Satisfacción de las necesidades de los pobres y protección del medio ambiente

¿Cómo podremos mejorar el nivel de vida de los pobres del mundo, protegiendo al mismo tiempo el medio ambiente? Esta cuestión, de importancia crítica, es estudiada en un nuevo informe del Fondo de Población de las Naciones Unidas (FNUAP), en el que se afirma que el aumento de las poblaciones, la mayor demanda de bienes de consumo y la persistente pobreza están ejerciendo presiones sin precedentes sobre ecosistemas e infraestructuras de los países en desarrollo que ya necesitan reparación desesperadamente. En el informe El Estado de la Población Mundial 2001 se afirma que van en aumento las presiones de población en zonas tanto urbanas como rurales, a medida que las personas tratan de mejorar sus condiciones.

La rápida urbanización plantea un problema de gran magnitud. En las regiones menos adelantadas del mundo se prevé que en los próximos 30 años se ha de duplicar el número de residentes urbanos y las ciudades no están equipadas para acoger a los nuevos residentes. Las montañas de residuos, que ya son comunes en muchas ciudades, crean riesgos de incendio y exposición a sustancias tóxicas y enfermedades. El abastecimiento de agua y la eliminación de residuos cloacales también son problemas. México D.F. y las ciudades de la India septentrional y de China padecen un grave descenso de la napa freática en las zonas circundantes, tras satisfacer la creciente demanda de agua por parte de las industrias, los agricultores y los hogares.

En muchas partes del mundo en desarrollo, las ciudades están creciendo con una tasa igual al doble de la tasa general de crecimiento de la población y están planteando demandas difíciles de satisfacer sobre los servicios sociales, que ya están sobrecargados. Además, en muchos centros urbanos hasta la mitad de la población está viviendo en asentamientos de precaristas o villas de emergencia, que son sumamente vulnerables a acontecimientos catastróficos como inundaciones, tormentas o terremotos.

Las zonas rurales también están expuestas a crecientes presiones. Debido al rápido crecimiento demográfico ocurrido en los últimos 50 años, las poblaciones se han duplicado con creces, mientras que la base de recursos ha quedado drásticamente reducida por el uso excesivo y la explotación comercial. La deforestación generalizada y la degradación de los suelos y las aguas amenaza los medios de vida de millones de personas. En Asia, un 39% de las personas viven en zonas propensas a la sequía y la desertificación. En África, un 65% del total de las tierras agrícolas están degradadas y un 90% de las personas dependen de la leña y la biomasa de otros tipos para obtener energía.

En el mundo en desarrollo, considerado en su conjunto, hay unos 2.000 millones de personas que dependen de la leña, el estiércol y otros combustibles de biomasa para la cocción de los alimentos y la calefacción de las viviendas y utilizan dichos combustibles de maneras ineficientes, produciendo contaminación, hollín y otras sustancias causantes de infecciones agudas de las vías respiratorias, enfermedades pulmonares crónicas, problemas oculares y bajo peso al nacer.

Hay entre 1.500 y 2.000 millones de personas que carecen de acceso a la electricidad. Dedican innumerables horas a recoger combustibles y pagan precios unitarios más altos por la energía que adquieren en pequeñas cantidades, en forma de pilas, velas, queroseno y carbón. En una encuesta realizada en Uganda se estableció que el número de hogares del país que obtienen su electricidad de baterías de automóviles es superior al de viviendas que están conectadas con la red pública de distribución de electricidad. Uno de los mayores problemas es encontrar la manera de aumentar el suministro de energía a precios accesibles sin dañar la salud de las personas ni perjudicar el medio ambiente. La energía solar ofrece una solución, dado que es más barata y más fácil de instalar que las costosas redes de distribución de electricidad., especialmente en zonas remotas.

El deseo de integrarse en la economía mundial o de compensar las pérdidas sufridas en crisis financieras ha llevado a muchos países en desarrollo a incrementar su explotación de los recursos naturales, a menudo con fines de exportación.

Mientras la agricultura intensiva ha aumentado el rendimiento en muchas zonas rurales, por lo general ha redundado en alimentos más baratos para poblaciones urbanas en aumento, y no en medios de vida para los campesinos. La agricultura comercial y la tala industrial de bosques dejan muy pocas tierras para los campesinos pobres, quienes suelen utilizar y aprovechar excesivamente las pocas tierras, aguas y maderas que aún quedan, para su supervivencia. Los resultados combinados de esta situación se perciben en laderas desnudas, cursos de agua con caudales cada vez menores, inundaciones, sequías y desaparición de especies silvestres, se afirma en el informe.

En el informe se recomienda ampliar la base de recursos de los pobres a fin de que dependan menos de tierras marginales y recursos frágiles, encontrar alternativas a los combustibles de biomasa y apoyar las tecnologías no contaminantes. En el informe también se exhorta a adoptar medidas para promover la igualdad de género y el aumento de las inversiones en infraestructura básica como las de saneamiento, abastecimiento de agua, educación y atención de la salud, inclusive la atención de la salud reproductiva y la planificación de la familia, de modo de mejorar las vidas de las personas y frenar el acelerado crecimiento de la población. Una recomendación normativa clave es instituir políticas apropiadas de fijación de precios, de modo de alentar una utilización más eficiente de la electricidad, el agua y los fertilizantes.

Otra recomendación es aumentar el grado de control y gestión locales que, según el informe, pueden ser la clave de un uso más sostenible de los recursos y una mejora en los medios de vida. Los estudios indican que ha mejorado la condición de los bosques de Nepal a partir del momento en que se descentralizó su ordenamiento hacia las comunidades. En el informe se afirma que el control local puede ser más eficaz que las acciones gubernamentales para limitar las actividades ilegales de tala, pesca y uso de agua, así como el robo; pero la participación gubernamental puede contribuir a compensar el alto costo de las inversiones en conservación y a abreviar los prolongados períodos que transcurren antes de poder cosechar los beneficios de dichas inversiones.