Estado de la Población Mundial 2000 Artículo periodístico

United Nations Population Fund

El costo de la desigualdad de género

Tugurio en Haití. Los hombres, y la sociedad en general, pagan un precio por la condición de ciudadana de segunda clase de la mujer.

La discriminación contra la mujer tiene obvios costos sociales. En muchos países, se deniega la educación y la atención de la salud a las niñas y las mujeres. Millones padecen violencia y malos tratos. Están sujetas a tribunales y sistemas jurídicos prejuiciados. Se les deniegan oportunidades de empleo. Pero los costos financieros son tan importantes como los costos sociales, según un nuevo informe del Fondo de Población de las Naciones Unidas (FNUAP), en el que se afirma que la discriminación de género no sólo perjudica a millones de individuos en todo el mundo, sino que también menoscaba el crecimiento económico de los países.

"Si bien la medición de los costos financieros y sociales de la desigualdad es difícil, una clara presentación puede contribuir a que los encargados de formular políticas adopten medidas y fijen mejor las prioridades", se afirma en el informe Estado de la Población Mundial 2000. La discrepancia de género en la educación es un ejemplo. Según se ha estimado, un aumento de 1% en la escolarización secundaria de la mujer redunda en un aumento de 0,3% en el crecimiento económico.

Se ha comprobado la contribución de la educación de la mujer al crecimiento económico en las economías de varios países del Asia oriental y sudoriental que, entre los decenios de 1960 y 1980, experimentaron un crecimiento económico con tasas sin precedentes, que en promedio llegaron a 8% anual. Este proceso se benefició en gran medida con las inversiones tempranas en salud y educación, especialmente para las mujeres, se afirma en el informe. Las tasas de natalidad disminuyeron rápidamente y en el decenio de 1980, esos países estaban en condiciones de efectuar mayores inversiones para estimular el crecimiento económico. En varios análisis se atribuye un 30% del crecimiento económico de los "tigres asiáticos" a las cambiantes estructuras de edades, como consecuencia de menores tasas de mortalidad y natalidad. Según el informe, esto equivale a un adelanto de 1.525 dólares per cápita en un período de 30 años.

Puede percibirse la situación opuesta en el Asia meridional y los países de África al sur del Sahara, donde el crecimiento económico es lento y la discrepancia de género en la educación es la mayor del mundo. En esas regiones, menos del 40% de los estudiantes secundarios son de sexo femenino.

También se comprobó que el rendimiento económico de las inversiones en la educación femenina es superior al de las inversiones en la educación masculina. Una razón es que las mujeres que aprovechan sus conocimientos prácticos a fin de aumentar sus ingresos efectúan mayores inversiones en la salud y la educación de los niños, con lo cual crean un efecto en cascada, desde una generación hacia la siguiente.

En el informe se afirma que una mejor contabilización de las contribuciones económicas de la mujer, que son insuficientemente computadas debido a que suelen efectuarse en el sector paralelo o no estructurado (informal) de la economía, podría alentar las inversiones y la productividad. En un estudio realizado en Kenya se llegó a la conclusión de que cuando se brindaba a las mujeres agricultoras el mismo apoyo que a los varones agricultores, los rendimientos de las primeras aumentaban en más del 20%. En un estudio realizado en América Latina se estimó que al eliminar la desigualdad de género en el mercado laboral se podrían incrementar los salarios de la mujer en un 50% y el producto nacional, en un 5%.

Los costos de la violencia por motivos de género también son de gran magnitud pero de difícil determinación, dado que casi no existen los estudios en países en desarrollo. Según el informe, en todo el mundo al menos una de cada tres mujeres ha sido apaleada, obligada bajo coacción a entablar relaciones sexuales o maltratada de alguna otra manera. El Banco Mundial ha estimado que en los países industrializados, el ataque y la violencia sexuales eliminan casi uno de cada cinco años de vida saludable en las vidas de las mujeres de entre 15 y 44 años de edad; los empleadores de los Estados Unidos absorben costos a causa del ausentismo, los mayores gastos de atención de la salud, la acelerada renovación del personal y la menor productividad, que ascienden a 4.000 millones de dólares anuales. Se estima que en el Canadá, los costos de la violencia contra la mujer en materia de salud ascienden a 900 millones de dólares por año.

En esas estimaciones se incluyen los costos de actividades policiales, reclusión y libertad bajo vigilancia, de indemnizaciones por lesiones criminales, de asistencia y asesoramiento a las víctimas, de una parte de la atención por trastornos de la salud mental, de suplementación del ingreso, de albergues para las víctimas, de tiempo de trabajo perdido y de tratamiento de los delincuentes. Los costos psicológicos de la violencia y la discriminación por motivos de género suelen ser de gran magnitud. Las mujeres padecen en forma desproporcionada de síndromes depresivos, que son importantes causas de enfermedad en todo el mundo y redundan en menor productividad, pérdida de salarios, gastos médicos y otros gastos.

La desigualdad también redunda en otros costos para la atención de la salud. Se ha comprobado que el limitado acceso de los pobres a los servicios de salud tiene efectos relativos de mayor magnitud sobre las mujeres que sobre los hombres, y en las mujeres hay mayores probabilidades de que afecten el embarazo. Los costos económicos de la mortalidad derivada de la maternidad, que cada año causa la pérdida de más de medio millón de vidas de mujeres, abarcan la pérdida de las contribuciones de la mujer a la familia, la mayor mortalidad de sus hijos y las crecientes cargas que pesan sobre los sobrevivientes para el cuidado del hogar y de los niños. En un estudio realizado en la India se comprobó que al morir las mujeres, muchas veces corría peligro la supervivencia del hogar, dado que los hombres no estaban acostumbrados a hacerse cargo de las cuestiones domésticas.

La desigualdad entre hombres y mujeres también ha contribuido a intensificar la epidemia del VIH/SIDA, que está suscitando enormes costos en varios países, en especial en partes de África gravemente afectadas. Las mujeres suelen tener menos control acerca de si entablar o no relaciones sexuales, cuándo y dónde. En cuanto a los hombres, las creencias culturales acerca de "la virilidad" a menudo alientan los comportamientos sexuales riesgosos y el consumo de drogas. Se calcula

que en algunos países la pandemia del VIH/SIDA ha reducido el producto interno bruto per cápita en un 0,5% anual. Los efectos sobre los pobres y sobre los sistemas de salud son aun mayores. El programa ONUSIDA estima que solamente para la prevención y la atención del VIH/SIDA en África al sur del Sahara es necesario gastar 1.000 millones de dólares anuales.

En el informe se llega a la conclusión de que "una de las claves del desarrollo sostenible será cobrar conciencia de los costos de la discriminación, darle visibilidad frente a los encargados de formular políticas y las familias, y encontrar maneras de eliminarla".

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