El estado de la población mundial 2001 El estado de la población mundial 2001
Capítulo 1: Panorama general

United Nations Population Fund

Introducción

Hace más de tres millones y medio de años, dos de los antepasados de la humanidad actual dejaron sus huellas en la arena cerca de lo que es hoy la localidad de Laetoli, en la República Unida de Tanzanía. Esta pareja estaba caminando con los pies desnudos en un terreno llano. Probablemente, pertenecían a un grupo integrado por centenares, o tal vez miles, de personas y poseían implementos rudimentarios. Sólo debido a una notable concatenación de coincidencias, sus huellas se preservaron y hoy podemos verlas y maravillarnos.


Hartmut Schwarzbach, Still Pictures
Una mujer lava platos en un río en Nepal. En los países en desarrollo, más del 90% de las aguas cloacales y el 70% de los desechos industriales se vierten, sin depuración previa, en las aguas superficiales.

En la actualidad, las huellas de la humanidad son evidentes. La actividad humana ha afectado todos los lugares del planeta, por remotos que sean, y todos los ecosistemas, desde los más simples hasta los más complejos. Nuestras opciones y nuestras acciones han transformado el mundo natural, creando a la vez enormes posibilidades y peligros extremos para la calidad y la sustentabilidad de nuestras civilizaciones y para los intrincados equilibrios de la naturaleza.

Desde 1960, se han duplicado las cantidades de seres humanos para llegar a 6.100 millones de personas y el crecimiento ha ocurrido mayormente en los países más pobres. Los gastos de consumo se han duplicado con creces a partir de 1970 y esos aumentos han ocurrido principalmente en los países más ricos. En ese período, hemos creado riquezas en escala inimaginable; no obstante, la mitad de la humanidad sigue subsistiendo con menos de dos dólares diarios. Hemos aprendido cómo extraer recursos para nuestro uso, pero no cómo manejar los desperdicios resultantes: por ejemplo, las emisiones de anhídrido carbónico se multiplicaron por doce entre 1900 y 2000. Con estos procesos, estamos cambiando el clima del mundo.

Las importantes preguntas a formular en el siglo XXI son si las actividades realizadas en el siglo XX nos han encaminado hacia una colisión con el medio ambiente y, en caso afirmativo, qué podemos hacer al respecto. El ingenio humano nos ha traído hasta el punto que ocupamos hoy. ¿Cómo podemos aplicar ese mismo ingenio humano al futuro para asegurar el bienestar de las poblaciones humanas y al mismo tiempo, proteger el mundo natural?

La conducción del planeta y el bienestar de su población son responsabilidad colectiva. En todos los ámbitos, enfrentamos decisiones de importancia crítica. Algunas de ellas conciernen a la manera de proteger y promover los valores fundamentales, como el derecho a la salud y la dignidad humanas. Otras reflejan soluciones de transacción entre las opciones disponibles o el deseo de ampliar la gama de opciones. Es preciso que reflexionemos cuidadosamente, pero con urgencia, acerca de cuáles son las opciones, y que realicemos todo lo posible para ampliarlas y prolongar el tiempo durante el cual comprender las repercusiones de tales opciones.

En la actualidad, cada una de las partes del mundo natural y del mundo humano está vinculada con todas las demás. Las decisiones locales tienen repercusiones mundiales. Las políticas mundiales, o la carencia de éstas, afectan a las comunidades locales y las condiciones en que viven. Los seres humanos ya han cambiado el mundo natural y han sido cambiados por éste; ahora, las perspectivas de desarrollo humano dependen de nuestra sabiduría en cuanto a conducir esa relación.

Uno de los factores fundamentales será el de la población; también es uno de los temas en que se dispone universalmente de acciones para ampliar las opciones, y estas acciones son costeables y ya están acordadas.

Las conexiones

La población y el medio ambiente están estrechamente relacionados entre sí, pero sus vínculos son complejos y diversos y dependen de las circunstancias concretas. Con frecuencia, las generalizaciones acerca de los efectos negativos del crecimiento de la población sobre el medio ambiente conducen a error. Hace mucho tiempo que los científicos que se ocupan de cuestiones de población han abandonado ese punto de vista; no obstante, en algunos casos aún se siguen formulando políticas como si esa suposición fuera una realidad1.

A medida que van aumentando las poblaciones humanas y va avanzando la mundialización, las cuestiones fundamentales en materia de políticas son: cómo utilizar los recursos de tierra y agua disponibles a fin de producir alimentos para todos; cómo promover el desarrollo económico y eliminar la pobreza, de modo que todos puedan costear sus alimentos; y cómo, al hacerlo, abordar las consecuencias humanas y medioambientales de la industrialización—se realice ésta de conformidad con pautas del siglo XIX, o del bloque soviético, o de las empresas agrícolas, según el modelo del siglo XX—o tomando en cuenta las preocupaciones del siglo XXI, entre ellas el calentamiento mundial, el cambio climático y la pérdida de diversidad biológica.

La devastación del medio ambiente no es simplemente una dilapidación de los recursos; es una amenaza a las complejas estructuras que sostienen el desarrollo humano.

Para comprender las maneras en que la población y el medio ambiente están vinculados entre sí es necesario contar con una consideración detallada de la manera en que los factores se relacionan entre sí, entre ellos la riqueza, el consumo, la tecnología y el crecimiento demográfico, pero también otras cuestiones sociales que anteriormente se dejaban de lado o se desvalorizaban, como los papeles y relaciones de género, las estructuras políticas y la gobernabilidad en todos los planos.

Cada vez se comprenden mejor las relaciones entre medio ambiente, población y desarrollo social. Hay un amplio acuerdo sobre los medios y los fines. La ampliación de los medios de acción de la mujer, por ejemplo, es en sí misma, una meta de desarrollo. Eliminar los obstáculos que se oponen al ejercicio del poder económico y político por la mujer también es uno de los medios de eliminar la pobreza.

La salud reproductiva forma parte de un conjunto esencial de medidas de atención de la salud y educación. Es un medio para alcanzar la meta de la ampliación de los medios de acción de la mujer pero también es un derecho humano que abarca el derecho a escoger el número de hijos y el espaciamiento entre ellos. Si se logra una igualdad de la condición de hombres y mujeres, garantizando el derecho a la salud reproductiva y asegurando que los individuos y las personas puedan ejercer sus propias opciones con respecto al tamaño de la familia, también se ayudará a frenar las tasas de crecimiento de la población y reducir la magnitud futura de la población mundial.

Entre otros efectos, un más lento crecimiento de la población en los países en desarrollo contribuirá en gran medida a aliviar las tensiones a que está sometido el medio ambiente.

Retos y oportunidades demográficos

Los cambios en la magnitud, la tasa de crecimiento y la distribución de las poblaciones humanas tienen grandes efectos sobre el medio ambiente y las perspectivas de desarrollo. Diversos cambios demográficos en diferentes zonas proporcionan nuevos retos y nueva oportunidades.

Las tendencias de la población y la fecundidad

La fecundidad es más alta en los países más pobres y entre las personas más pobres de esos países. Las deficiencias en los servicios de salud, educación y de otros tipos, especialmente en lo que atañe a las mujeres, contribuyen a la pobreza reinante en esos países. Los servicios de salud reproductiva no pueden ni siquiera satisfacer las necesidades actuales de las mujeres que quieran prevenir o aplazar un embarazo y, según se prevé, la demanda ha de aumentar rápidamente en los próximos 20 años2. La mortalidad derivada de la maternidad es alta y las tasas de utilización de anticonceptivos son bajas (a menudo, inferiores al 15% de todas las parejas).

Esos países también figuran entre los más gravemente afectados por la degradación de los suelos y el agua y por los déficit de alimentos. En algunas zonas de gran riqueza ecológica pero frágiles, conocidas como "focos neurálgicos para la diversidad biológica", el crecimiento de la población es muy superior al promedio mundial de 1,3% anual3. El aumento de la demanda procedente de zonas que están en mejores condiciones económicas agrava las presiones sobre los recursos naturales en aquellos ecosistemas.

El aspecto positivo es que en los países en desarrollo, considerados en su conjunto, han disminuido las tasas de fecundidad hasta poco menos de tres hijos por mujer, es decir, aproximadamente la mitad de la tasa en 1969, y se prevé que hacia 2045-2050, disminuirá aún más, hasta 2,17 hijos por mujer. Al mismo tiempo, la esperanza de vida en todo el mundo ha aumentado hasta un promedio de 66 años (en comparación con 46 en 1950), y—fuera de las zonas más gravemente afectadas por el VIH/SIDA—las personas disfrutan a lo largo de toda su vida de mejor salud que en ningún otro momento en la historia4.

La pandemia de SIDA tendrá graves efectos demográficos. Hacia 2015, la esperanza de vida en los países más gravemente afectados será de 60 años, cinco años menor que lo que habría sido en ausencia del SIDA.

En algunos países, entre ellos México y algunas partes del Asia sudoriental, en la última generación ha disminuido pronunciadamente la fecundidad, creando el "dividendo demográfico" de una gran generación de personas de entre 15 y 24 años de edad, listas para ingresar en la fuerza laboral, sin la presión de una generación posterior de niños de la misma magnitud. Esos países también pueden esperar que vaya rápidamente en aumento la generación de ancianos, pero el dividendo demográfico ofrece la oportunidad de prepararse para atender a las necesidades de los ancianos. Esa oportunidad no existe para los países donde las tasas de fecundidad siguen siendo altas y la esperanza de vida sigue aumentando. En todo el mundo, hay más de 1.000 millones de jóvenes de entre 15 y 24 años de edad.

Recuadro 1: La población crece más aceleradamente donde las necesidades son mayores

En los países industrializados, actualmente la tasa de fecundidad es de 1,6 hijos por mujer, es decir, es inferior al nivel de reemplazo5. Las poblaciones de esos países están envejeciendo rápidamente y es posible que en algunos de ellos la población disminuya, a menos que se la complemente mediante la inmigración. La tendencia a la menor fecundidad se ha documentado suficientemente. No obstante, algunos estudios realizados recientemente en el Reino Unido indican que el tamaño de algunas familias de bajos ingresos es inferior a las aspiraciones de los progenitores.

El grueso del consumo ocurre en los países industrializados, pero está aumentando rápidamente en otros países, a medida que van aumentando sus ingresos. Es imprescindible adoptar medidas para conservar la energía, poner coto a la contaminación y limitar la demanda de recursos naturales, para que pueda haber un desarrollo sostenible en el futuro.

También se necesitan medidas paralelas a fin de estabilizar el crecimiento de la población mundial. Que la población mundial en 2050 llegue al nivel que arrojan las proyecciones altas, de 10.900 millones de personas, el que arrojan las proyecciones bajas, de 7.900 millones o el de la proyección mediana, de 9.300 millones, dependerá de las opciones y los compromisos en los próximos años. Hay dos medidas de importancia fundamental: en primer lugar, asegurar que el derecho a la educación y a la salud, inclusive la salud reproductiva, sea una realidad para todas las mujeres; y en segundo lugar, eliminar la pobreza absoluta que afecta a 1.200 millones de personas, las cuales viven con menos de un dólar por día. Esos objetivos están estrechamente vinculados entre sí debido a que la mayoría de las personas que viven en absoluta pobreza son mujeres; las acciones en pro de uno de los objetivos reforzarán las que se realicen para conquistar el otro.

Los gobiernos, los donantes internacionales, las entidades de la sociedad civil y, en muchos casos, las entidades del sector privado, todos tienen importantes papeles que desempeñar en el logro de esas metas y en la creación de un círculo virtuoso de familias más pequeñas y saludables y de niños mejor educados y con mayores oportunidades, así como el mayor adelanto hacia la estabilización de la población y la sustentabilidad del medio ambiente.

Hitos

En el último decenio hemos adquirido más conocimientos acerca de las huellas ecológicas cada vez más profundas que resultan del crecimiento de las cantidades de seres humanos, las cambiantes distribuciones de la población y las pautas de consumo y producción insostenibles. Se han puesto cada vez más en claro los graves problemas que se plantean al desarrollo sostenible. Al mismo tiempo, hay algunos indicios importantes de un cambio positivo, incluido el creciente consenso internacional sobre las medidas encaminadas a promover el desarrollo y a proteger al mismo tiempo el medio ambiente.

Al respecto, son importantes hitos los acuerdos a los que se llegó en las conferencias de las Naciones Unidas celebradas en el decenio de 1990. Uno de esos hitos fue la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (CNUMAD), celebrada en Río de Janeiro en 1992. La comunidad internacional reconoció que era preciso integrar la protección del medio ambiente y el ordenamiento de los recursos naturales con las acciones para mitigar la pobreza y el subdesarrollo.

Mortalidad derivada de la maternidad, por subregión, 1995

En la Conferencia Mundial de Derechos Humanos, Viena (1993), la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo (CIPD, 1994) y la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer (1995) se registraron adelantos en cuanto a reconocer la importancia que tienen para el programa de desarrollo las cuestiones de población y los derechos de la mujer, así como la ampliación de los medios de acción de ésta. En la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social (1995) tuvieron un lugar destacado las estrategias de desarrollo con participación de los interesados.

En la CIPD se convino en un conjunto explícito y detallado de metas, empleando un enfoque basado en los derechos humanos y el respeto a las decisiones de cada persona. Entre dichas metas figuran la eliminación antes de 2005 de la discrepancia de género en la educación primaria y secundaria, y el logro de la educación primaria universal antes de 2015; la reducción sustancial de las tasas de defunción derivada de la maternidad, y de defunción de menores de un año y de niños en general; y el logro antes de 2015 del acceso universal a los servicios de salud reproductiva y salud sexual, incluida una gama completa de métodos seguros y fiables de planificación de la familia. De alcanzarse esas metas, también se lograría en breve lapso la estabilización de la población.

Si se llevaran a la práctica las recomendaciones de la CIPD para el desarrollo, (inclusive la mejora de la salud reproductiva y la adopción de medidas que propicien la igualdad de género), así se contribuiría a superar la pobreza y proteger el medio ambiente. Dado que así se promovería un más lento crecimiento de la población, se ganaría tiempo para adoptar decisiones de importancia crítica.

Cada una de esas importantes conferencias estimuló una amplia gama de acciones concretas y exámenes de políticas, inclusive la formulación y puesta en práctica de planes nacionales y los cambios en las políticas y prioridades nacionales. En los exámenes al cabo de cinco años de los progresos alcanzados en la puesta en práctica de los acuerdos a que se llegó en cada una de esas conferencias se han determinado acciones futuras clave. Cada etapa transunta un mayor progreso hacia la realización del desarrollo sostenible.

En la Cumbre del Milenio (2000), los Jefes de Estado congregados establecieron políticas para el desarrollo y la mitigación de la pobreza. Este hito consolidó los compromisos asumidos en conferencias anteriores, definió metas concretas para la medición del progreso y proporcionó una visión de los cambios necesarios para lograr un futuro sostenible.

Cuando en 2002, en la conferencia de "Río+10" se pase revista a las medidas adoptadas después de la CNUMAD, se tendrá oportunidad de incorporar el panorama social de esas memorables reuniones en iniciativas encaminadas a promover el desarrollo sostenible.

Principales temas del informe

Tendencias del medio ambiente (capítulo 2)

A medida que la población crece y que aumenta la demanda, la búsqueda de agua, alimentos y recursos energéticos y los efectos sobre el medio ambiente de esa búsqueda están poniendo en peligro la sostenibilidad. Los límites de las tecnologías y la sabiduría con que las utilizamos son retos crecientes y los problemas de la gobernabilidad, la organización social y los derechos humanos son cada vez más importantes para lograr resultados sostenibles.

Agua

Tal vez el agua sea el recurso que define los límites del desarrollo sostenible. Las existencias de agua dulce son esencialmente constantes y el equilibrio entre las demandas de los seres humanos y las cantidades disponibles ya es precario.

No todos los países están igualmente afectados. Las regiones más desarrolladas, en promedio, tienen precipitaciones pluviales sustancialmente mayores que los países menos adelantados y han elaborado tecnologías para utilizar el agua más eficientemente.

Mientras en los últimos 70 años la población mundial se ha triplicado, la utilización de agua se ha multiplicado por seis. En todo el mundo, se utiliza un 54% del agua dulce disponible anualmente y dos tercios se destinan a la agricultura. Hacia 2025 esa proporción podría aumentar hasta el 70%, debido exclusivamente al crecimiento de la población o—si el consumo per cápita llegara en todos los países al nivel alcanzado en los países más desarrollados—, al 90%.

En el año 2000, 508 millones de personas vivían en 31 países sometidos a estrés hídrico o afectados por escasez de agua. Hacia 2025, 3.000 millones de personas estarán viviendo en 48 de esos países. Hacia 2050, 4.200 millones de personas (más del 45% del total mundial) estarán viviendo en países que no pueden satisfacer el requisito de contar con 50 litros de agua por persona y por día para atender a las necesidades humanas básicas.

Muchos países emplean medios insostenibles para satisfacer sus necesidades de agua y agotan los acuíferos locales. Las napas freáticas en algunas ciudades de China, América Latina y el Asia meridional están descendiendo a razón de más de un metro por año. Asimismo, el agua de mares y ríos se está desviando para satisfacer las crecientes necesidades de la agricultura y la industria, con efectos a veces desastrosos. En 1997, en China el Río Amarillo estuvo seco durante un período sin precedentes de 226 días.

Según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), aproximadamente 1.100 millones de personas carecen de acceso a agua no contaminada. Por primera vez, las estadísticas oficiales ponen de manifiesto una disminución de la cobertura de agua, en comparación con estimaciones anteriores.

En los países en desarrollo, entre el 90% y el 95% de los desagües cloacales y el 70% de los desechos industriales se vierten sin depurar en aguas super-ficiales, donde contaminan las existencias de agua. En muchos países industrializados, los efluentes químicos de fertilizantes y plaguicidas y la lluvia ácida resultante de la contaminación atmosférica requieren costosos proce-dimientos de filtración y depuración, que consumen mucha energía, a fin de restaurar una calidad aceptable del agua.

Las soluciones exclusivamente tecnológicas para la escasez de agua probablemente tendrán efectos limitados. La desalación del agua de mar es costosa y actualmente representa menos de 1% del volumen de agua que consumen las personas.

Proteger las existencias de agua contra los contaminantes, restaurar los cursos naturales que alimentan los sistemas fluviales, ordenar el riego y el uso de productos químicos y poner coto a la contaminación atmosférica industrial son medidas de importancia crucial para mejorar la calidad y la disponibilidad del agua.

Alimentos

En muchos países, en los últimos años el crecimiento de la población ha sido superior al aumento de la producción alimentaria. Entre 1985 y 1995, la producción alimentaria fue a la zaga del crecimiento de la población en 64 de los 105 países en desarrollo estudiados y los países de África fueron los que presentaron un panorama peor.

Australia, Europa y América del Norte producen grandes excedentes de alimentos para la exportación y probablemente tienen capacidad para ampliar la producción alimentaria. No obstante, hay interrogantes con respecto a la sostenibilidad a largo plazo de las prácticas de agricultura intensiva.

La Organización de las Naciones Undias para la Agricultura y la Alimentación (FAO) clasifica a la mayor parte del mundo en desarrollo como "países de bajos ingresos con déficit alimentario". Esos países no producen alimentos suficientes para sus poblaciones y no pueden sufragar la importación de cantidades suficientes para subsanar el déficit. En esos países, unos 800 millones de personas están crónicamente desnutridas y 2.000 millones de personas carecen de seguridad alimentaria.

En muchos países pobres, la capacidad de producción alimentaria se está deteriorando debido a la degradación de los suelos, la crónica escasez de agua, las prácticas agrícolas inapropiadas y al rápido crecimiento de la población. Asimismo, gran parte de las tierras agrícolas se destinan a cultivos comerciales para la exportación, con lo que se priva a los habitantes locales pobres de tierras de cultivo y de alimentos.

Actualmente, 15 especies de cultivos proporcionan un 90% de los alimentos del mundo. De ellos, tres—arroz, trigo y maíz—son alimentos básicos de dos de cada tres personas. La continua erosión genética de las especies silvestres de cereales y de otras plantas cultivadas amenaza las acciones continuas para mejorar los cultivos de alimentos básicos. A menos que se frene la pérdida genética de las plantas o se la haga sustancialmente más lenta, hacia 2025 unas 60.000 especies de plantas—aproximadamente un cuarto del capital total mundial—podrían haberse perdido.

Las existencias de peces también están amenazadas. Según la FAO, de las existencias de peces marinos comerciales del mundo, un 69% están "explotadas hasta el límite de su capacidad, explotadas excesivamente, agotadas o recuperándose lentamente".

A fin de dar lugar a casi 8.000 millones de personas que se espera poblarán la tierra hacia 2025 y de mejorar sus dietas, el mundo tendrá que duplicar su producción alimentaria y mejorar la distribución de alimentos para asegurar que la gente no padezca hambre. Dado que las tierras de cultivo disponibles están disminuyendo, la mayor parte del aumento de la producción deberá lograrse con rendimientos más altos y no mediante la extensión de las tierras de cultivo. Por otra parte, las nuevas variedades de cultivos de alto rendimiento requieren fertilizantes y plaguicidas especializados que podrían perturbar el equilibrio ecológico y crear nuevos problemas de enfermedades y plagas.

A fin de lograr la seguridad alimentaria, es preciso que los países contrarresten el curso actual de la degradación de las tierras y las aguas. Incluso los países más pobres pueden salvaguardar su base de recursos, en particular, sus recursos de tierras y agua dulce, mejorar la capacidad productiva de las tierras y aumentar el rendimiento agrícola. Se necesita: una gobernabilidad responsable que equilibre intereses diversos, la participación de las comunidades (incluidas las mujeres, que suelen administrar los recursos locales), el compromiso en pro de la seguridad alimentaria y la cooperación de la comunidad internacional.

Cambio climático

En el siglo XX, la población humana se cuadruplicó, desde 1.600 millones hasta 6.100 millones de habitantes, y las emisiones de anhídrido carbónico, que atrapan el calor en la atmósfera, se multiplicaron por 12, desde 534 millones de toneladas métricas en 1900 hasta 6.590 millones de toneladas métricas en 1997.

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambios Climáticos (IPCC) estima que la atmósfera terrestre se calentará 5,8 grados centígrados en el próximo siglo, una proporción sin precedentes en los últimos 10.000 años. Las proyecciones de la "mejor estimación" del Grupo arrojan un aumento del nivel del mar de casi medio metro hacia 2100.

En 1995, el 20% de la población residente en países con las más altas emisiones per cápita de anhídrido carbónico proveniente de comustibles fósiles aportó 63% al total de las emisiones mundiales. El 20% de la población residente en los países con menores emisiones aportaron sólo un 2% del total. Los Estados Unidos, que sólo poseen 4,6% de la población mundial, producen un cuarto de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero.

Si se consideran los países industriales en su conjunto, las emisiones per cápita han permanecido relativamente estacionarias desde 1970: unas tres toneladas métricas por persona. Si bien las emisiones per cápita en los países en desarrollo siguen siendo muy inferiores a las de las regiones desarrolladas, esa distancia se está acortando.

El cambio climático tendrá graves efectos, entre ellos aumento de las tormentas, las inhundaciones y la erosión de los suelos, aceleración de la extinción de plantas y animales, desplazamiento de las zonas agrícolas y amenazas a la salud pública debidas al aumento del estrés hídrico y de las enfermedades tropicales. Esas situaciones podrían conducir al aumento del número de refugiados del medio ambiente y de la migración internacional por razones económicas.

Para equilibrar los beneficios y los costos del cambio climático, en provecho de todos, será necesario contar con liderazgo responsable y medidas concretas adoptadas por los países más ricos para poner coto a sus emisiones, además de financiación, transferencia de tecnología y fomento de la capacidad para que las regiones más pobres puedan responder a las amenazas de gran magnitud que se avecinan.

En algún momento de la primera parte del siglo XXI, los países en desarrollo aportarán más de la mitad del total de las emisiones. A medida que se va estrechando la discrepancia en las emisiones per cápita, cobrarán mayor importancia en los debates sobre políticas el tamaño de la población y su tasa de crecimiento.

Bosques, habitat y diversidad biológica

En los últimos decenios, a medida que el crecimiento de la población ha ido llegando a magnitudes sin precedentes, las tasas de deforestación han alcanzado los mayores niveles registrados en la historia.

Dado que los bosques tropicales contienen, según se estima, un 50% de la diversidad biológica que aún subsiste en el mundo, su destrucción es particularmente devastadora. De mantenerse las actuales tasas de deforestación, el último bosque tropical primario de magnitud apreciable podría ser talado dentro de los próximos 50 años, causando pérdidas irreversibles de especies. La deforestación tropical también contribuye a la acumulación de anhídrido carbónico en la atmósfera.

Si bien la silvicultura sostenible ofrece algunas buenas perspectivas, en los próximos decenios el mayor crecimiento de la población que arrojan las proyecciones planteará retos y opciones difíciles. Muchos de los países que contienen las mayores superficies de bosques tropicales restantes son también aquellos que tienen un crecimiento más acelerado de la población.

Tal vez una clave de la preservación de los bosques y la diversidad biológica que todavía subsiste sea la integración de los programas de salud reproductiva y planificación de la familia en las acciones de ordenamiento de parques y bosques.

El desarrollo, la pobreza y los efectos sobre el medio ambiente (capítulo 3)

Va en aumento el número de personas que están utilizando más recursos y con mayor intensidad que en ningún otro momento de la historia humana. La riqueza redunda en el consumo de energía y produce resíduos a velocidades enormemente superiores a las propias de la pobreza. Los efectos de la pobreza también destruyen el medio ambiente, pero los pobres están en el extremo de una larga cadena de causas y efectos. Son los mensajeros de la falta de sostenibilidad y no sus agentes.

El crecimiento de la población, el aumento de la riqueza—con aumento del consumo, de la contaminación y del despilfarro—y el aumento de la pobreza—con falta de los recursos y la tecnología necesarios para usarlos y falta de poder para cambiar esas circunstancias—están incrementando cada vez más las presiones sobre el medio ambiente.

La discrepancia en el consumo

Entre los países industrializados y los países en desarrollo hay una enorme "discrepancia en el consumo". Los países más ricos del mundo, donde reside un 20% de la población mundial, tienen un 86% del total del consumo privado, mientras que el 20% más pobre de la población mundial consume sólo 1,3%.

Un niño que nazca hoy en un país industrializado agregará durante toda su vida al consumo y la contaminación más que entre 30 y 50 niños nacidos hoy en países en desarrollo. La "huella" ecológica de los más ricos es mucho más profunda que la de los pobres y, en muchos casos, supera la capacidad de regeneración de la Tierra.

La pobreza y el medio ambiente

Pese al aumento de la riqueza mundial, que actualmente se estima en 24 billones (24.000.000.000.000) de dólares por año, hay unos 1.200 millones de personas que viven con menos de un dólar diario. Casi un 60% de 4.400 millones de personas residentes en países en desarrollo carecen de servicios sanitarios básicos, casi un tercio de esas personas no tienen acceso a agua no contaminada, un cuarto de ellas carecen de vivienda adecuada, un 20% de ellas no tienen acceso a modernos servicios de salud y un 20% de los niños no asisten a la escuela hasta finalizar el quinto grado.

Es evidente que la mundialización ha conducido al aumento de la riqueza mundial y ha estimulado el crecimiento económico. También ha agravado la desigualdad en el ingreso y la degradación del medio ambiente. Debido a la pobreza, muchas personas están incrementando la presión que ejercen sobre frágiles recursos naturales a fin de poder sobrevivir.

La creciente urbanización plantea otro problema. Cada día, unas 160.000 personas se trasladan del campo a la ciudad. Actualmente, casi la mitad de todas las personas viven en zonas urbanas. Muchas ciudades de países en desarrollo enfrentan graves problemas de salud medioambiental y condiciones de vida cada vez peores, debido al acelerado crecimiento, la falta de infraestructura adecuada para satisfacer las crecientes necesidades, la contaminación del agua y del aire y el aumento de los desperdicios, que alcanzan volúmenes superiores a los que esas ciudades pueden manejar.

Va en aumento el consenso acerca de que sólo un enfoque integrado de los problemas de la pobreza y la degradación del medio ambiente puede conducir al desarrollo sostenible. Los elementos fundametnales de éxito son el aumento de la base de recursos de los pobres, la inversión en servicios energéticos e infraestructura, el apoyo a las tecnologías "verdes" y la aplicación de apropiadas políticas de fijación de precios de recursos como el agua, la electricidad y los fertilizantes.

Con frecuencia, los pobres destinan largas horas a recoger combustibles y pagan más altos precios unitarios por la energía, mientras que los subsidios a la electricidad favorecen a las elites urbanas.

El crecimiento de la población rural no necesariamente daña al medio ambiente, pero la limitada disponibilidad de tierras suele redundar en que los pobres se radiquen en zonas frágiles. Las políticas positivas, entre ellas las políticas de población, conducirán a un máximo aprovechamiento de las oportunidades, a la evitación de las limitaciones y a la promoción de la equidad.

Sólo un enfoque integrado de la lucha contra la pobreza y la protección del medio ambiente puede conducir al desarrollo sostenible. Tendrán importancia el control local y el respeto por los conocimientos locales. Es imprescindible escuchar las voces de las mujeres, que son responsables del abastecimiento de alimentos, agua, combustibles y otros recursos del hogar.

Los efectos de los seres humanos sobre el medio ambiente están exacerbando la intensidad de los desastres naturales, y quienes sufren las consecuencias son los pobres. Hay 25 millones de refugiados del medio ambiente.

Las mujeres y el medio ambiente (capítulo 4)

En todo el mundo, las mujeres son quienes tienen la responsabilidad primordial de criar a los hijos y procurar suficientes recursos para satisfacer sus necesidades. En las zonas rurales de los países en desarrollo, las mujeres son también las principales administradoras de recursos esenciales del hogar, entre ellos el agua no contaminada, los combustibles para la cocción y la calefacción y el forraje para los animales domésticos.

Las mujeres constituyen más de la mitad de la fuerza laboral agrícola. Se encargan de los cultivos para el hogar y el mercado y en muchos casos son quienes producen la mayoría de los alimentos básicos. En los países más pobres del mundo, las mujeres son jefas de casi un cuarto de las familias rurales.

Empero, aun cuando las mujeres tienen la responsabilidad primordial de administrar los recursos, por lo general no tienen control sobre ellos. Las leyes nacionales o las costumbres locales con frecuencia deniegan a las mujeres el derecho a obtener un título de propiedad o a heredar tierras y esto significa que no tienen garantías para solicitar créditos y mejorar su condición.

Las mujeres suelen carecer de derechos en otros aspectos de sus vidas, lo cual refuerza la desigualdad de género. La altas tasas de fecundidad y las familias numerosas siguen siendo características de la vida rural, aun cuando la justificación de tener tantos hijos es cosa del pasado. Esto refleja en parte la falta de opción de las mujeres al respecto.

El desarrollo sostenible exige que se reconozcan y se valoren las múltiples maneras en que la vida de la mujer se entremezca con las realidades del medio ambiente. La mujer necesita apoyo jurídico y social para obtener el título de propiedad de las tierras, mantenerlo y heredarlo. También necesita tener acceso al crédito y a servicios de difusión agrícola y de ordenamiento de los recursos.

Dado que van disminuyendo las oportunidades rurales, son numerosos los hombres que migran y esto aumenta las cargas y las responsabilidades de las mujeres en la familia, aunque a veces tal vez reciban remesas de dinero para la vivienda, la educación y la atención de la salud.

La urbanización ofrece muchos peligros y oportunidades para las mujeres. En general, las condiciones de seguridad del embarazo y el parto son mejores en las zonas urbanas, donde lo más probable es que los servicios de salud sean más accesibles. La vida en las ciudades también ofrece a las mujeres una más amplia gama de opciones en cuanto a la educación, el empleo y el matrimonio, pero también conlleva mayores riesgos de violencia sexual, abuso y explotación.

Trátese de familias urbanas o rurales, las opciones con respecto al número y el espaciamiento de los hijos; los servicios de salud incluidos los de salud reproductiva; la educación y la alianza con los hombres, figuran entre la gama de opciones que necesitan las mujeres a fin de administrar eficazmente su hogar y otros recursos.

Es imprescindible la participación de las mujeres en las decisiones que atañen a la salud y el medio ambiente. Va en aumento la cantidad de experiencias que muestran que los servicios de salud reproductiva y medio ambiente pueden beneficiarse al funcionar conjuntamente, cuando se diseñan de modo de satisfacer las prioridades propias de la comunidad.

También son imprescindibles las leyes y las políticas relativas a los derechos y la igualdad de la mujer, así como al uso sostenible y la protección de los recursos naturales. Sin un apoyo de ese tipo, muchas mujeres quedan atrapadas en una espiral viciosa de continua degradación del medio ambiente, pobreza, alta fecundidad y limitadas oportunidades.

Muchos grupos de mujeres se están organizando a fin de integrar plenamente a la mujer en el proceso político para que pueda participar cabalmente en la adopción de las decisiones de política que afectan su vida.

La salud y el medio ambiente (capítulo 5)

Las condiciones del medio ambiente contribuyen a determinar si las personas tienen o no buena salud y cuánto tiempo han de vivir. Hay una estrecha relación entre el medio ambiente y la salud reproductiva.

Las condiciones del medio ambiente contribuyen apreciablemente a las enfermedades contagiosas, que son la causa de entre 20% y 25% de las defunciones anuales en todo el mundo. Según se estima, un 60% de las infecciones agudas de las vías respiratorias, un 90% de las enfermedades diarreicas, un 50% de las enfermedades respiratorias crónicas y un 90% de los casos de paludismo podrían evitarse mediante simples medidas relativas al medio ambiente.

El agua contaminada y el correlativo saneamiento deficiente se cobran cada año las vidas de más de 12 millones de personas. La contaminación del aire se cobra casi otros tres millones de vidas, mayormente en países en desarrollo.

Los cambios en el uso del suelo pueden tener muchos efectos sobre la salud. Las represas y los sistemas de riego pueden crear caldos de cultivo de vectores patógenos; la mayor utilización de plaguicidas y fertilizantes puede exponer a las poblaciones locales a productos químicos tóxicos.

Las megaciudades densamente pobladas y en rápido crecimiento someten a sus poblaciones a contaminación atmosférica a niveles muy superiores a los recomendados por la OMS.

La contaminación del aire en el interior de las viviendas—hollín resultante de la combustión de madera, estiércol, residuos de plantas y carbón para la cocción de alimentos y la calefacción de las viviendas—afecta a unos 2.500 millones de personas, en su mayoría mujeres y niñas y, según se estima, se cobra cada año más de 2,2 millones de vidas, más del 98% de ellas en países en desarrollo.

La contaminación tiene efectos directos sobre la salud reproductiva, en especial la de los pobres. La expansión urbana no planificada y la incorporación de tierras rurales marginales redundan en el aumento del número de personas que carecen de acceso a servicios de salud reproductiva, lo cual incrementa los riesgos de mortalidad derivada de la maternidad y embarazo no deseado. La carencia de agua no contaminada en los centros de salud va en desmedro de la calidad de los servicios prestados.

A partir de 1900, la industrialización ha introducido en el medio ambiente casi 100.000 productos químicos anteriormente desconocidos; la mayoría de ellos no han sido estudiados, ni individualmente ni en combinación, para determinar sus efectos sobre la salud. Algunos de ellos, prohibidos en países industrializados debido a sus efectos nocivos, siguen siendo utilizados ampliamente en los países en desarrollo.

Muchos productos químicos se han incorporado en el aire, el agua, los suelos y los alimentos; y también en los seres humanos. La exposición a esos productos químicos comienza en el útero. Algunos productos químicos utilizados en la agricultura y la industria causan fracasos del embarazo y dificultades en el desarrollo de los recién nacidos y los niños, además de enfermedades y muerte. La exposición a la radiación nuclear y a algunos metales pesados tiene efectos genéticos.

El cambio climático tendrá numerosos efectos sobre la salud, por ejemplo, al cambiar las zonas de riesgo para las enfermedades transmitidas por insectos.

La migración y el intercambio entre zonas rurales y urbanas y entre diferentes países, contribuyen a la propagación de enfermedades. Los asentamientos humanos en nuevas zonas suelen tener deficientes servicios de salud.

La crisis del VIH/SIDA está estrechamente vinculada con otras cuestiones de desarrollo más amplias, entre ellas la pobreza, la desnutrición, la exposición a otros contagios, la desigualdad de género y la inseguridad en los medios de vida. La epidemia, con sus efectos directos y devastadores sobre la salud y la familia, dificulta la protección del medio ambiente, intensifica los problemas de la mano de obra agrícola y aumenta las cargas que pesan sobre las campesinas.

Acciones para lograr un desarrollo sostenible y equitativo (capítulo 6)

Han cambiado las definiciones y la comprensión acerca del desarrollo. El desarrollo económico, el estado del medio ambiente, la salud de hombres, mujeres y niños y la condición de la mujer son todos aspectos estrechamente relacionados entre sí. Para el desarrollo es menester que mejore la vida de los individuos, en general por cuenta propia; la condición de la mujer tiene poderosos efectos determinantes sobre el estado del desarrollo y es preciso que las mujeres dispongan de buenos servicios de salud reproductiva para que mejore su condición.

La comprensión de esas situaciones se ha expresado en documentos de consenso negociados en varias conferencias mundiales que se convocaron en el decenio de 1990. Esas conferencias trataron del medio ambiente y el desarrollo en 1992, la población y el desarrollo en 1994, el desarrollo social en 1995, y también en 1995, los derechos de la mujer.

La CIPD, celebrada en 1994, reconoció las conexiones recíprocas entre aminorar la velocidad del aumento de la población, disminuir la pobreza, lograr el progreso económico, proteger el medio ambiente y reducir las pautas insostenibles de consumo y producción. La CIPD destacó la necesidad de velar por la vigencia de los derechos de la mujer, incluido el derecho a la salud reproductiva, como condición imprescindible por derecho propio y como clave del desarrollo sostenible.

En el examen realizado en 1999 por 185 países del progreso en la ejcución del Programa de Acción de la CIPD se comprobó que las metas y los enfoques seguían siendo válidos, que muchos gobiernos habían introducido cambios en sus programas de salud y población para ajustarse más estrechamente al enfoque de la conferencia, que varias cuestiones—especialmente el VIH/SIDA—habían cobrado mayor urgencia después de 1994 y que la financiación tenía niveles alarmantemente inferiores a los esperados y planteados como metas en El Cairo. Durante el examen al cabo de cinco años se adoptaron nuevos datos básicos de referencia y se asumieron nuevos compromisos para la acción.

El examen que se realizará en 2002 del acuerdo alcanzado en 1992 en Río de Janeiro sobre el Programa 21 presentará la oportunidad de incorporar el programa de la CIPD en las iniciativas de desarrollo sostenible.

Acciones y recursos

Es urgente movilizar los recursos necesarios a fin de aplicar el Programa de Acción de la CIPD. Los recursos actualmente disponibles para programas de población y salud reproductiva están muy por debajo de los 17.000 millones de dólares que, según se convino en la CIPD, se necesitarían en 2000. Mientras los países en desarrollo están aportando la myor parte de la proporción que les corresponde de los recursos necesarios, el apoyo de los donantes internacionales es menos de la mitad de los 5.700 millones de dólares acordados para el año 2000.

La prevención del VIH/SIDA fue parte del conjunto de medidas acordadas en la CIPD. Pero es necesario contar con fondos considerablemente superiores para dispensar tratamiento y atención a los millones de personas que viven con el VIH. La eliminación total de las necesidades insatisfechas de planificación de la familia hacia 2015 es ahora una meta internacionalmente acordada; para alcanzarla será necesario contar con más recursos. Otro reto de gran entidad es reducir la mortalidad derivada de la maternidad.

El déficit de los recursos ya está poniendo de manifiesto sus efectos. Las disminuciones en las tasas de fecundidad han sido más lentas que lo que habría cabido esperar si mayor cantidad de parejas e individuos hubieran podido tener el número deseado de hijos. Los costos de demorar la acción aumentarán rápidamente a lo largo del tiempo.

Beneficios de un crecimiento más lento

Las políticas y programas que abordan cuestiones de crecimiento de la población, salud reproductiva y ampliación de los medios de acción de la mujer satisfacen acuciantes necesidades humanas y promueven los derechos humanos. También tienen importantes beneficios sobre el medio ambiente, los cuales son difíciles de cuantificar debido a las múltiples interacciones. Pero es evidente que proporcionar pleno acceso a los servicios de salud reproductiva, que son relativamente poco costosos, insumirá a largo plazo recursos mucho menores que el costo de las consecuencias para el medio ambiente de un crecimiento más acelerado de la población, crecimiento que ocurrirá de no satisfacerse las necesidades en materia de salud reproductiva. También se lograrían grandes beneficios económicos y de salud, así como un aumento de las oportunidades sociales.

Recomendaciones

La promoción de los derechos humanos, la erradicación de la pobreza, la mejora de la salud reproductiva y el logro de un equilibrio entre las necesidades de población y desarrollo y la protección del medio ambiente requerirán una amplia gama de acciones. Algunas prioridades son:

  1. Llevar a la práctica el acuerdo mundial logrado por consenso en la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo.
  2. Proporcionar incentivos para la difusión, el mayor desarrollo y la utilización de procesos productivos más sostenibles.
  3. Mejorar la base de información para prácticas más sostenibles de población, desarrollo y medio ambiente.
  4. Poner en práctica las acciones convenidas internacionalmente a fin de reducir la pobreza y promover el desarrollo social.

La acción sobre cuestiones de población, medio ambiente y desarrollo es a la vez necesaria y práctica. Los diversos acuerdos internacionales sobre el medio ambiente y el consenso internacional sobre población y desarrollo se están traduciendo en realidades eficaces. Esos acuerdos sólo subrayan la necesidad de realizar esfuerzos más amplios y extensos.

El cambio cultural, la población y el medio ambiente

Todas las comunidades tratan de obtener lo que valoran y valorar. El cambio cultural es un proceso mediante el cual la sociedad se adapta y ajusta a un mundo en evolución. Pero éste no es un proceso unidireccional; el cambio social podrá comenzar con las cambiantes percepciones en el plano local, así como en respuesta al cambio del medio ambiente externo.

La comprensión cultural media en la aplicación de valores trascendentales a la vida cotidiana. Por ejemplo, la mayoría de las tradiciones culturales reconocen que los seres humanos han de cuidar el medio ambiente. Valoran la herencia natural de cada generación, que cada una lega, a su vez, a las generaciones futuras. Hacen hincapié en la perspectiva a largo plazo cuando se efectúen opciones en lo inmediato (aun cuando con frecuencia se hace caso omiso de esta sabiduría).

Las culturas tienden a evolucionar lentamente: propugnan la precaución frente a los riesgos y las incertidumbres del cambio. Pero en respuesta al cambio del ámbito externo evolucionan culturas pujantes.

La comprensión cultural reconoce las economías cambiantes y los ámbitos en evolución, adaptándose a ellos, y la resistencia de base cultural contra el cambio puede reflejar intereses a corto plazo, antes que valores fundamentales.


Shehzad Noorani, Still Pictures
Bangladesh. Una mujer asiste a una clase de alfabetización de adultos.

Esos principios generales se reflejan en el debate internacional sobre los temas de que se trata en el presente informe. Las huellas de esos principios generales pueden encontrarse en los acuerdos a los que llegó por consenso la comunidad mundial en lo tocante al desarrollo social6.

Las prácticas culturales pueden ser fuente de importante información. Los conocimientos y las prácticas autóctonos reflejan la adaptación a realidades del medio ambiente que tal vez no sean plenamente apreciadas por los científicos y los tecnócratas. La ciencia moderna ha vuelto a aprender lecciones de prácticas agrícolas tradicionales. Por ejemplo, el cultivo en terrazas de patatas en Centroamérica tiene más altos rendimientos y mayor protección contra las plagas, a un costo menor, que las numerosas técnicas posteriores. Los agricultores y los ecólogos han logrado beneficios similares de la alternación de hileras de determinados cultivos en los campos: la diversidad local produce resultados que son inalcanzables con las monoculturas en gran escala.

No obstante, la diversidad de los cultivos está amenazada, como lo está la diversidad de las especies. Es posible que muchas modalidades de conocimientos tradicionales desaparezcan antes de que sea posible validarlas y difundirlas más ampliamente. Muchos medicamentos de los botiquines modernos se derivan de sustancias vegetales o animales naturales utilizadas en prácticas culturales históricas7. Las cambiantes pautas forestales ya han transformado los cultivos de la región del Amazonas, en Centroamérica, en África y en el Asia sudoriental.

El rápido cambio del medio ambiente, debido a causas naturales, acciones de los seres humanos o a una combinación de ambos factores, amenaza los cultivos tradicionales. En África, el Lago Chad ha perdido un 95% de su superficie en los últimos 40 años, como resultado del clima más seco y la mayor demanda de riego8. Los nómades y los pescadores que dependían de las aguas del lago han sido reemplazados por asentamientos de agricultores.

Recuadro 2. La mundialización y el sector público

Las represas han posibilitado la generación de energía y el riego en vasta escala; pero las represas existentes contribuyen a muchos problemas del medio ambiente y nuevas represas desplazarán a comunidades y modalidades de vida establecidas de antigua data, desde los árabes en las marismas del Delta del Tigris y el Eufrates9 hasta los pobladores himba de Nimibia y sus vecinos10. La Comisión Mundial de Represas informa de que 68 de las 123 represas estudiadas en todo el mundo desplazarán a numerosos asentamientos, muchos de los cuales representan culturas sin par.

La adaptación cultural se realiza según muchas modalidades; entre ellas, la más generalizada es la transición hacia la vida urbana, que ahora está avanzando en todas las regiones. La urbanización ofrece muchas ventajas, pero una cultura específicamente urbana que refleje la preocupación por el bienestar de los individuos, la comunidad y el medio ambiente en general, se crea con mucha lentitud. El establecimiento de mecanismos para la organización cultural en gran escala—incluida la gobernabilidad de un grupo dotado de gran diversidad, que puede ser mucho mayor que las tradicionales comunidades homógeneas—es un proyecto de desarrollo al cual se ha prestado muy poca atención.

Las fuerzas que impulsan el cambio son numerosas y poderosas. En todo el mundo se están introduciendo nuevos cambios debido a la mayor información acerca de otros estilos de vida, a las tendencias económicas y sociales (inclusive los efectos de mercados locales, regionales y mundiales) así como a la educación, las instituciones civiles y los papeles sociales. Los agentes de cambio probablemente no han de inspirar respeto a menos que, a su vez, respeten los valores de las comunidades, ni han de beneficiarse con los conocimientos locales a menos que tengan algún contacto con la comunidad.

Los encargados de formular políticas en todos los niveles y las instituciones públicas y empresas privadas, incluidas las empresas transnacionales, deberían buscar oportunidades de diálogo en condiciones que se comprendan localmente. Deberían responder a las preocupaciones locales e incorporar las perspectivas locales. La diversidad de interpretaciones culturales puede ser fuente de fortaleza y mejorar la adopción de decisiones, cuando dichas interpretaciones son explícitas y se las aplica.

Cuando se aplican enfoques de inclusión, las culturas se adaptan. Los tuareg del Sahel, para mencionar un solo ejemplo, están abandonando su estilo de vida nómade de comercio y pastoreo, a medida que los transportes mecanizados pasan a ser los medios preferidos para viajar en el Sahara. Al transformar las ocupaciones agrícolas para adoptar las propias de los asentamientos, se cambian los estrictos papeles de género y se dota a las mujeres de mayores oportunidades de comunicación con los hombres y de valiosa participación económica y social. No obstante, junto con esos cambios, se siguen respetando el desierto y su ecología11.

En una sociedad diversificada, es preciso encontrar medios que reflejen los intereses de la comunidad en general, así como los de la comunidad local. El surgimiento en el siglo XX de la democracia, como expresión política de la adaptación cultural a una realidad externa en rápido crecimiento, es un signo alentador. Algunos pensadores, como Amartya Sen, están reflexionando acerca de los aspectos culturales de la democracia y sus repercusiones para el desarrollo.

El debate sobre población, medio ambiente y desarrollo atañe, entre otras cosas, a la relación entre la libertad individual de expresión y de opción, por una parte, y los intereses más amplios de la comunidad, por la otra. Ya se ha alcanzado un cierto grado de consenso; por ejemplo, se conviene en que la libre opción individual acerca del número y el espaciamiento de los hijos promoverá la meta mundial de reducir el acelerado crecimiento de la población. Al avanzar hacia la igualdad de género y la ampliación de los medios de acción de la mujer, las opciones en materia de reproducción promueven también la conservación del medio ambiente.

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