Las mujeres necesitan apoyo para quebrar el círculo vicioso de degradación
del medio ambiente, pobreza, mala salud y alta fecundidad

Las regiones más pobres del mundo enfrentan un doble reto: persistencia del crecimiento de la población y escasez potencialmente grave de agua y alimentos. Ésta es una de las comprobaciones presentadas en el informe El Estado de la Población Mundial 2001, en el que se recomienda brindar a las mujeres de los países en desarrollo un apoyo mucho mayor para ayudarlas a proteger los recursos naturales de los que dependen en gran medida y a mejorar su salud y su educación, lo cual redundará en familias más pequeñas y saludables.

La población mundial se ha duplicado después de 1960 para llegar a 6.100 millones de personas y sigue aumentando a razón de unos 77 millones de personas por año. Casi todo este aumento está ocurriendo en los países en desarrollo y gran parte de él, en las regiones más pobres. La mitad del aumento se produce en seis países: India, China, Pakistán, Nigeria, Bangladesh e Indonesia.

Si bien después de 1969 se ha reducido a la mitad la tasa de fecundidad en los países en desarrollo considerados en su conjunto, dicha tasa sigue siendo muy alta en las zonas más pobres y entre las personas más pobres de esos países. Las zonas más pobres figuran también entre las más gravemente amenazadas por la degradación de los suelos y del agua y las más gravemente afectadas por déficit alimentarios. Según el informe preparado por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (FNUAP), entre los principales factores causantes de esa situación figuran la falta de servicios de salud, educación y de otra índole.

Si bien las mujeres constituyen la mitad de la mano de obra agrícola, tienen escaso control sobre las tierras que cultivan y el agua que utilizan. En África, las mujeres producen la mayoría de los cultivos básicos; en el Asia sudoriental, las mujeres constituyen el 90% de la mano de obra que cultiva arroz. Pero las leyes nacionales y las costumbres locales suelen denegar a las mujeres el derecho al título de propiedad de la tierra o a heredar tierras y esto significa que no pueden ofrecer garantías para obtener créditos y mejorar su condición.

Debido a la pobreza, a la precariedad en la tenencia de la tierra y a la falta de apoyo de expertos, las mujeres no tienen alicientes para efectuar inversiones en nuevas tecnologías o prácticas más sostenibles, como la rotación de cultivos, los períodos de tierras en barbecho o la reforestación. Según el informe, esas situaciones alientan la tala de bosques para obtener leña e ingresos a corto plazo y los cultivos comerciales de acelerado crecimiento como el algodón, que agota rápidamente las tierras.

En efecto, muchas mujeres están atrapadas en una espiral viciosa de degradación medioambiental, pobreza, altas tasas de fecundidad, mala salud y limitadas oportunidades. El medio ambiente degradado no sólo amenaza la salud de la mujer, en especial la salud reproductiva que es extremadamente sensible a la contaminación, sino que también aumenta el tiempo que las mujeres deben dedicar a recoger agua y combustibles y producir alimentos.

En el informe se afirma que las mujeres necesitan apoyo jurídico y social para tener acceso a la propiedad y la tenencia de la tierra y para poder heredarla, así como para aumentar su acceso al crédito y a los servicios agrícolas y de ordenamiento de los recursos naturales.

Asimismo, las mujeres necesitan un mejor acceso a los servicios de salud reproductiva y la información al respecto, incluida la planificación voluntaria de la familia. Debido a la insuficiente financiación de esos programas, en muchos países en desarrollo aumentan las tasas de fecundidad y de mortalidad derivada de la maternidad. Actualmente, los servicios disponibles ni siquiera pueden satisfacer las necesidades existentes en materia de planificación de la familia; según se prevé, esas necesidades han de aumentar rápidamente en los próximos 20 años, a medida que las poblaciones de jóvenes lleguen a la mayoría de edad y vaya aumentando la demanda.

En el informe se afirma que cada vez es más frecuente la integración entre servicios de salud reproductiva y medioambientales, en beneficio de la mujer. Esa integración debería alentarse más, especialmente en lugares ubicados en la frontera del desarrollo y en torno a los 25 "puntos neurálgicos de la diversidad biológica" más delicados, que están cada vez más amenazados.

Las propias mujeres están a menudo a la vanguardia de la búsqueda de soluciones respetuosas del medio ambiente. En la India, muchas mujeres están encabezando movimientos rurales para promover prácticas agrícolas sostenibles y ofrecer resistencia contra empresas agrícolas de gran escala que utilizan intensamente los fertilizantes químicos y los plaguicidas, y causan así perjuicios al medio ambiente y la salud.

En Kerala (India) y en partes de Sri Lanka, varias comunidades que tienen acceso a mejor tecnología y mejores servicios de salud y educación lo han aprovechado ventajosamente para conservar los recursos y establecer comunidades rurales viables, se afirma en el informe. En esas comunidades hay menor desigualdad de género, se contrae matrimonio a mayor edad, se reduce la tasa de fecundidad y el crecimiento de la población es más lento, pese a los bajos ingresos.

En el informe se exhorta a adoptar urgentes medidas a fin de movilizar los recursos necesarios para la ejecución del Programa de Acción de la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo (CIPD) celebrada en 1994, con el objetivo de mejorar la salud y la educación, promover el adelanto de la mujer, garantizar las opciones reproductivas, estabilizar el crecimiento de la población y reducir la presión sobre los recursos naturales. Actualmente, los recursos destinados a programas de salud reproductiva y población son muy inferiores a los 17.000 millones de dólares que se necesitan cada año. Si bien los países en desarrollo están aportando el grueso de la parte que les corresponde, el apoyo brindado por los países donantes llega a menos de la mitad de los 5.700 millones de dólares convenidos en la CIPD.