El estado de la población mundial 2001 El estado de la población mundial 2001
Capítulo 4: La mujer y el medio ambiente

United Nations Population Fund

"Promover la igualdad de género, subsanando las diversas desventajas sociales y económicas que dejan a las mujeres sin voz e inermes, también puede ser una de las mejores maneras de salvar el medio ambiente y contrarrestar los peligros del hacinamiento y otros factores adversos a consecuencia de las presiones de población. La voz de las mujeres tiene importancia crítica para el futuro del mundo, y no sólo para el futuro de las mujeres.

-–Amartya Sen1

La fortaleza de la relación, directa y de importancia crítica, entre las mujeres y los recursos naturales no obedece a la biología—es decir, no se debe a que las mujeres sean del sexo femenino—sino al género y los papeles y responsabilidades creados socialmente, que continúan imponiéndose a las mujeres en los hogares, las comunidades y los ecosistemas de todo el mundo.


Shehzad Noorani, Still Pictures
En Bangladesh una mujer cocina empleando como combustible residuos de cultivos. La contaminación del aire dentro de la vivienda se cobra cada año más de 2,2 millones de vidas en los países en desarrollo.

Las mujeres tienen la responsabilidad primordial de criar a los hijos y velar por que haya suficientes recursos para satisfacer las necesidades de éstos en materia de nutrición, atención de la salud y escolaridad. En las zonas rurales de los países en desarrollo, las mujeres también son las principales administradoras de recursos domésticos esenciales, como el agua no contaminada, el combustible para la cocción de alimentos y la calefacción, y el forraje para los animales domésticos. Las mujeres cultivan verduras, frutas y cereales para el consumo en el hogar y también para la venta; y a menudo, como ocurre en muchas partes de África, producen la mayoría de los alimentos básicos. En el Asia sudoriental, las mujeres constituyen el 90% de la mano de obra para el cultivo de arroz.

Las mujeres reprsentan más de la mitad (51%) de la mano de obra agrícola en todo el mundo2. A medida que se van abriendo las oportunidades económicas, las mujeres de países en desarrollo están cultivando, procesando y comercializando productos no alimentarios hechos con recursos naturales, para el consumo nacional y, cada vez más, para el extranjero.

En Burkina Faso, por ejemplo, las mujeres están produciendo cada año centenares de toneladas de mantequilla vegetal (shea butter) cada año, y venden gran parte de esa producción a los mercados de cosméticos europeos3. En Colombia, miles de mujeres trabajadoras cultivan flores para la venta en los Estados Unidos. Pero esos medios de vida también pueden crear nuevos riesgos medioambientales y de salud: según se estima, las cultivadoras de flores colombianas están expuestas a 127 diferentes tipos de productos químicos, muchos de los cuales han sido prohibidos en los Estados Unidos y el Reino Unido4.

Muchas de esas actividades se realizan en los intersticios que dejan los hombres cuando utilizan los recursos. Las mujeres ocupan los espacios posibles de conformidad con las tradicionales estructuras de género o que se abren a raíz de los cambios económicos y sociales. En las zonas costeras de Mozambique no se permite a las mujeres que se acerquen a las embarcaciones utilizadas por los hombres para la pesca oceánica, ni que se dediquen ellas mismas a la pesca, aun cuando se ocupan del procesamiento y la comercialización de los pescados capturados por los hombres. El espacio acuático de las mujeres está cerca de la costa, donde recogen y venden moluscos, cangrejos y otros pequeños frutos de mar; ese trabajo de las mujeres proporciona un 20% del ingreso medio de los hogares, según un estudio reciente5.

Dado que la pobreza persiste y que, en muchas partes del mundo, se agrava, el ingreso de las mujeres producido por dichas actividades pasa a tener importancia crítica para la supervivencia de la familia, lo cual refuerza la importancia del medio ambiente en las vidas de las mujeres (y agrava los peligros de un medio ambiente degradado). En las crecientes cantidades de hogares cuyas jefas son mujeres, este trabajo es imprescindible, particularmente para los niños; en los países más pobres del mundo, las mujeres ya son jefas de casi un cuarto de los hogares rurales6. El ingreso de las mujeres también puede crear las condiciones para ampliar las oportunidades, las opciones y la autonomía, factores todos ellos que promueven la meta general de lograr la equidad e igualdad de género.

Cómo afecta a las mujeres la degradación del medio ambiente

Las mujeres tienen la responsabilidad de administrar los recursos del hogar, pero no suelen tener control al respecto. Debido a la diversidad de las interacciones cotidianas de la mujer con el medio ambiente, ella es la más gravemente afectada por la degradación medioambiental. Por ejemplo:

  • La deforestación o la contaminación incrementa el tiempo que las mujeres deben pasar en busca de leña o de agua no contaminada y apta para el consumo e incrementa el riesgo de que las mujeres se contagien con enfermedades transmitidas por el agua. En el estado de Gujurat (India), ahora las mujeres dedican cuatro o cinco horas diarias a recoger leña, cuando otrora sólo recogían leña cada cuatro o cinco días7.

  • La erosión de los suelos, la escasez de agua y el fracaso de los cultivos reducen el rendimiento de las cosechas; los suelos agotados por un aprovechamiento excesivo reducen la productividad de las huertas doméstics.

  • Los productos químicos tóxicos y los plaguicidas presentes en el aire, el agua y el suelo crean diversos riesgos para la salud de la mujer. Ingresan a los tejidos del cuerpo y a la leche materna, por conducto de la cual pasan a los lactantes8. En una aldea de la Provincia de Gansu (China), se ha atribuido a los efluentes de una fábrica estatal de fertilizantes el alto número de nacidos muertos y de abortos espontáneos. La contaminación del agua en tres ríos de Rusia es un factor contribuyente a la duplicación de los trastornos de la vejiga y los riñones en las embarazadas; y en el Sudán se ha establecido un vínculo entre la exposición a los plaguicidas y la mortalidad perinatal; el riesgo es mayor para las mujeres agricultoras9.

  • En las ciudades, en particular, la contaminación del aire y del agua puede ser de gran magnitud y el saneamiento y la depuración de los residuos puede ser deficiente o inexistente, lo cual plantea nuevas amenazas a la salud, particularmente para las mujeres, quienes son las más expuestas a esos peligros. En las ciudades de Delhi y Agra (India), por ejemplo, el agua de beber se extrae de ríos sumamente contaminados con DDT y otros plaguicidas10.

La degradación del medio ambiente significa que las mujeres deben dedicar más tiempo y más esfuerzos a encontrar combustible o producir alimentos, pero no disminuyen las restantes responsabilidades de satisfacer las necesidades del hogar y velar por la salud de la familia. La división del trabajo en función del género hasta ahora ha resistido todos los intentos de introducir cambios reales. En muchos países, las mujeres ya trabajan 12 o más horas diarias dentro y fuera del hogar; en África y Asia, el promedio de horas de trabajo semanal de una mujer es 13 veces superior al correspondiente a los hombres11.

La carencia de poder y sus efectos

Al mismo tiempo, las mujeres tienen muy poco poder sobre las condiciones reinantes en sus vidas. Los funcionarios ejecutivos a menudo pasan por alto esta realidad, aun cuando el uso y la gestión por las mujeres de los recursos medioambientales locales es fundamental para el bienestar del hogar y de la comunidad12. Los servicios de difusión agrícola están gravemente prejuiciados a favor de los hombres. Las acciones de educación y difusión en apoyo de los cultivos sostenibles y los métodos de ordenamiento de los suelos a menudo pasan por alto a las mujeres.

Las leyes nacionales o las costumbres locales suelen denegar en la práctica a las mujeres el derecho de tener título de propiedad de sus tierras o heredarlas, lo cual significa que no tienen garantía para solicitar crédito. La pobreza, la precariedad en la tenencia de la tierra y la falta de apoyo de alta calidad desalientan a las mujeres, quienes no efectúan inversiones en nuevas tecnologías ni estrategias a largo plazo, como la rotación de los cultivos, los períodos en barbecho, los niveles sostenibles de cultivos o la forestación. Por el contrario, se alientan los cultivos comerciales de rápido crecimiento, como el algodón, que agota rápidamente las tierras, y también la tala de bosques para obtener ingresos a corto plazo.

Esas presiones sobre limitados recursos de tierras agotan los nutrientes y degradan los suelos. Dicha degradación reduce los rendimientos, conduciendo a una espiral de uso más intensivo, mayor degradación y rendimientos aún más bajos. Tal vez los agricultores busquen nuevas tierras, pero a menudo las que encuentran están en zonas limítrofes o marginales, especialmente cuando los agricultores son mujeres y no pueden acordar una compra o negociar un préstamo.

En los países más gravemente afectados, el VIH/SIDA ha agravado la pobreza y reducido las opciones, obligando a las personas a depender de los recursos naturales para satisfacer sus necesidades básicas. En Sudáfrica, grandes cantidades de pobres, particularmente mujeres, están tratando de producir alimentos y combustibles en tierras marginales, lo cual incrementa la presión sobre ecosistemas frágiles13.

Con frecuencia, el uso insostenible de los suelos puede atribuirse a la denegación de recursos técnicos y financieros. Cuando se les da la oportunidad, lo probable es que las mujeres estén predispuestas a adoptar prácticas agrícolas sostenibles y de conservación de la calidad general de las tierras, debido precisamente a que dependen en gran medida de los recursos naturales. En un estudio realizado por el Banco Mundial en Ghana se comprobó que los lotes adquiridos por mujeres tenían una menor tasa de declinación de la fertilidad de los suelos que los lotes adquiridos por hombres, incluso cuando se trataba de una misma familia14.

En la India, las mujeres lideran movimientos rurales de promoción de prácticas agrícolas sostenibles y se resisten contra las operaciones agrícolas en gran escala que emplean en gran medida fertilizantes químicos y plaguicidas. Y en el Reino Unido, donde la agricultura está dominada por los hombres, la mitad de todos los agricultores orgánicos son mujeres: diez veces la proporción existente en la agricultura en general15.

Las mujeres que carecen de derechos para ser propietarias de recursos naturales y ordenarlos suelen carecer de derechos en otros aspectos de sus vidas, lo cual refuerza la desigualdad de género. Al igual que millones de mujeres en todo el mundo, en las comunidades rurales predominantemente patriarcales de la región sudoriental de Madagascar, las mujeres carecen de acceso a los recursos que elevan la condición social: bienes raíces, ganado y tierras de cultivo. En consecuencia, no participan casi en las decisiones adoptadas en la comunidad o en el hogar, incluidas las decisiones acerca de la reproducción (las tasas de fecundidad son altas), el matrimonio (es común el matrimonio precoz) y la educación para ellas mismas y sus hijos (las tasas de educación de los niños varones son bajas y las de las niñas son aún más bajas16.

En el pasado, en las comunidades rurales eran comunes las familias numerosas: los niños eran importantes ayudas para la productividad agrícola (especialmente, en parcelas grandes), que solían sumarse a sus madres (y a veces a sus padres) en los campos o las huertas familiares, cuidando a los animales domésticos y ayudando en las tareas necesarias para el hogar: acarreando agua y buscando leña y plantas comestibles y medicinales. Las campesinas se casaban a temprana edad y tenían numerosos embarazos.

Un legado de las altas tasas de fecundidad, la más baja mortalidad de menores de un año y el limitado suministro de tierras es la fragmentación17. Los lotes, a medida que van pasando de una generación de hijos varones a la siguiente, se dividen cada vez más. Llega el momento en que los lotes no son suficientemente grandes para proporcionar alimentos suficientes a una familia o productos para llevar al mercado. Se han intensificado las presiones para aumentar el rendimiento y los hombres se han marchado en procura de empleos no agrícolas. En ausencia de los hombres, han aumentado las cargas y responsabilidades familiares de la mujer, aun cuando los parientes residentes en ciudades suelen enviar dinero para mejorar la tierra restante y las condiciones de la vivienda, la educación y la atención de la salud.

La urbanización ofrece numerosos riesgos y oportunidades para las mujeres. El crecimiento urbano y la pobreza crean nuevas amenazas medioambientales que agravan los riesgos de salud. También en este caso, los más afectados son las mujeres y sus niños18.

Por otra parte, el embarazo y el parto son en general menos riesgosos en las zonas urbanas, donde hay más probabilidades de contar con servicios de salud accesibles. La vida urbana también ofrece a las mujeres una más amplia gama de opciones en cuanto a educación, empleo y matrimonio. pero también entraña mayores peligros de violencia, abuso sexual y explotación sexual. Para las mujeres pobres, la urbanización significa menor trabajo físico para recoger combustible, preparar alimentos y acarrear agua, pero con frecuencia las mujeres pierden el control directo respecto de la calidad o la cantidad de esos suministros. Para las muy pobres, esos recursos básicos son más caros—en términos tanto absolutos como relativos—que para grupos en posición económica más acomodada. En lo tocante al medio ambiente, la urbanización ofrece a los pobres algo pero después los priva de eso mismo. Por ejemplo, los muy pobres residentes en zonas urbanas, quienes viven en vaciaderos de basura y encuentran ahí su sustento, son posiblemente las personas que están en peores condiciones económicas de todo el planeta, desde un punto de vista tanto humano como económico.

A medida que las mujeres se van sumando a la migración desde el campo a la ciudad, se hacen vulnerables a la explotación económica y sexual: talleres donde se trabaja en condiciones inadmisibles, trata de personas, abuso o violencia. Las trabajadoras en fábricas corren el riesgo de estar expuestas a productos químicos, polvo u otras formas de contaminación.

Sin embargo, junto con los riesgos aparecen nuevas oportunidades económicas. Al verse libres de las jerarquías sociales y de género propias de las comunidades rurales, las mujeres también pueden tener más oportunidaes de asistir a la escuela o a la universidad, de adquirir conocimientos que podrían vender y de escoger si casarse o no, cuándo y con quién. Las mujeres residentes en ciudades tienen más probabilidades de estar en condiciones de decidir si tener hijos, cuántos hijos tener y cuándo tenerlos, debido tanto a las cambiantes relaciones de género como al hecho de tener más fácil acceso a servicios de salud reproductiva e información al respecto.

Para administrar mejor los recursos del hogar y otros recursos, tanto en la ciudad como en el campo las mujeres necesitan disponer de opciones: posibilidad de escoger el número y el espaciamiento de sus hijos; servicios de salud, inclusive de salud reproductiva; educación; y alianzas con los hombres. Hay muchos ejemplos de programas para ampliar los medios de acción de la mujer que refuerzan tanto la posibilidad de administrar los recursos como su salud reproductiva. Los programas de difusión suelen aportar nociones de atención de la salud reproductiva junto con información y asistencia para el ordenamiento de los recursos.

Participación de la mujer en las decisiones sobre medio ambiente y salud

El desarrollo sostenible exige que se reconozcan y se valoren las múltiples maneras en que las vidas de las mujeres se interrelacionan con las realidades del medio ambiente. Es menester que se asegure la vigencia del derecho de la mujer a ser propietaria de tierras y a heredarlas; es preciso garantizar la seguridad en la tenencia de la tierra, tanto individual como comunitaria; es menester que las mujeres tengan acceso al crédito y a los servicios de difusión agrícola y ordenamiento de los recursos y que se las incluya en las decisiones con respecto a la organización y el contenido de los servicios.

Proporción de niñas que ingresan y egresan, escuela primaria, por subregión

La participación de las mujeres debe abarcar la información, la educación y los servicios de salud reproductiva y los derechos reproductivos. La opción con respecto a la fecundidad entraña un avance hacia la igualdad: las mujeres así facultadas pueden intervenir en otras decisiones del hogar y la comunidad, por ejemplo, acerca de la educación y la atención de la salud de las niñas; el uso de los recursos comunes y el desarrollo de oportunidades económicas. La participación de las mujeres en las decisiones relativas a la salud y el medio ambiente beneficia a los individuos, a la sociedad y al propio medio ambiente.

En verdad, como la experiencia está demostrando cada vez más, los servicios relativos a la salud reproductiva y al medio ambiente pueden coexistir muy ventajosamente cuando se los ha diseñado de modo que satisfagan las prioridades de la propia comunidad. La integración elimina la necesidad de duplicar las tareas de difusión y respondan a las necesidades, relacionadas entre sí, de las mujeres19.

En esas acciones, es fundamental la confianza: en un proyecto realizado en América Latina, una funcionaria de una organización para el medio ambiente que estableció una relación muy sólida con los residentes en una aldea local fue inundada con solicitudes de información sobre salud reproductiva y servicios al respecto. Al mismo tiempo, una agente de salud enviada por el gobierno que no estableció el mismo tipo de relaciones con los residentes locales recibió muy pocas solicitudes de este tipo. No cabe sorprenderse de que los estudios hayan comprobado también que el elemento de éxito más crítico de los servicios integrados de salud reproductiva y medio ambiente es la participación activa de las mujeres19.

Las cambiantes condiciones del medio ambiente pueden suscitar conflictos de género nuevos y más intensos pero también pueden abrir oportunidades para que las mujeres y los hombres puedan negociar condiciones de igualdad de género.

Por ejemplo, en Newfoundland (Canadá), la desintegración de las existencias pesqueras del Atlántico norte ha acarreado un masivo desempleo en comunidades que otrora dependían casi totalmente de la pesca. Antes de la crisis, los hombres se encargaban de la captura y las mujeres trabajaban en centrales de procesamiento de pescado. Pero cuando los hombres y las mujeres pasaron a permanecer en el hogar durante todo el día, aumentaron los conflictos domésticos. Las mujeres querían más ayuda en el hogar, pero también se sentían invadidas; los hombres con frecuencia se sentían emasculados por las demandas de las mujeres. También aumentaron el consumo de alcohol y los conflictos entre los hombres, fuera del hogar. Las mujeres jóvenes comenzaron a considerar que los esposos y los novios eran indeseables, aumentó el número de hogares cuyo jefe era una mujer y los niveles de migración de hombres y mujeres, especialmente los que tenían más educación, aumentó pronunciadamente20.

Una respuesta más positiva al cambio del medio ambiente fue la ocurrida entre los mineros de sal de Bilma (Níger). Durante siglos, grandes cantidades de hombres cruzaron durante períodos de varios meses el Sahara, transportando sal y trocándola por frutas, cereales y oro. En los últimos años, disminuyó el valor de la sal y los camiones han reemplazado en gran parte a los camellos para el transporte, lo cual ha forzado a la mayoría de los hombres a adoptar una existencia más sedentaria. En respuesta, los hombres y las mujeres han creado nuevas modalidades de alianzas. Muchas mujeres trabajan ahora junto con sus esposos extrayendo sal de los pozos, lo que no era posible hace una generación. En el pasado, cuando moría el padre, sus hijas no podían conservar los pozos de sal; era preciso que se hicieran cargo los adolescentes varones o los hombres. Pero actualmente, cuando una mujer se casa, puede sumarse a su esposo en la mina. Varias parejas trabajan juntas en la mina y entre los mineros de sal hay incluso mujeres solteras21.

El cambio del medio ambiente impone nuevas tensiones y opciones en las vidas de las mujeres y los hombres. La evolución de los papeles de género a consecuencia del cambio medioambiental puede redundar en una mejor comunicación y en una adopción de decisiones en forma compartida; pero negociar nuevos papeles y responsabilidades puede ser un proceso doloroso. Es importante maximizar la flexibilidad social y los recursos que las mujeres y los hombres pueden llevar a las negociaciones recíprocas y al mundo natural.

Entablar nuevas relaciones

Las negociaciones eficaces serán facilitadas cuando se tiene acceso a la información y la educación, así como a servicios agrícolas y de salud reproductiva. También es imprescindible que las leyes y las políticas apoyen la vigencia de los derechos de la mujer y la igualdad, así como el uso sostenible y la protección de los recursos naturales. Al contar con ese apoyo, las mujeres y los hombres pueden crear un círculo virtuoso de sostenibilidad y equidad. Sin él, quedan atrapados en una espiral viciosa de continua degradación del medio ambiente, pobreza, altas tasas de fecundidad y limitadas oportunidades, todo ello conducente a la desintegración social y del medio ambiente.


Eric Just, Dinamarca
En Malí, una niña observa a mujeres que cocinan alimentos. El apoyo a los derechos de la mujer puede quebrar el ciclo de pobreza, impotencia y degradación del medio ambiente.

Varios grupos de mujeres se están organizando para lograr la plena integración de la mujer en el proceso político, de modo que pueda participar cabalmente en la adopción de decisiones sobre políticas que afectan su vida, inclusive las políticas relativas al uso del suelo y los recursos hídricos para la agricultura; la energía, el agua de beber y el suministro de energía; los servicios de salud y educación; y las oportunidades económicas. En muchos países, esos grupos están logrando éxito.

Para obtener buenos resultados será preciso entablar nuevas relaciones entre las mujeres y el medio ambiente y entre las mujeres y el mundo en general. Wangari Maathai es una keniana activista del medio ambiente y fundadora del movimiento del Cinturón Verde, que colabora con mujeres de 20 países para plantar árboles. Como ella lo indica, esas transformaciones sociales y ecológicas están muy adelantadas. Dice: "En la acción de plantar árboles está implícita la educación cívica, la estrategia para ampliar los medios de acción de la gente y proveerles de incentivos para que asuman su destino en sus propias manos, eliminando sus temores de modo que puedan defender sus derechos medioambientales, y así [las mujeres] puedan controlar la dirección de sus propias vidas"22.

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