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Panorama General
Atacar la pobreza directamente - como cuestión de derechos humanos,
a fin de acelerar el desarrollo y reducir la desigualdad dentro
de un mismo país y entre distintos países - ha pasado a ser una
urgente prioridad mundial. Los líderes mundiales han convenido
en diversas nuevas iniciativas, entre ellas los Objetivos de
Desarrollo del Milenio (MDG) de las Naciones Unidas. Este año,
el informe El Estado de la Población Mundial contribuye al debate y
orienta las acciones.
El número de personas (3.000 millones) que viven con 2 dólares
al día, o menos1 (1) es igual a la suma de todas las personas agregadas a
la población mundial a partir de 1960. Obviamente, no hay entre
ambas cantidades una relación directa, pero cuando se debate la
pobreza y la manera de eliminarla, no es posible dejar de lado la
cuestión de la población.
- Las tasas de fecundidad y de crecimiento de la población son más
altas en los países más pobres. Muy probablemente, los países
menos adelantados triplicarán su población hacia 2050, pues
pasarán de 600 millones en 1995 a 1.800 millones. (2).
- Las estructuras de edades de la población tienen efectos sobre
el desarrollo: una alta proporción de familiares a cargo menores
de edad frena el crecimiento económico.
- El crecimiento urbano es más acelerado cuando las poblaciones
son pobres. Muchos de los nuevos migrantes urbanos son muy
pobres y llegan a las ciudades impulsados por el deterioro del
medio ambiente, las penurias o la esperanza de mejorar su
situación económica.
Con frecuencia, el desarrollo ha dejado de lado a las personas
más pobres e incluso ha agravado las desventajas que ellas padecen.
Los pobres necesitan acciones directas que los incorporen en el
proceso de desarrollo y creen las condiciones para que puedan
escapar de la pobreza.
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INCERTIDUMBRE ECONÓMICA |
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La situación económica
mundial plantea retos al progreso hacia los Objetivos de
Desarrollo del Milenio. En términos generales, en el decenio de
1990 el producto interno bruto (PIB) per cápita de los países
en desarrollo aumentó a razón de 1,6% anual, pero esos exiguos
adelantos se distribuyeron de manera desigual. En el
decenio de 1990, el aumento del PIB per cápita en los países
más pobres fue más lento que en el decenio anterior.
Los países con ingresos medianos-bajos también tuvieron
en el decenio de 1990 un desempeño económico inferior al del
decenio anterior. En los países en transición y las economías en
desarrollo de Europa y Asia central, en realidad, la situación
económica declinó en el decenio de 1990. El aumento del PIB
per cápita en los países de bajos ingresos en esta región fue en
1999-2000 de 2,2% anual. Se registraron tasas regionales
similares en América Latina y el Caribe, el Asia meridional, el
Oriente Medio y el África septentrional. En los países de África
al sur del Sahara el rendimiento económico per cápita sólo
aumentó en 0,6%. Si bien en el decenio de 1990 disminuyó en
general la extrema pobreza de ingreso, gran parte de esa disminución
se debió a los progresos logrados en unos pocos
países asiáticos.
Este nuevo decenio comenzó con una incertidumbre aún
mayor. Las recientes reducciones mundiales en el intercambio
comercial, la contracción económica generalizada y las nuevas
crisis bancarias y financieras, como las que están afectando al
Brasil y la Argentina, plantean retos al crecimiento económico.
El crecimiento económico no basta por sí mismo para asegurar
el progreso hacia los Objetivos de Desarrollo del Milenio.
Es preciso que cualquier adelanto logrado se encauce hacia la
reducción de la pobreza. Fuentes
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Ya en 1994, los países del mundo convinieron en que la labor
en materia de población y desarrollo es fundamental para aquellos
propósitos. La Conferencia Internacional sobre la Población y el
Desarrollo (CIPD), celebrada en 1994, abordó las cuestiones de población
y salud reproductiva dentro de un amplio marco de desarrollo,
destacando la necesidad de incorporar diversos temas de población
- entre ellos, crecimiento, ubicación, estructura de edades, desplazamientos
y dinámica en evolución - al abordar las cuestiones del
desarrollo sostenible. La CIPD aprobó importantes objetivos, entre
ellos, mejorar la salud reproductiva y lograr la educación universal
y la igualdad de género, todo ello dentro del marco de los derechos
humanos (3). La labor hacia esas metas se acopla sin solución de continuidad
con los Objetivos de Desarrollo del Milenio y refuerza el
progreso hacia éstos.
La labor para alcanzar los objetivos de población contribuye a reducir
la pobreza de diversas maneras; dos de las más importantes son:
- El crecimiento más lento de la población ha favorecido el crecimiento
económico general en países en desarrollo(4).
A partir de 1970, los países en desarrollo donde las tasas de fecundidad y de
crecimiento demográfico son más bajas han registrado mayor
productividad, más alto nivel de ahorro y mayor cantidad de
inversiones productivas. Los ingresos, medición habitual de la
pobreza, han aumentado en todos los sectores sociales.
- El nivel de ingresos en sí mismo no refleja cabalmente la situación.
Los países en desarrollo que han obtenido mejores resultados
también han hecho inversiones en servicios para la atención
universal de la salud, incluidos los de salud reproductiva, y en
educación. Han avanzado en cuanto a reducir la desigualdad de
género y eliminar los obstáculos que se oponen a la participación
de la mujer en la sociedad en general. Esas inversiones sociales
promueven los derechos humanos, mejoran el bienestar de las
personas, contribuyen a acortar las distancias entre los pobres y
los que están en situación más desahogada y reducen las desventajas
a que están sometidos los pobres. Los propios pobres miden
la calidad de sus vidas según esos criterios.
En el Capítulo 2 se consideran diferentes maneras de describir
y medir la pobreza.
LA OPORTUNIDAD DEMOGRÁFICA Las inversiones sociales contribuyen
a la conquista de la meta de un crecimiento más lento de
la población. Mejorar la atención de la salud, la educación y las
oportunidades de que disponen las mujeres es una cuestión de
derechos humanos; empodera a las mujeres y también redunda, en
general, en familias más pequeñas. Al cabo de una generación, esta
reducción de las tasas de fecundidad crea una oportunidad demográfica,
un período durante el cual un grupo grande de personas en
edad activa mantiene a relativamente pocos familiares a cargo,
ancianos y niños . Esta oportunidad demográfica sin par debería ser
aprovechada por los países para efectuar inversiones en el crecimiento
económico. Dicha oportunidad se crea por única vez y no
por mucho tiempo. Al cabo de la generación siguiente se habrá
cerrado nuevamente, a medida que, nuevamente, las poblaciones
vayan envejeciendo y vaya aumentando el número de familiares
a cargo.
El aprovechamiento de la oportunidad demográfica ha aportado
un tercio del crecimiento económico anual de los "tigres" del Asia
oriental. México, el Brasil y algunos otros países también han aprovechado
su oportunidad demográfica, pero otros no lo han hecho.
Los países más pobres todavía distan mucho de abrir esa oportunidad
demográfica, pero las inversiones que realicen ahora salvaguardarán
el futuro; y también protegerán el presente. Salvarán vidas de
mujeres y protegerán a sus familias; facultarán a las mujeres para
que asuman el control de sus propias vidas.
Las pruebas recogidas también sugieren que las ventajas económicas
de una tasa de fecundidad que va decreciendo cambian la
distribución de la riqueza en beneficio de los pobres.
En el Capítulo 3 se consideran los efectos a macroescala de la
población sobre el desarrollo.
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