas hacia bajas tasas de natalidad y mortalidad, y cuando la planificación centralizada impedía que algunos países aprovecharan al máximo los factores cada vez más favorables de la dinámica de población. Además, este estudio también se basó en análisis del crecimiento agregativo, en lo tocante tanto a la población como al desarrollo económico.

MEJORES DATOS, MEJORES HIPÓTESIS INICIALES En el decenio de 1990, los círculos científicos comenzaron a considerar nuevamente esta cuestión. A la sazón era posible utilizar datos correspondientes a períodos más largos, durante los cuales la transición demográfica había progresado en muchos países. Esta vez, la conclusión fue diferente y, lo que es más importante, los investigadores reconocieron que la transición demográfica se reflejaba en cambios de las estructuras de edades de las poblaciones - a medida que aumentaba la esperanza de vida y disminuía la fecundidad - y no sólo en la disminución de las tasas de crecimiento demográfico agregativas.

8 HIPÓTESIS DEMOGRÁFICAS FUTURAS

La situación demográfica mundial y las implicaciones para el futuro ofrecen un panorama cada vez más diversificado. En las regiones en desarrollo, la fecundidad se ha reducido a la mitad (desde 6 hasta 2,9 hijos por mujer), en comparación con 1960. La prevalencia del uso de anticonceptivos ha aumentado desde el 10% hasta el 62% de las mujeres y la esperanza de vida se ha acrecentado desde 48 hasta 64 años. En los países menos adelantados, la fecundidad ha disminuido sólo hasta 5,2 hijos por mujer, en comparación con 6,6, y la esperanza de vida aumentó hasta sólo algo más de 50 años, desde unos 39 años.

Las proyecciones no son pronósticos: dependen de las hipótesis iniciales acerca de la fecundidad, la mortalidad y la migración; y esas hipótesis se ajustan al cambiar las circunstancias.

Las proyecciones de la División de Población de las Naciones Unidas han sido notablemente acertadas, incluso a lo largo de períodos relativamente prolongados. Según esas proyecciones, la población mundial aumentaría hasta 9.300 millones de personas hacia 2050. Refutando las sugerencias de una "escasez de nacimientos" en todo el mundo, las regiones menos adelantadas habrán agregado hacia 2050 3.200 millones de personas (pues pasarán de 4.900 millones a 8.100 millones): cantidades iguales a las que se agregaron entre 1950 (cuando había solamente 1.700 millones de personas) y 2000.

En 2001 y 2002, la División de Población propició varios debates de expertos sobre cambios en la fecundidad y la mortalidad y los futuros demográficos que estos cambios entrañan. Se plantearon dos hipótesis diferentes: la primera, para países donde la fecundidad ya es baja y la segunda para países donde persisten las altas tasas de fecundidad. Los expertos indicaron que las proyecciones anteriores de declinación de las altas tasas de fecundidad tal vez hayan sido excesivamente optimistas.

En una tercera consulta se consideraron los países con fecundidad intermedia (entre 2 y 5 hijos por mujer) y se llegó a la conclusión de que esos países podrían estabilizarse a un nivel ligeramente inferior al de reemplazo, de 2,1 hijos por mujer. Los expertos también reconocieron que la fecundidad suele disminuir muy gradualmente. Propusieron evaluar y actualizar periódicamente las perspectivas de cada país.

En las consultas se destacó que la futura declinación en la fecundidad depende de prevenir la fecundidad no deseada y efectuar continuas inversiones a fin de fortalecer los servicios de planificación de la familia y salud reproductiva. Fuentes


APROVECHAMIENTO DE LA OPORTUNIDAD La transición desde altas hacia bajas tasas de mortalidad y de fecundidad puede crear un "dividendo demográfico" para los países. La mortalidad declina en primer término y le sigue la fecundidad. Lo que ocurre a medida que las tasas de fecundidad van declinando es que va aumentando la población en edad activa en comparación con los dependientes de menor y mayor edad. Esto crea por única vez una oportunidad de crecimiento que puede plasmarse si países han efectuado las inversiones apropiadas, no sólo en los servicios de planificación de la familia, sino también en los de salud y educación en general, prestando especial atención a las necesidades de las niñas y las mujeres y a las oportunidades de empleo para la nueva y mejor calificada fuerza laboral. Esos ajustes son posibles cuando el sistema de administración pública se adapta y responde a las necesidades.

Esa combinación se dio en los "tigres asiáticos" de los decenios de 1980 y 1990: mientras la proporción de sus poblaciones en edad activa (15 a 60 años de edad (5)) comenzó a aumentar recién a mediados del decenio de 1970, el ritmo del cambio fue extremadamente rápido hasta comienzos del decenio de 1990. Esos países efectuaron ajustes de las inversiones en salud y educación para apoyar el proceso de desarrollo desde un principio y también crear un marco para mercados más abiertos y mayor participación social (6). El crecimiento relativo de las poblaciones en edad activa continuará en esos países durante otro decenio, aun cuando no tan rápidamente como en el pasado.

Esta es una oportunidad que se da por única vez, una oportunidad demográfica que se abre a medida que van disminuyendo las cantidades de hijos de más corta edad debido a las menores tasas de fecundidad, y se cierra cuando comienza a crecer rápidamente la proporción de personas de más edad.

PATRONES REGIONALES Muchos países están ingresando en el período de transición. El Asia meridional llegará al máximo en su proporción de personas en edad activa en comparación con personas dependientes entre 2015 y 2025 (aun cuando con considerables variaciones entre los países). En América Latina y el Caribe, el aumento relativo de las poblaciones en edad activa comenzó al menos cinco años antes que en el Asia oriental, pero el cambio proporcional ha sido menos pronunciado, lo que refleja las amplias disparidades dentro de cada uno de los países y en la región. Los grupos en mejor posición económica han llevado a término la transición demográfica hacia menores tasas de fecundidad y mortalidad, pero los grupos más pobres siguen rezagados. La máxima proporción de personas en edad activa se alcanzará en el período de 2020 a 2030, pero con menor rapidez y a un nivel más bajo que en el Asia oriental.Los países del África septentrional, el Asia occidental y el Asia central están en diversas etapas de la transición demográfica(7). Algunos se aproximarán a su oportunidad demográfica dentro de 20 años, mientras que para otros esta oportunidad distará más de una generación en el futuro. Esos países tienen la posibilidad de establecer dentro de una generación los marcos para la aceleración del cambio social y el crecimiento económico.

La oportunidad demográfica en Oceanía es más estrecha. La tasa de fecundidad nunca fue tan alta como la del Asia oriental, ni disminuyó tan velozmente. No obstante, son aplicables en parte las mismas consideraciones.

En África al sur del Sahara, la mediana de edades de la población de toda la región es sólo de 17,6 años, es decir, la mitad de la población es más joven. Al mismo tiempo, la proporción de personas activas, entre 15 y 60 años de edad (50,9%) es inferior a la registrada en 1950 (52,5%). La pobreza impone graves desventajas: severas limitaciones en los recursos, subdesarrollo de la infraestructura de salud, inestabilidad social, alto monto de la deuda, débil administración pública y proliferación de la pandemia del VIH/SIDA. No obstante, va en aumento el número de países que están comenzando su transición demográfica. La persistencia del progreso dependerá de la disponibilidad de servicios de salud reproductiva, incluidos los de planificación de la familia.

De los 46 países del África al sur del Sahara, sólo en seis la mediana de edades llega a 20 años (en las regiones más desarrolladas, la mediana de edades es actualmente de unos 36 años). Hacia 2050, la mediana de edades en la región llegará a 26,4 años, inferior a la existente hace 100 años en las regiones más desarrolladas. La población en edad activa aumentará hasta 62,2% hacia 2050. Según las proyecciones, sólo en 11 países la proporción de personas en edad activa llegará a su máximo antes de 2050 (y de esos 11 países, en ocho, entre 2040 y 2050).

PERSPECTIVAS FUTURAS Incluso después del horizonte a 15 años de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, las tendencias de población afectarán las posibilidades de un ataque sostenido contra la pobreza. El impulso demográfico y los altos niveles de fecundidad no deseada amenazan los adelantos económicos ya logrados. La desigualdad de género reinante por doquier podría frustrar el logro de la meta del acceso universal a los servicios de salud reproductiva.

La pandemia de VIH/SIDA menoscaba más las posibilidades de que muchos de los países más pobres puedan consolidar sus adelantos y abrir la "oportunidad demográfica". El aumento de la proporción de personas en edad activa, en comparación con las poblaciones de dependientes más jóvenes, queda malogrado por el rápido aumento en el número de defunciones de adultos. Esa enfermedad causa efectos devastadores en el presente y escamotea el futuro.

GASTAR EL DIVIDENDO La "oportunidad demográfica" se da por única vez y durante un tiempo limitado. Los países industrializados, en su mayoría, ya han establecido una pauta de aumento gradual de la esperanza de vida y persistencia de tasas de fecundidad inferiores a las de reemplazo. En esos países, la posibilidad inminente de disminución de la población y rápido aumento en los grupos de mayor edad ya está estimulando un intenso debate que no se limita a las cuestiones demográficas, sino que abarca las relaciones de raza, las políticas de bienestar social y las relaciones conyugales en las familias que tienen doble ingreso (8).

Algunos observadores sugieren que parte de la solución reside en la inmigración, cosa que inmediatamente despierta reacciones emocionales acerca de la identidad nacional y las tensiones sociales entre grupos "étnicamente diferentes". Otros plantean interrogantes acerca de la financiación de las pensiones en la ancianidad y la atención de la salud de las personas de edad muy avanzada, pero suelen subestimar la diversidad de los posibles ajustes y reformas o el tiempo disponible para introducirlos (9).

Los cambios en las proporciones de ancianos tal vez tengan menos efectos económicos que las fluctuaciones en los grupos más jóvenes (10). No puede suponerse que los ancianos (excepto los "ancianos de edad muy avanzada") son dependientes y representan una carga sobre la economía. La continuación de la actividad económica entre los ancianos, los ahorros personales, el apoyo de la familia y los programas públicos pueden combinarse para establecer nuevos mercados y cambiar la demanda de bienes y servicios. También pueden suplementar los ajustes en los sistemas de pensiones y de salud.

En síntesis, el efecto sobre el crecimiento económico puede ser positivo(11). Pero tanto los países en desarrollo como los países industrializados necesitan comprender cómo operan los cambios demográficos a largo plazo; deben basar sus políticas en expectativas racionales y no en respuestas emocionales.



 Back to top PreviousNext 
      |      Main Menu      |      Press Kit      |      Charts & Graphs      |      Indicators   |