UNFPAEl Estado de la Poblacion Mundial 2002
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HOME: EL ESTADO DE LA POBLACIÓN MUNDIAL 2002: Panorama General
State of World Population
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Caracterización de la Pobreza
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Población, Pobreza y Objetivos Mundiales de Desarrollo: El Camino Hacia Adelante
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Panoram general

Introducción
La Población, el Desarrollo y los Objetivos de Desarrollo del Milenio
Otras Cuestiones Fundamentales
Cómo Alcannzar los Objetivos de Erradicación de la Pobreza

Otras Cuestiones Fundamentales

POBREZA Y GÉNERO Las mujeres están desproporcionadamente representadas entre los pobres. Las mujeres pobres, en su mayoría, viven en un hogar cuyo jefe es un hombre, pero algunas de las mujeres más pobres están en un hogar cuyo jefe es una mujer; un creciente número de éstas son viudas.

Al reducir la "brecha de género" en cuestiones de salud y educación se reduce la pobreza individual y se alienta el crecimiento económico. Los efectos son mayores en los países más pobres. El crecimiento económico y el aumento de los ingresos reducen la desigualdad de género pero no quiebran todas las barreras que se oponen a la participación social y el desarrollo de la mujer: es preciso realizar acciones específicos para detectar y eliminar el prejuicio de género, sobre la base de los principios de derechos humanos.

El efecto más obvio del prejuicio de género es la violencia sexual, dentro y fuera del hogar. Una de cada tres mujeres padecerá actos de violencia en algún momento de su vida (8).

El prejuicio de género en la esfera económica tal vez sea difícil de detectar, pero sus resultados son reales y tangibles. Por ejemplo, el prejuicio de género puede obstaculizar acciones como mejorar el abastecimiento de agua y el suministro de energía, con lo que se reduciría el tiempo que deben dedicar las mujeres a recoger agua y combustible para cocinar. Las mujeres aprovechan el tiempo ahorrado para obtener ingresos adicionales y participar en asuntos de la comunidad.

A medida que van aumentando los ingresos, las familias pobres aumentan su gasto en la educación de los hijos, la atención de la salud y la nutrición y esto, en general, beneficia más a las niñas que a los niños varones. Los efectos se acumulan a lo largo de las generaciones, a medida que las madres educadas van efectuando mayores inversiones en la educación de sus hijas.

Los programas especiales de información y servicios pueden tener efectos mayores sobre las mujeres pobres, debido a que las personas en posición más desahogada ya tienen diversos medios de obtener esa información y esos servicios. Estudios realizados en Bangladesh comprobaron que la participación en programas que combinan la salud maternoinfantil con la mitigación de la pobreza producen mayores reducciones en la mortalidad de niños, en particular de niñas, en los grupos más pobres, en comparación con los más ricos. Al combinar ambos tipos de actividades mejoró su eficacia (9).

DIFERENCIAS DE GÉNERO EN EL USO DE RECURSOS Las mujeres realizan muy diversos tipos de trabajo, remunerados y no remunerados, en el hogar y fuera de éste. Gran parte de ese trabajo no se registra en los sistemas de contabilidad nacional. Tal invisibilidad se traduce en incapacidad: lo que los países no computan, tampoco lo apoyan.

La medición de la desigualdad de género no es fácil. Pero, sea cual fuere el patrón de medida utilizado, las mujeres sumidas en la pobreza tienen recursos muy inferiores a los de sus homólogos masculinos y mucho menos control de los recursos compartidos. Restaurar el equilibrio dependerá en parte de que las mujeres y los hombres puedan entablar alianzas para aumentar sus recursos compartidos. Una parte importante de las alianzas será compartir decisiones bien fundamentadas acerca de cuestiones sexuales, de reproducción, de responsabilidades en la familia y de crianza de los hijos, especialmente de las niñas.

Las mujeres pobres viven atrapadas por la pobreza, pero no están inactivas. Deben trabajar duramente sólo para sobrevivir. La capacidad de esas mujeres está reducida por el analfabetismo, la mala salud y la malnutrición. Con la poca energía que les queda, tratan de aprovechar todas las oportunidades que se les ofrecen para escapar de la pobreza.

Los obstáculos con que tropiezan en sus esfuerzos por abrirse paso son externos y suelen estar institucionalizados. Las prácticas tradicionales no dan lugar a la movilidad social. Los papeles de género son prescritos y rígidos. Quienes consideran que el cambio amenaza sus intereses, entre ellos individuos o grupos que detentan el poder en la sociedad tradicional, suelen oponerse a las iniciativas de empoderar a las mujeres pobres.

El cambio puede crear oportunidades para la mujer. Las nuevas oportunidades de empleo a consecuencia del desarrollo, por ejemplo en fábricas de textiles o talleres de montaje de artículos electrónicos, suelen beneficiar a las mujeres y no a los hombres. Esto puede fortalecer la posición de las mujeres dentro de la familia y su posibilidad de participar en la adopción de decisiones familiares, pero los hombres que se sienten amenazados por la nueva capacidad de sus compañeras tal vez respondan con actos de violencia.

El ámbito urbano es más flexible y ofrece más oportunidades, pero acarrea sus propios costos y obstáculos para las mujeres pobres. Al eliminar las barreras tradicionales se abren oportunidades, pero también se abre la posibilidad de explotación económica y sexual. La tradicional familia ampliada protege hasta cierto punto a la mujer, pero al mismo tiempo la inhibe. En un ámbito urbano, tal vez desaparezcan tanto la protección como las inhibiciones.

Cuando se reduce la desigualdad de género es posible acelerar el crecimiento económico y lograr poderosos efectos sobre la pobreza. Al comparar el Asia oriental y el Asia meridional entre 1960 y 1992, se percibe que el Asia meridional comenzó con mayores discrepancias de género en salud y educación y las subsanó más lentamente. Si las discrepancias de género se hubieran subsanado con la misma velocidad en ambas subregiones, el Asia meridional habría acrecentado entre 0,7% y 1,0% el crecimiento anual real per cápita de su PIB (10).

Las cuestiones de género se consideran en el . Capítulo 4.

3 LAS VIUDAS Y LOS ANCIANOS POBRES

En los próximos decenios, a medida que vaya aumentando la esperanza de vida, se prevé que centenares de millones de mujeres entrarán en la viudez y esto tendrá importantes repercusiones sobre la provisión de servicios de seguridad social, salud y vivienda.

En los países más ricos, los ancianos que viven solos tienen más probabilidades que otras grupos de estar en el decil inferior de la distribución de ingresos y la mayoría de los ancianos que viven solos son mujeres. En Australia, Chile y los Estados Unidos, las ancianas tienen más probabilidades que los ancianos varones de reunir los requisitos necesarios para recibir asistencia social debido a su falta de medios económicos.

Cuando se consideran las economías de escala, las viudas que viven solas o con hijos solteros y las jefas de hogar (todas las cuales tienden a vivir en hogares relativamente pequeños) tienen mayores probabilidades de ser pobres. En algunos países africanos y asiáticos, las viudas que no tienen hijos varones adultos son especialmente vulnerables.

Se piensa, por lo común, que las viudas son personas de edad avanzada. Pero en muchos países es frecuente que las viudas sean jóvenes, debido a la más breve esperanza de vida de los hombres y a la gran diferencia de edades entre los cónyuges. Las guerras tienden a cobrarse las vidas de hombres en la flor de la edad. El VIH/SIDA acrecienta el riesgo de que muchas mujeres jóvenes queden viudas.

Las viudas ya constituyen una gran parte de la población mundial de personas de edad. Hacia mediados del decenio de 1990, más de la mitad de todas las mujeres mayores de 65 años en Asia y África eran viudas, mientras sólo entre un 10% y un 20% de los hombres eran viudos.

Según las proyecciones, en los próximos 50 años se triplicará con creces el número de personas de 60 y más años, desde 593 millones hasta 1.970 millones y esto acrecentará la proporción de ancianos en la población, desde 10% hasta 22%.Fuentes

ADAPTACIÓN AL CAMBIO: SALUD Y EDUCACIÓN Las disposiciones y prácticas sociales reflejan las realidades económicas. Gran parte de la actual tensión y malestar social en los países en desarrollo refleja la lucha por adaptarse al cambio económico. En esta lucha, los pobres suelen estar constreñidos por la tradición, pues carecen de facultades para efectuar otras opciones.

Aun cuando todas las sociedades asignan gran valor a la salud y a la educación como bienes privados, tienden a valorarlas menos en calidad de bienes públicos. Tal vez la situación esté cambiando; si la salud y la educación, así como otros medios de empoderar a los pobres para que escapen de la pobreza, se consideran cuestión de seguridad nacional, tal vez se les asigne más prioridad en su carácter de bienes públicos.

Proporcionar servicios universales de alta calidad de educación y salud a una población de gran magnitud y a un costo que todos puedan sufragar es un reto para todas las sociedades. Los países que tienen una base impositiva pequeña, escasez de conocimientos prácticos de importancia vital y una administración sobrecargada deben vencer graves dificultades para poder adelantar. El relativo éxito de muchos países en desarrollo en cuanto a prolongar la esperanza de vida y reducir el analfabetismo trasunta su compromiso al respecto.


POBREZA Y SALUD La pobreza se cobra vidas. En los países menos adelantados, la esperanza de vida al nacer es inferior a 50 años, en comparación con 77 años en los países más ricos. Los pobres están más expuestos a los riesgos de salud que entraña el medio ambiente y al contagio, resultante de viviendas inadecuadas y hacinadas, carentes de servicios sanitarios o de agua no contaminada, a menudo ubicadas en zonas insalubres, tanto urbanas como rurales. Los muy pobres padecen hambre a diario. La malnutrición de la gente la predispone a una salud endeble y contribuye a las altas tasas de mortalidad derivada de la maternidad entre los muy pobres. Los embarazos no deseados sobrecargan todavía más la salud de la mujer. Las infecciones y lesiones asociadas con el embarazo y el parto reducen la productividad de la mujer y menoscaban la calidad de su vida.

Los pobres consideran que la pobreza lleva aparejada la mala salud. La mala salud agrava la pobreza. Con gran frecuencia, las personas que han caído recientemente en la pobreza dicen que una causa de ello es la mala salud (11). Los pobres tienen menor acceso a los servicios de salud que quienes están en mejor posición económica y tienen menos probabilidades de acudir en busca de atención médica cuando la necesitan. Los pobres a menudo no utilizan los servicios existentes, debido a su baja calidad. Incluso en sistemas de salud financiados con cargo a recursos públicos, la mayor parte de los recursos benefician a quienes están en mejor posición económica.

La mala salud retrasa el crecimiento económico. Dentro de los próximos dos decenios, las pérdidas de productividad en países en desarrollo debidas a la mala salud podrían ascender a unos 360.000 millones de dólares anuales (12).

LA MUJER Y LA SALUD REPRODUCTIVA Gran parte de la carga de enfermedades, especialmente cuando se trata de mujeres en edad de procrear, se relaciona con las relaciones sexuales y la reproducción: en los países en desarrollo considerados en su conjunto es más del 20% y en África al sur del Sahara, 40% (13).

Las mujeres sumidas en la pobreza también están asediadas por preocupaciones con respecto a la salud reproductiva. En especial, las mujeres jóvenes conocen poco acerca de la planificación de la familia y no creen que sea una opción a su alcance. Todas las presiones actúan en sentido contrario. Hay un fuerte prejuicio que favorece el matrimonio y la procreación precoces entre los jóvenes, debido a que se supone que los hijos y la familia contribuyen al bienestar. Las ideas de que familias más pequeñas, más saludables y mejor educadas también contribuyen al bienestar - y que hay opciones entre las cuales escoger - aparecen más tarde en la vida; para muchas mujeres, demasiado tarde.

Las relaciones sexuales y la reproducción son temas delicados en cualquier sociedad; es particularmente difícil entablar el diálogo acerca de la anticoncepción para los jóvenes, y mucho más para los jóvenes solteros, como una opción junto con la abstinencia. No obstante, es esencial ventilar las ideas: el embarazo no deseado en la adolescencia es un problema creciente en muchos países en desarrollo y la mitad de todos los nuevos contagios con el VIH ocurren entre personas de 15 a 24 años de edad.

El matrimonio precoz no protege la salud de las jóvenes: un embarazo antes de cumplir 18 años entraña muchos más riesgos para esa niña que para una mujer mayor de 20 años. Las madres adolescentes son más vulnerables a lesiones como la fístula obstétrica, que si no es reparada malogrará el resto de sus vidas. Las parejas masculinas de las mujeres jóvenes tienden a ser mayores, tener más experiencia sexual y mayores probabilidades de estar contagiados con el VIH. Las adolescentes, casadas o solteras, tienen más probabilidades de tener reacción serológica positiva al VIH que los varones de la misma edad.

BRECHA ENTRE RICOS Y POBRES EN SALUD REPRODUCTIVA Hay diferencias en muchas esferas de la vida entre ricos y pobres; pero las mayores diferencias se acusan en materia de salud. Las discrepancias de salud entre ricos y pobres son por lo general mayores en los países más pobres que en los más ricos, pero esto no necesariamente debe ser así. Los países que diseñan su sistema de salud de modo de promover la igualdad pueden lograr un menor margen de diferencia, sea cual fuere su nivel de ingresos.

Una de las diferencias reside en que las personas en mejor posición económica conocen los sistemas sanitarios y pueden usarlos, tanto los servicios de salud en general como los de salud reproductiva y salud maternoinfantil en particular. Un estudio realizado en 44 países en desarrollo mostró que la fecundidad es mayor entre los más pobres y va disminuyendo paulatinamente a medida que los grupos tienen mayores ingresos (14). Los que están en posición más acomodada tienen menos cantidad de hijos que los pobres y además, tienen sólo los hijos que quieren tener. Las mujeres pobres aspiran a tener más hijos que las personas acomodadas, pero tienen muchos más que los que querrían tener.

Un embarazo no deseado puede costar la vida de una mujer; en los países más pobres, las mujeres más pobres enfrentan un riesgo de muerte a consecuencia del embarazo que es hasta 600 veces superior al que corren sus homólogas en mejor posición económica. Cada año, más de medio millón de mujeres pierden la vida por causas relacionadas con el embarazo y el parto y casi todas ellas están en países en desarrollo. Cantidades muy superiores de mujeres padecen enfermedades o lesiones por las mismas causas.

Las mujeres pobres en países pobres necesitan desesperadamente atención prenatal y servicios para el parto sin riesgo, inclusive atención obstétrica de emergencia. También necesitan información sobre planificación de la familia y servicios para reducir el número de embarazos no deseados y evitar el aborto, que a menudo es ilegal y se realiza en malas condiciones.

Para los jóvenes, el matrimonio precoz, la presión social y la renuencia gubernamental a gastar fondos públicos para proteger su salud reproductiva, aumentan los peligros de ser joven y pobre. En América Latina, por ejemplo, en las familias más pobres las adolescentes de 15 a 19 años tienen probabilidades entre cuatro y diez veces superiores de haber tenido ya un hijo que las jóvenes de los hogares más pudientes.

LA REFORMA DEL SECTOR DE SALUD DEBERÍA APOYAR LA SALUD REPRODUCTIVA La reforma del sector de salud tiene el propósito de mejorar el alcance y la calidad de los servicios, pero la salud depende de más factores que los servicios de salud. La reforma será realmente eficaz sólo si al mismo tiempo se reforman otros sectores, en especial la educación, las relaciones de género y la calidad general de la administración pública, inclusive la obtención de mayores recursos y el mejor aprovechamiento de los recursos disponibles.

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