HUELLAS E HITOS :
POBLACIÓN  Y  CAMBIO  DEL  MEDIOAMBIENTE 

RESUMEN PARA  LA  PRENSA 

Está vedada su difusión antes del 7 de noviembre de 2001 

La actividad humana ha afectado a todas las partes del planeta, por remotas que sean y a todos los ecosistemas, desde los más simples hasta los más complejos. En todos los ámbitos, nos vemos frente a decisiones de importancia crítica, según el informe El Estado de la Población Mundial 2001, publicado por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (FNUAP).   

A partir de 1960, el número de habitantes del planeta se ha duplicado hasta llegar a 6.100 millones y el aumento ha ocurrido mayormente en los países más pobres. Los gastos para el consumo se han duplicado con creces desde 1970 y los aumentos han ocurrido mayormente en los países más ricos. No obstante, la mitad de los habitantes del planeta siguen viviendo con menos de dos dólares diarios. 

El aumento de la población y del consumo, impulsado por las nuevas tecnologías y la mundialización, está modificando el planeta en una escala sin precedentes. Por todas partes hay signos de estrés: hábitat naturales destruidos, especies amenazadas y extintas, suelos degradados, aire y agua contaminados y casquetes polares que se derriten debido al calentamiento mundial. 

¿Cómo es posible asegurar el bienestar de las crecientes poblaciones humanas y, al mismo tiempo, proteger el medio ambiente natural? Las cuestiones clave de políticas son: cómo utilizar los recursos disponibles de tierras y aguas para producir alimentos para todos; promover el desarrollo económico y eliminar la pobreza; y al hacerlo, cómo abordar las consecuencias para el medio ambiente de actividades humanas, como el calentamiento mundial y la pérdida de la diversidad biológica. 

La población y el medio ambiente están estrechamente vinculados entre sí pero esos vínculos son complejos y variados y dependen de las circunstancias concretas. Para comprender los vínculos es necesario considerar la interacción entre riqueza, consumo, tecnología y crecimiento de la población, pero también las relaciones de género, las estructuras políticas y la gobernabilidad en todos los niveles. 

Al lograr la igualdad de condición entre hombres y mujeres y garantizar el derecho a la salud reproductiva, incluido el derecho a escoger el número de hijos y el espaciamiento entre ellos, también ayudarán a un crecimiento más lento de la población, reducirán la magnitud futura de la población mundial y aliviarán el estrés sobre el medio ambiente. 

La población mundial habrá aumentado hacia 2050 en un 50%, desde 6.100 millones de personas a mediados de 2001 hasta 9.300 millones. Todo el aumento que arrojan las proyecciones ocurrirá en los que son hoy países en desarrollo. Los 49 países menos adelantados, que ya se están esforzando al límite para proporcionar servicios sociales básicos a sus habitantes, casi se triplicarán en magnitud, desde 668 millones hasta 1.860 millones de habitantes. 

Que en 2050 la población mundial llegue al nivel que arroja la proyección alta de 10.900 millones de habitantes, la proyección baja, de 7.900 millones o la proyección mediana, de 9.300 millones, dependerá de que se logre asegurar el derecho de la mujer a la educación y la salud, incluida la salud reproductiva, y que se ponga fin a la pobreza absoluta. 

Los países más pobres figuran entre los más gravemente amenazados por la degradación de los suelos y del agua y por los déficit alimentarios. El grueso del consumo ocurre en los países industrializados, pero está aumentando rápidamente en los demás países, a medida que van aumentando los niveles de ingreso. Las medidas encaminadas a conservar la energía, poner coto a la contaminación y promover el uso sostenible de los recursos naturales son imprescindibles para el desarrollo sostenible en el futuro. 

Va en aumento el consenso internacional sobre las acciones necesarias para promover el desarrollo, protegiendo al mismo tiempo el medio ambiente. La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (CNUMAD), celebrada en Río de Janeiro en 1992, reconoció que es preciso integrar el ordenamiento sostenido de los recursos con las acciones para mitigar la pobreza y el subdesarrollo. En 1994, la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo (CIPD) vinculó la protección del medio ambiente con la adopción de decisiones individuales y con los derechos humanos, inclusive la igualdad de género y el derecho a la salud reproductiva. 

Al poner en práctica las recomendaciones de la CIPD para el desarrollo (incluidas la mejor salud reproductiva y las acciones para lograr la igualdad de género) se ayudará a eliminar la pobreza y proteger el medio ambiente. Si las mujeres tuvieran sólo el número de hijos al que aspiran, las familias serían más pequeñas y la población crecería más lentamente, con lo cual se ganaría tiempo para adoptar decisiones de importancia crucial. 

El año que viene, en el examen de lo acordado en la CNUMAD, "Río+10", habrá oportunidad de incorporar el programa social de la CIPD y de otras conferencias celebradas en el decenio de 1990—inclusive la educación para todos y el acceso universal a los servicios de salud reproductiva y planificación de la familia—en las iniciativas encaminadas a promover el desarrollo sostenible. 

TENDENCIAS DEL MEDIO AMBIENTE 

En los últimos 70 años se ha multiplicado por seis el consumo de agua. En todo mundo, se está utilizando un 54% de los recursos anuales de agua dulce, dos tercios de ellos para la agricultura. Hacia 2025 aquella proporción podría ser del 70% debido al aumento de la población solamente o—si en todo el mundo el consumo por cápita llegara al nivel de los países más desarrollados—al 90%. 

En el año 2000, 508 millones de personas vivían en 31 países sometidos a estrés hídrico o escasez de agua. Hacia 2025, 3.000 millones de habitantes estarán viviendo en 48 países en esas condiciones. Hacia 2050, 4.200 millones de personas (más del 45% del total mundial) estarán viviendo en países que no pueden proporcionar la cuota diaria de 50 litros de agua por persona para satisfacer las necesidades básicas. 

Muchos países utilizan medios insostenibles para satisfacer sus necesidades de agua y agotan los acuíferos locales. Las napas freáticas bajo algunas ciudades de China, América Latina y el Asia meridional están descendiendo a razón de más de un metro anual. Además, se desvían los recursos hídricos de mares y ríos para atender a las crecientes necesidades de la agricultura y la industria, con efectos a veces desastrosos. 

Según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), hay 1.100 millones de personas que carecen de acceso a agua no contaminada. 

En los países en desarrollo, entre el 90% y el 95% de los desagües cloacales y el 70% de los desechos industriales son vertidos sin depuración en las aguas superficiales, donde contaminan el suministro de agua. En muchos países industrializados, los efluentes químicos de fertilizantes y plaguicidas y la lluvia ácida de la contaminación atmosférica requieren procedimientos costosos y con alto consumo de energía para restaurar la calidad del agua. 

Entre 1985 y 1995, la producción alimentaria fue a la zaga del crecimiento de la población en 64 de 105 países en desarrollo estudiados y los de África fueron los que estuvieron en peores condiciones. 

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) clasifica a la mayoría de los países en desarrollo como "países de bajos ingresos con déficit alimentario" que no producen lo suficiente para alimentar a sus poblaciones y no pueden sufragar las importaciones para salvar el déficit. Hay unos 800 millones de personas crónicamente desnutridas y 2.000 millones de personas que carcen de seguridad alimentaria. 

La capacidad de producción alimentaria en los países pobres se está deteriorando debido a la degradación de los suelos, la escasez de agua, las prácticas agrícolas inapropiadas y el rápido crecimiento de la población. Gran parte de las tierras agrícolas se dedican a cultivos para la exportación, con lo cual se priva a los habitantes locales de tierras para cultivar y de alimentos. 

La erosión genética de las especies silvestres de cereales y otras plantas cultivadas amenazan las acciones encaminadas a mejorar los cultivos básicos. Hacia 2025 podrían haberse perdido hasta 60.000 especies de plantas: un cuarto del total mundial. 

Las existencias de peces también están amenazadas. Según la FAO, un 79% de las existencias de peces marinos comerciales están "explotadas insosteniblemente, excesivamente explotadas, agotadas o en lenta recuperación". 

A fin de dar lugar a casi 8.000 millones de personas que se prevé poblarán la Tierra hacia 2025 y mejorar sus dietas, el mundo tendrá que duplicar la producción alimentaria y mejorar la distribución. La mayor parte del aumento de la producción deberá proceder de más altos rendimientos y no de nuevos cultivos. No obstante, nuevas variedades de cultivos de alto rendimiento requieren fertilizantes y plaguicidas especializados, que pueden perturbar el equilibrio ecológico. 

Incluso los países más pobres pueden salvaguardar sus recursos de suelos y agua dulce, mejorar la capacidad de producción de los suelos e incrementar el rendimiento agrícola. Se necesitan medidas responsables de gobierno que equilibren múltiples intereses; participación comunitaria, incluida la de las mujeres; y cooperación por parte de la comunidad internacional. 

En el siglo XX, las emisiones de anhídrido carbónico se multiplicaron por 12—desde 534 millones de toneladas métricas hasta 6.590 millones—con lo cual contribuyeron a la tendencia al calentamiento mundial que tendrá graves efectos medioambientales y sociales. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambios Climáticos (IPCC) estima que la atmósfera se calentará hasta 5,8 grados centígrados en el próximo siglo y que el nivel del mar se elevará medio metro. 

En 1995, el 20% de la población residente en los países con más alto consumo per cápita de combustibles fósiles aportó un 63% a las emisiones mundiales de anhídrido carbónico. El 20% de la población mundial residente en los países donde las emisiones son más bajas aportó sólo un 2% del total. Los Estados Unidos, que poseen 4,6% de la población mundial, producen un cuarto de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. 

En los países industrializados, las emisiones per cápita se han mantenido relativamente invariables desde 1970. Si bien en los países en desarrollo las emisiones per cápita siguen siendo mucho menores, la distancia se está acortando. En algún momento, en la primera parte del siglo XXI, los países en desarrollo aportarán más de la mitad de todas las emisiones. 

El cambio climático tendrá graves efectos, entre ellos aumento de las tempestades, las inundaciones y la erosión de los suelos, acelerada extinción de plantas y animales, desplazamiento de las zonas agrícolas y amenazas a la salud pública debidas al aumento del estrés hídrico y las enfermedades tropicales. 

En los últimos decenios, al llegar al máximo el crecimiento de la población, las tasas de deforestación han llegado a los niveles más altos registrados en la historia. 

Los bosques tropicales contienen una proporción estimada en el 50% de la diversidad biológica que aún queda en el mundo. A las tasas actuales de deforestación, dentro de 50 años se podría estar talando el último bosque tropical primario existente, lo cual causaría una pérdida irreversible de especies. La deforestación también contribuye a la acumulación de anhídrido carbónico en la atmósfera. 

Si bien la silvicultura sostenible ofrece algunas buenas perspectivas, el aumento de la población según las proyecciones para los próximos decenios planteará problemas y opciones difíciles. Muchos países que poseen los mayores sectores de bosques tropicales restantes también son aquellos donde es mayor el crecimiento de la población. Una clave para la preservación de los bosques y la diversidad biológica puede ser la integración de los programas de salud reproductiva y planificación de la familia en las acciones para el ordenamiento de parques y bosques. 

EL DESARROLLO, LA POBREZA Y LOS EFECTOS SOBRE EL MEDIO AMBIENTE 

Hay ahora más personas que están utilizando más recursos con mayor intensidad que en ningún otro momento de la historia humana. El crecimiento de la población, la creciente riqueza—con los aumentos en el consumo, la contaminación y los residuos—y la persistente pobreza—dadas la falta de recursos y tecnología y la falta de poder para cambiar esas circunstancias—están aumentando las presiones sobre el medio ambiente. 

Hay una enorme "discrepancia en el consumo" entre países industrializados y países en desarrollo. Los países más ricos del mundo, que cuentan con un 20% de la población mundial, son los que representan un 86% del total del consumo privado, mientras que a los que tienen el 20% más pobre de la población sólo corresponde el 1,3% . 

Un niño nacido hoy en un país industrializado agregará durante su vida más al consumo y la contaminación que entre 30 y 50 niños nacidos en países en desarrollo. La "huella" ecológica de los más ricos es mucho más profunda que la de los pobres y, en muchos casos, supera la capacidad de regeneración de la Tierra. 

Casi un 60% de los 4.400 millones de personas residentes en países en desarrollo carecen de saneamiento básico, casi un tercio no tienen acceso a agua no contaminada, un cuarto carecen de vivienda adecuada, un 20% no tienen acceso a servicios de salud modernos y un 20% de los niños no asisten a la escuela hasta completar el quinto grado. 

La mundialización ha aumentado la riqueza mundial y estimulado el crecimiento económico, pero también ha agravado la desigualdad en el ingreso y la degradación del medio ambiente. La pobreza está empujando a muchas personas a aumentar la presión que ejercen sobre frágiles recursos naturales para poder sobrevivir. La limitada disponibilidad de tierras suele causar que los pobres se asienten en zonas frágiles. 

El aumento de la urbanización causa otros problemas Cada día, unas 160.000 personas emigran desde el campo hacia la ciudad. Actualmente, casi la mitad de todos los habitantes del mundo viven en zonas urbanas. Muchas ciudades de países en desarrollo enfrentan graves problemas de salud medioambiental y condiciones cada vez peores debido al rápido crecimiento, la falta de infraestructura adecuada para satisfacer las crecientes necesidades, la contaminación del agua y del aire y la presencia de mayor cantidad de residuos que los que pueden manejar. 

Los pobres suelen pasar largas horas recogiendo combustible y pagan más altos precios unitarios por la energía, mientras los subsidios a la electricidad favorecen a las elites urbanas. 

Sólo médiate un enfoque integrado de la eliminación de la pobreza y la protección del medio ambiente puede lograrse un desarrollo sostenible. Sería imprescindible establecer el control local y el respeto por los conocimientos locales. También son importantes las inversiones en servicios energéticos e infraestructura, tecnologías "verdes" y políticas apropiadas de fijación de precios del agua, la electricidad y los fertilizantes. 

Los efectos humanos sobre el medio ambiente están exacerbando la intensidad de los desastres naturales y quienes sufren las consecuencias son los pobres. Hay 25 millones de refugiados del medio ambiente. 

LAS MUJERES Y EL MEDIO AMBIENTE 

Las mujeres constituyen más de la mitad de la mano de obra agrícola del mundo y suelen ser quienes se encargan de los alimentos, el agua, el combustible y otros recursos del hogar. En los países más pobres del mundo, las mujeres son jefas de casi un cuarto de los hogares rurales. 

Pese a esas responsabilidades, es frecuente que las leyes nacionales o las costumbres locales denieguen a las mujeres el derecho a ser propietarias de la tierra o a heredarla, lo cual significa que no tienen con qué garantizar el crédito para mejorar su condición. 

Las altas tasas de fecundidad y las familias numerosas siguen siendo una característica de la vida rural, debido en parte a que las mujeres no tienen opción en la materia. Es necesario que puedan controlar el número y el espaciamiento de sus hijos y que dispongan de servicios de salud, incluidos los de salud reproductiva, y de educación. 

Dado que van disminuyendo las oportunidades en cuanto a las tierras, muchos varones campesinos emigran, con lo cual se agravan las cargas de familia y las responsabilidades que pesan sobre las mujeres. 

La urbanización ofrece a las mujeres tanto peligros como oportunidades. En general, en las ciudades el embarazo y el parto presentan menos riesgos debido a que es más accesible la atención de la salud. La vida urbana también ofrece mayores opciones en materia de educación, empleo y matrimonio, pero entraña un mayor riesgo de violencia sexual, abuso y explotación sexual. 

Es imprescindible que las mujeres participen en las decisiones relativas a la salud y el medio ambiente y también lo es contar con leyes y políticas sobre los derechos y la igualdad de la mujer. En ausencia de apoyo de ese tipo, muchas mujeres quedan atrapadas en una espiral viciosa de continua degradación del medio ambiente, pobreza, alta fecundidad y limitadas oportunidades. S

e están organizando grupo de mujeres a fin de que éstas se integren plenamente en el proceso político y puedan participar cabalmente en la adopción de decisiones de política que afectan sus vidas. 

LA SALUD Y EL MEDIO AMBIENTE 

Hay una estrecha relación entre el medio ambiente y la salud, en particular la salud reproductiva. 

Las condiciones del medio ambiente contribuyen en medida apreciable a las enfermedades contagiosas, que causan en todo el mundo entre un 20% y un 25% de las defunciones. Según se estima, un 60% de la carga mundial de enfermedad por infecciones agudas de las vías respiratorias, un 90% de las enfermedades diarreicas, 50% de los trastornos respiratorios crónicos y un 90% de los casos de paludismo podrían evitarse con simples medidas en el medio ambiente. 

Cada año, el agua contaminada y el concomitante saneamiento deficiente se cobran las vidas de más de 12 millones de personas. La contaminación del aire mata casi otros tres millones, en su mayoría en países en desarrollo. 

Los cambios en el uso del suelo puede tener muchos efectos sobre la salud. Las represas y embalses pueden crear caldos de cultivo para vectores de enfermedades; y el creciente uso de plaguicidas y fertilizantes puede exponer a las poblaciones locales a productos químicos tóxicos. 

Las megaciudades densamente pobladas someten a sus habitantes a una contaminación del aire muy superior a los niveles que acepta la OMS. 

La contaminación del aire en las viviendas—hollín por la quema de madera, biomasa y carbón para la cocción de alimentos y la calefacción—afecta a 2.500 millones de personas, en su mayoría mujeres y niñas y, según se estima, mata cada año a más de 2.200 millones de personas en los países en desarrollo. 

El desarrollo urbano no planificado y la apertura a los cultivos de tierras rurales marginales incrementan el número de personas que carecen de acceso a servicios de salud reproductiva, con lo cual aumentan los riesgos de mortalidad derivada de la maternidad y embarazo no deseado. La falta de agua no contaminada en los establecimientos de salud menoscaba la calidad de los servicios de salud reproductiva. 

A partir del año 1900, la industrialización ha introducido en el medio ambiente casi 100.000 productos químicos. La mayoría de ellos no han sido estudiados y no se conocen sus efectos sobre la salud. Algunos de ellos, prohibidos en los países industrializados debido a sus efectos nocivos, se siguen utilizando ampliamente en los países en desarrollo. 

Muchos productos químicos de uso agrícola e industrial han pasado a contaminar el aire, el agua, los suelos y los alimentos, así como a los seres humanos. Algunos de esos productos causan fracasos en el embarazo y dificultades de desarrollo en la infancia, además de enfermedades y muerte. La exposición a las radiaciones nucleares y a algunos metales pesados tiene efectos genéticos. 

La crisis del VIH/SIDA está estrechamente vinculada a cuestiones de desarrollo de mayor escala, entre ellas la pobreza, la desnutrición, la exposición a otras enfermedades, la desigualdad de género y la inseguridad en los medios de vida. La epidemia, con sus devastadores efectos sobre la salud y la familia, complica la protección del medio ambiente, intensifica los problemas laborales agrícolas y agrava las cargas que pesan sobre las campesinas. 

ACCIÓN PARA EL DESARROLLO SOSTENIBLE Y EQUITATIVO 

El desarrollo económico; el estado del medio ambiente; la salud de hombres, mujeres y niños; y la condición de la mujer, son todos factores intrincadamente relacionados entre sí. El desarrollo requiere mejoras en las vidas de los individuos, por lo general logradas por sí mismos; la condición de la mujer determina el nivel de desarrollo; y las mujeres necesitan buenos servicios de salud reproductiva para que mejore su condición. Esas cuestiones fueron acordadas en conferencias mundiales que trataron del medio ambiente y el desarrollo (1992), la población y el desarrollo (1994) y el desarrollo social, y los derechos de la mujer (1995). 

En 1994, la CIPD reconoció las interconexiones entre un más lento crecimiento de la población, la reducción de la pobreza, el logro del progreso económico, la protección del medio ambiente y la reducción de las pautas insostenibles de consumo y producción. La CIPD destacó la necesidad de velar por la vigencia de los derechos de la mujer, incluido el derecho a la salud reproductiva, como principio fundamental por sí mismo y clave para el desarrollo sostenible. 

En 1999, 185 países pasaron revista al adelanto en la ejecución del Programa de Acción de la CIPD y comprobaron que las metas y el enfoque originarios seguían siendo válidos, que muchos gobiernos habían cambiado sus programas de salud y población para ajustarlos al consenso de El Cairo, que unas pocas cuestiones—en especial el VIH/SIDA—habían cobrado mayor urgencia después de 1994 y que la financiación presentaba déficit alarmantes con respecto a las metas acordadas en El Cairo. En el examen del Programa de Acción de la CIPD se acordaron nuevos datos básicos de referencia y se asumieron nuevos compromisos para la acción. 

Los recursos actualmente disponibles para programas de salud reproductiva y población son muy inferiores a los 17.000 millones de dólares que en la CIPD se convino serían necesarios en 2000. Mientras los países en desarrollo están aportando la mayor parte de la proporción que les corresponde, de dos tercios de los recursos necesarios, el apoyo de los donantes internacionales es menor que la mitad de los 5.700 millones de dólares que se necesitaban en 2000. 

La prevención del VIH/SIDA fue parte del conjunto de medidas previstas en la CIPD. Pero se necesitan cantidades considerablemente mayores de recursos para proporcionar tratamiento y atención a los millones de personas que viven con el VIH. La total eliminación de las necesidades insatisfechas de planificación de la familia hacia 2015 es ahora una meta acordada internacionalmente; para alcanzarla será necesario contar con más recursos. Reducir la mortalidad derivada de la maternidad es otro problema de gran magnitud. 

El déficit en la financiación ya está poniendo de manifiesto sus efectos: las disminuciones en las tasas de fecundidad han sido más lentas que lo que habría cabido esperar si mayor cantidad de parejas e individuos pudieran tener el número de hijos que desean; y el VIH/SIDA se ha propagado con mayor velocidad que lo previsto. Los costos de aplazar la acción aumentarán más rápidamente cuanto más tiempo transcurra. 

Las políticas relativas al crecimiento de la población, la salud reproductiva y la ampliación de los medios de acción de las mujeres responden a acuciantes necesidades humanas y promueven los derechos humanos. También redundan en importantes beneficios para el medio ambiente. Si bien es difícil cuantificar dichos beneficios, es evidente que proporcionar acceso pleno a los servicios de salud reproductiva será, a largo plazo, mucho menos costoso que las consecuencias medioambientales del crecimiento de la población que ocurrirá si no se satisfacen las necesidades de salud reproductiva. También habría beneficios sustanciales en materia de salud y oportunidad social. 

La promoción de los derechos humanos, la erradicación de la pobreza, la mejora de la salud reproductiva y el logro del equilibro entre la población y las necesidades de desarrollo y la protección del medio ambiente requerirán una amplia gama de acciones. Algunas prioridades son las siguientes: 

  1. Poner en práctica—y financiar suficientemente —los acuerdos logrados por consenso mundial en la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo. 
  2. Proporcionar incentivos para la difusión, el mayor desarrollo y la utilización de procesos industriales más sostenibles. 
  3. Mejorar la base de información para lograr prácticas más sostenibles de población, desarrollo y medio ambiente. 
  4. Poner en práctica acciones convenidas internacionalmente a fin de reducir la pobreza y promover el desarrollo social. 

Las acciones relativas a cuestiones de población, medio ambiente y desarrollo son a la vez necesarias y prácticas. Los diversos acuerdos internacionales sobre el medio ambiente y el consenso internacional sobre cuestiones de población y desarrollo se están traduciendo en realidades operativas. Esos acuerdos sólo ponen de manifiesto la necesidad de adoptar medidas más amplias y más cabales. 

Para obtener más información: 
Fondo de Población de las Naciones Unidas, 
División de Información, Asuntos de la Junta Ejecutiva y Movilización de Recursos, 
220 East 42nd Street, 
New York, NY, 
Estados Unidos de América. 
Teléfono: +1-212-297- 5020; 
Fax : +1-212-557-6416; 
E-mail: ryan@unfpa.org

El texto completo del informe y su resumen, en español, francés e inglés, puede encontrarse en el sitio del FNUAP en la Web: www.unfpa.org, además de crónicas periodísticas, fotografías y hojas de datos fácticos.