Estado de la Población Mundial 2000 Capítulo 5: Cómputo del costo de la desigualdad de género

United Nations Population Fund

La condición de ciudadana de segunda clase de la mujer entraña un costo financiero y social, y no sólo para la mujer. El hombre y la sociedad en general también pagan un precio.

Por esta razón, la potenciación del papel de la mujer es un objetivo fundamental del desarrollo sostenible. Como ha observado Amartya Sen, laureado con el Premio Nobel, el "objetivo global" de desarrollo es maximizar "la capacidad" de las personas: su posibilidad de "tener el tipo de vida que para ellas es valioso y tener razones para valorarlo"1. No es meramente una cuestión de economía; como dijo la Dra. Sadik, "las mejores condiciones de salud y educación y la posibilidad de planificar el futuro de sus familias ampliarán las opciones económicas de la mujer; pero también liberarán su mente y su espíritu".

UNICEF/0749/Nicole Toutounji
UNICEF/0749/Nicole Toutounji

Tugurio en Haití. Los hombres, y la sociedad en general, pagan un precio por la condición de ciudadana de segunda clase de la mujer.

La potenciación del papel de la mujer y la igualdad son importantes derechos humanos en sí mismos y un análisis exclusivamente económico de la desigualdad de género conduciría a la "reificación" de mujeres y hombres2. No obstante, es menester no dejar de lado los aspectos económicos: al promover la igualdad de género, también se promueven el crecimiento y desarrollo estables de los sistemas económicos, lo cual redunda en beneficios sociales, además de los estrictamente económicos.

Gran parte del trabajo de la mujer, remunerado y no remunerado, tiene repercusiones económicas, aun cuando raramente se pone de manifiesto o se cuantifica plenamente la contribución femenina. Si dicha contribución fuera reconocida en su justo valor y apoyada consecuentemente, el incremento de valor compensaría todos los costos o todas las presuntas economías dimanadas de la desigualdad, por ejemplo, en el trabajo agrícola no remunerado de la mujer.

La desigualdad entre hombres y mujeres causa la pérdida de oportunidades e impide que haya beneficios recíprocos. En general, la discriminación:

• Desvía recursos de las actividades en pro de las mujeres, a veces para favorecer inversiones menos productivas en los hombres;

• Recompensa a los hombres, aunque también a algunas mujeres, con lo cual todos pierden de vista las alternativas productivas;

• Obstruye la participación social y económica y excluye posibles alianzas;

• Reduce la eficacia de la mujer, puesto que no la apoya cuando debe hacer frente a sus responsabilidades, problemas y cargas.

Recuadro 23: Desarrollo y derechos humanos

Una de las claves del desarrollo sostenible será reconocer los costos de la discriminación, darles visibilidad ante los encargados de formular políticas y las familias y arbitrar maneras de eliminar dichos costos.

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Los costos de la invisibilidad económica

Las contribuciones económicas de la mujer se computan insuficientemente debido a que las mujeres suelen estar en el sector paralelo o no estructurado (informal) de la economía, respecto del cual la preparación de informes es menos sistemática. Si esas aportaciones se computaran mejor, la actividad económica de la mujer se tornaría más claramente visible y el beneficio de apoyarla podría compararse con otras oportunidades de inversión.

A la hora de asignar recursos, se suele hacer caso omiso de la mujer. Después de que se hayan despejado las tierras para dedicarlas a la agricultura de subsistencia, son las mujeres quienes realizan la mayor parte del trabajo; pero las mujeres raramente son propietarias de la tierra y los préstamos y servicios de divulgación benefician a los propietarios de tierras. Los programas de divulgación agrícola dirigidos a las mujeres podrían mejorar sustancialmente la producción, el ingreso y el bienestar de la familia. En un estudio se llegó a la conclusión de que cuando se ofrecía a las agricultoras de Kenya el mismo apoyo que a los hombres, ellas podían incrementar el rendimiento de los cultivos en más del 20%3.

Si se eliminara la discriminación, aumentaría el ingreso nacional, así como el ingreso de las mujeres. En un estudio efectuado en América Latina se estimó que al eliminar la desigualdad de género en el mercado laboral podrían aumentar los salarios de las mujeres en un 50% y el producto nacional, en un 5%4.

La posición de las mujeres como administradoras de los recursos del hogar magnifica los efectos de la desigualdad económica. El menor nivel educacional, las menores oportunidades económicas, la falta de control sobre los recursos y la falta de acceso a los servicios de salud reproductiva tienen efectos inmediatos sobre el nivel nutricional de los niños, sobre su salud y sobre su desarrollo, así como sobre la salud de la madre y el número de hijos5.

Recuadro 24: El trabajo de la mujer está insuficientemente remunerado

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Los costos de denegar servicios de atención de la salud

Un 30% del crecimiento económico per cápita en Gran Bretaña entre 1780 y 1979 se atribuyó a mejoras en las condiciones de salud y nutrición. En estudios sobre diversos países, correspondientes a períodos más recientes, se han efectuado estimaciones similares6.

Por otra parte, cuando las inversiones en servicios de salud son insuficientes, esto redunda en considerables costos, tanto para los hombres como para las mujeres. En los países más pobres, la esperanza de vida es menor y lo propio ocurre entre los pobres de todos los países. La mala salud reduce el ingreso y agrava el estrés.

En el decenio de 1990, en muchos países disminuyeron las inversiones públicas en atención primaria de la salud, como proporción de los gastos gubernamentales, y los costos se trasfirieron a los clientes. Pero los pobres, especialmente las mujeres, no pueden sufragar los costos y dependen de los servicios públicos.

Es posible medir los efectos de las reducciones en los gastos públicos, inclusive los relativos a la reforma del sector de salud7. En Indonesia, después de la crisis económica ocurrida a fines del decenio de 1990, la utilización de los servicios de salud disminuyó y el nivel de salud empeoró, mayormente para las mujeres y, en particular, para los pobres8. En un experimento controlado se demostró que la utilización de centros de salud disminuyó en las zonas donde se impuso el pago de derechos, y además, en esas zonas se prolongó el tiempo de recuperación después de una enfermedad y disminuyó la participación en la fuerza laboral, en particular de los pobres, los hombres mayores de 40 años y las mujeres pertenecientes a familias de baja condición económica y educacional.

En todo el mundo, las niñas tienen mayores probabilidades de sobrevivir después de la infancia que los niños varones, salvo en los países donde es más grave la discriminación por motivos de sexo9. Pero la discrepancia entre los niños de hogares pobres y no pobres es más pronunciada para las niñas: en los hogares pobres, las probabilidades de que mueran los niños varones es 4,3 veces superior en comparación con hogares en situación más holgada, pero hay probabilidades 4,8 veces superiores de que las niñas en hogares pobres pierdan la vida; probablemente, su mayor vulnerabilidad es consecuencia de sus menores posibilidades de recibir atención médica10.

En etapas posteriores de la vida, el contraste es diferente. Un 19% de los hombres en posición desahogada tienen probabilidad de morir entre los 15 y los 59 años de edad, mientras para las mujeres en esa misma posición la probabilidad es 9%. Pero el riesgo de muerte en hogares pobres, en comparación con los que no son pobres, es 2,2 veces superior para los hombres y 4,3 veces superior para las mujeres. El limitado acceso a los servicios de salud de que disponen los pobres tiene efectos relativamente mucho mayores sobre las mujeres que sobre los hombres. En particular, las mujeres pobres tienen más probabilidades de perder la vida como resultado del embarazo.

Los sistemas de atención de la salud reflejan diferentes papeles de género dentro de las profesiones de salud. Las enfermeras o los agentes paramédicos, inclusive las parteras, así como los trabajadores de divulgación, son mayormente mujeres. La mayoría de los médicos y funcionarios ejecutivos – ministros, funcionarios públicos, profesionales de alto nivel y administradores de hospitales – son hombres; estos tal vez estén más predispuestos a ocuparse de los problemas de salud de los hombres o tengan mayores probabilidades de hacer caso omiso de los problemas de la mujer. Una parte desproporcionada de las investigaciones se ha centrado en enfermedades que causan defunciones en los hombres. En las actividades de investigación y desarrollo de las empresas farmacéuticas, los ensayos clínicos suelen no analizar cabalmente la eficacia, los efectos secundarios y las contraindicaciones en lo que respecta a las mujeres11.

Asimismo, la salud de los hombres puede quedar perjudicada por factores relativos al género, particularmente por expectativas no razonables acerca de la capacidad de tolerar el dolor, como cualidad propia de "la masculinidad". Debido a esa idea, tal vez los hombres aplacen el momento de solicitar atención médica. La detección tardía de muchas enfermedades puede agravarlas y aumentar las probabilidades de discapacidad o muerte.

Mortalidad y morbilidad derivadas de la maternidad

Es imposible calcular racionalmente el costo de una vida perdida12. Las defunciones y enfermedades derivadas de la maternidad afectan de muchas maneras a las mujeres, a sus hijos, a sus esposos, a sus familias amplias y a sus comunidades. Los costos económicos de la defunción de una madre abarcan la pérdida de sus contribuciones (monetarias y no monetarias) a la familia y su supervivencia, mayores tasas de mortalidad de sus hijos, crecientes cargas para los sobrevivientes en lo tocante a la atención del hogar y el cuidado de los niños y otros efectos sobre las comunidades y las sociedades13.

Los efectos directos sobre el bienestar de los niños se han documentado inequívocamente. Hay grandes probabilidades de que los niños pierdan la vida si uno de sus progenitores muere, pero las probabilidades son mucho mayores si quien muere es la madre. Asimismo, la muerte de una mujer14 tiene mayores efectos negativos sobre el crecimiento de los niños y sobre las tasas de matriculación escolar, particularmente cuando se trata de familias pobres15; los niños de más corta edad se matriculan más tarde y los niños de entre 15 y 19 años de edad abandonan la escuela antes.

En un estudio sobre la India se comprobó que cuando las mujeres perdían la vida, solía afectarse la supervivencia del hogar debido a que los hombres no estaban acostumbrados a manejar los asuntos o el presupuesto del hogar. Los hijos mayores a menudo abandonaban la escuela para ayudar a mantener a la familia o eran enviados a vivir con sus abuelos. Las estructuras tradicionales de familias amplias ayudan a las personas afectadas a hacer frente a la muerte de un adulto, pero están predominando cada vez más las familias nucleares, particularmente en las ciudades y en la clase media16.

El costo económico del VIH/SIDA

Las altas tasas de contagio con el VIH/SIDA, debidas en parte a la desigualdad de género (Capítulo 2) y a que no se efectúan inversiones en la prevención, han dañado gravemente las perspectivas económicas y sociales en muchos países. Debido a la concentración de las defunciones en los años tempranos e intermedios de la adultez, se han perdido las vidas de muchos trabajadores capacitados, lo cual ha desguarnecido la fuerza laboral y ha impuesto que se duplicaran las inversiones de escasos recursos en la capacitación de personal. La comunidad internacional ha reconocido tardíamente esa amenaza17.

Se estima que en los países gravemente afectados, la pandemia del SIDA ha reducido el crecimiento del PIB per cápita en un 0,5% anual18.En los países donde el crecimiento económico ya es lento, estos efectos son de gran magnitud; quienes más sufren son los pobres y el sistema de salud. La epidemia también está imponiendo sustanciales costos agregados a los sistemas de salud. En algunos de los países más afectados, las personas contagiadas ocupan más de la mitad de las camas de hospital disponibles.

La pandemia del SIDA se cobra sus costos de maneras diferentes. Un desarrollo estancado o que pierde terreno en países de bajos ingresos es de difícil cuantificación y de más difícil restauración. Las redes de apoyo social han quedado recargadas por encima de su capacidad. Muchos millones de huérfanos a causa del SIDA viven sin recibir educación adecuada, atención de la salud o nutrición suficiente. Muchos tropiezan con dificultades para mantenerse a sí mismos, a sus hermanos y hermanas y a sus sobrecargadas familias adoptivas.

El programa ONUSIDA estima que, solamente en los países de África al sur del Sahara, se necesitarían cada año 1.000 millones de dólares para la prevención y la atención del VIH/SIDA. En el Programa de Acción de la CIPD se estimó que los costos mundiales de los componentes fundamentales del conjunto de medidas preventivas del VIH/SIDA ascenderían este año a 1.300 millones de dólares y aumentarían hacia 2010 hasta 1.500 millones de dólares19.

Violencia por motivos de género

Los gastos mundiales que causan la violencia y el abuso por motivos de género son de difícil determinación. Abarcan los gastos directos de, por ejemplo, el tratamiento de los efectos de la violencia sobre la salud; la enfermedad; la ausencia del trabajo; la aplicación de las leyes y la protección; el albergue, la disolución del matrimonio; la pensión de alimentos para los niños; y todas las demás consecuencias de adaptarse al abuso o escapar a éste. Dichos costos también abarcan los gastos indirectos de impedir que las mujeres trabajen o efectúen otras contribuciones, así como de la educación que no se recibe, inclusive los de mantener a las niñas fuera de las escuelas para evitar que estén en contacto con niños varones.

En las comunidades pobres, los gastos se calculan en gran medida en función de las oportunidades de desarrollo perdidas. En otras comunidades, los costos directos son igualmente importantes y a veces de gran magnitud. Se dispone de algunas estimaciones, particularmente en lo que atañe a los países más desarrollados. El Banco Mundial estima que en los países industrializados, debido al asalto y la violencia sexuales se pierde casi uno de cada cinco años de vida saludables en las mujeres de 15 a 44 años de edad.

En los Estados Unidos, los empleadores pierden una suma estimada en 4.000 millones de dólares anuales debido al ausentismo, el aumento de los gastos de atención de la salud, la alta tasa de renovación de la plantilla y la menor productividad20. En el Canadá, los costos anuales de la violencia contra la mujer en lo tocante a la salud se estiman en 900 millones de dólares. Por otra parte, solamente en British Columbia, un estudio sobre aspectos escogidos calculó gastos de 385 millones de dólares anuales21.

En estos cálculos se incluyen los costos de la policía, el sistema correccional y de libertad bajo vigilancia, la indemnización por lesiones criminales, la asistencia a las víctimas y los gastos de asesoramiento, estimaciones parciales de la atención de la salud mental, complemento del ingreso de las familias afectadas, albergues en condiciones de seguridad y otro tipo de alojamiento transitorio, tiempo de trabajo perdido y tratamiento para los hombres que perpetran los ataques. En los cálculos no se incluyen los costos del tratamiento médico de emergencia (cuya relación con la violencia suele ser ocultada por las víctimas) y los efectos transmitidos a sucesivas generaciones (como el tratamiento a los hijos de madres maltratadas y los gastos de apoyo cuando se disuelven relaciones abusivas).

Se dispone de estudios similares para Alemania, Nueva Zelandia, los Países Bajos, el Reino Unido y Suiza22.

Costos psicológicos

La discriminación por motivos de género entraña un menoscabo a la autoestima y la capacidad de la mujer durante toda su vida. La discriminación por motivos de género desbarata las aspiraciones de la mujer y restringe sus oportunidades. Le deniega la experiencia sobre la cual cimentar su competencia y su autogobierno y posibilitar alianzas en condiciones de igualdad con los hombres.

Las restricciones que se imponen a las mujeres pueden conducir a un estado de "desamparo adquirido", típico de la depresión clínica. Es desproporcionada la población de mujeres que padecen síndromes depresivos, los más importantes factores contribuyentes a la carga de mala salud a escala mundial23.

Son pocas las experiencias tan devastadoras para la conciencia de competencia personal de la mujer como las experiencias sexuales no deseadas, especialmente cuando éstas son reiteradas, y las consecuencias de tales experiencias. Los embarazos no deseados y las ulteriores responsabilidades respecto de la crianza de los niños crean obligaciones involuntarias y restringen las opciones de la mujer. Un embarazo no deseado puede suscitar resentimientos a largo plazo, que a menudo son transferidos al hijo24. La medida en que las mujeres se esforzarán por evitar esta situación se pone claramente de manifiesto en el hecho de que recurran al aborto, aun cuando sepan que es ilegal y que, probablemente, se ha de realizar en malas condiciones.

A su vez, las excesivas expectativas de independencia y control constriñen el potencial y las opciones de los hombres. Los riesgos físicos que los hombres creen se espera que ellos asuman se trasuntan, por ejemplo, en las altas tasas de defunción de jóvenes varones debido a accidentes viales, que ocupan el noveno lugar a escala mundial entre las principales causas de pérdida de años de vida. Las lesiones ocupacionales también constituyen un importante factor de riesgo en lo concerniente a la muerte y la discapacidad25. Si bien los hombres suelen tener ocupaciones que acarrean riesgos físicos (por ejemplo, la minería o la operación de maquinaria pesada y de camiones), las definiciones de masculinidad incrementan su vulnerabilidad.

Nunca se ha determinado el costo psicológico para los hombres de la desigualdad de género y hasta recientemente, ni siquiera se había reparado en que tal desigualdad entraña un costo. Las relaciones tradicionales de poder entre hombres y mujeres, por limitantes que fueran, tal vez hayan creado en los hombres ámbitos de conflicto psicológico relativamente raros debido a que se validaban firmemente las normas sociales; pero, debido a los rápidos cambios que están experimentando casi todas las sociedades, se están poniendo en jaque esas normas. En consecuencia, se suscitan dudas, incertidumbre y conflicto interior en los hombres de todas las generaciones.

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Educación: Costos de la discrepancia de género

El hecho de denegar a las mujeres la posibilidad de recibir educación ha frenado el desarrollo social y económico. En los países donde la proporción de matriculación primaria o secundaria entre niñas y varones es inferior a 0,75, en términos generales, el PNB per cápita es un 25% inferior al de otros países26. Esto se pone más de manifiesto en algunas zonas de África y del Asia meridional, donde reina una aguda falta de equidad. Por otra parte, los adelantos en la educación de la mujer facilitaron y reforzaron los adelantos económicos en los países del Asia oriental y sudoriental (véase infra).

Recuadro 25: Persiste la desigualdad de género en la educación

Las inversiones en la educación de la mujer constituyen una opción económica eficiente. Según se ha calculado, un aumento del 1% en la matriculación secundaria de las niñas redunda en un aumento del 0,3% en el crecimiento económico27. La relación entre la educación secundaria de las niñas y el crecimiento económico también está fehacientemente establecida (cuando en los análisis se incluye la matriculación secundaria de varones y niñas28, sólo la matriculación secundaria de las niñas arroja una relación firme y sostenida). Se ha comprobado que las utilidades económicas de las inversiones en la educación de la mujer son superiores a las que producen las inversiones en la educación de los varones29. Una razón es que las mujeres que aprovechan sus aptitudes para incrementar sus ingresos efectúan mayores inversiones en la salud y la educación de los niños30.

Los padres y madres educados tienen mayores probabilidades de efectuar inversiones en la educación de sus hijos, y las madres educadas, de apoyar la educación de sus hijas31.

En la mayoría de las regiones hubo adelantos, aun cuando desiguales, en la matriculación en la escuela primaria y secundaria. Algunos de los aumentos más rápidos han ocurrido en el Asia meridional y en África, pero en esas regiones los niveles siguen siendo bajos. En algunos países, las guerras, el ajuste económico y el aumento de los gastos de las familias han restringido las oportunidades educacionales, especialmente para los pobres.

Gráfico 6: Tasas de matriculación en la escuela secundaria

En general, la matriculación ha mejorado más para las niñas que para los varones, de modo que en la mayoría de las regiones se está mitigando la discrepancia de género en la enseñanza. No obstante, en muchos países dicha discrepancia sigue siendo de gran magnitud. En 22 países africanos y nueve países asiáticos, la matriculación de las niñas es inferior al 80% de la de los varones32. La discrepancia es mayor en los países del Asia meridional y de África al sur del Sahara, particularmente en lo concerniente a la educación secundaria; menos de un 40% de los estudiantes secundarios son de sexo femenino. Cuando el acceso a la educación básica es en general mayor, el número de niñas es superior al de varones en el África meridional, América Latina y la mayoría de los países del Asia oriental.

El acceso a la educación tiene los niveles más bajos en las zonas rurales, tanto para los varones como para las niñas, y en particular para estas últimas. En el Níger, por ejemplo, en las ciudades hay 80 niñas que asisten a la escuela por cada 100 varones, pero en zonas rurales la proporción es de sólo 41 niñas por cada 100 varones33. Esas diferencias reflejan el valor inferior que los padres y madres asignan a la educación de las niñas en comparación con las tareas del hogar realizadas por estas últimas, así como las expectativas de los progenitores en cuanto al futuro rendimiento de sus inversiones.

Tal vez los padres y madres no quieran que sus hijas alternen con niños varones u hombres en el aula o cuando acuden a la escuela, o es posible que tengan aprensiones acerca de la seguridad de las niñas, por lo cual la distancia a la escuela se transforma en un factor importante. En el Pakistán, donde las escuelas están segregadas por sexo, en las zonas rurales un 21% de las niñas – más del doble de la proporción de niños varones – carecen de una escuela en un radio de un kilómetro respecto de su vivienda34.

Recuadro 26: Las nuevas tecnologías de la información y la potenciación del papel de la mujer

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Microcrédito: Inversiones en la mujer

Los efectos de los programas de microcrédito demuestran claramente los positivos efectos de proporcionar a las mujeres acceso a los recursos y control sobre sus opciones en la vida.

Los planes de microfinanciación contribuyen a potenciar el papel de la mujer en sus familias y sus comunidades, al otorgar préstamos por pequeños importes a pequeñas empresas dirigidas por mujeres. El Banco Mundial35, las instituciones financieras regionales, las organizaciones nacionales de crédito (como el Banco Grameen en Bangladesh) y las organizaciones no gubernamentales36apoyan la financiación de créditos rotatorios.

Se ha comprobado que esos programas de préstamos son financieramente viables (con tasas de devolución superiores a las de los préstamos comerciales convencionales, y con tasas de interés viables y competitivas). También pueden crear un importante cauce para transmitir información sobre la nutrición y la salud, inclusive información sobre salud reproductiva, y pueden servir para capacitar a líderes de la comunidad.

Se ha demostrado que los programas de microcrédito contribuyen a la salud reproductiva cuando se les ofrece un apoyo técnico correcto. El aumento del ingreso y de la autonomía de la mujer puede conducir a la adopción de nuevas prácticas en materia de salud y planificación de la familia.

El microcrédito, por sí mismo, no creará igualdad de oportunidades económicas. Los críticos de la institución pionera del microcrédito, el Banco Grameen, han dicho que, en la práctica, los hombres controlan y, algunas veces, desvían una porción de los préstamos otorgados a las mujeres37. Algunos hombres se sienten amenazados cuando sus esposas obtienen mayor independencia económica y pueden ocurrir actos de violencia, a menos que también los hombres participen en el plan y en sus beneficios. Otros analistas destacan que el crédito también es necesario para ayudar a las mujeres a efectuar la transición desde empresas en pequeña escala hasta otras de mayor magnitud38.

Recuadro 27: Los beneficios del microcrédito no son sólo económicos

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Demografía y género: Costos y oportunidades

Las oportunidades y opciones de las mujeres, además de afectar las tasas de fecundidad, mortalidad y salud (capítulo 2), influyen pronunciadamente sobre los futuros efectos de otros dos hechos demográficos: las cantidades sin precedentes de jóvenes adultos en edad de trabajar y procrear, y el envejecimiento de las poblaciones.

El dividendo demográfico

Al posibilitar que las mujeres y los hombres escojan el número de hijos, así como el momento y el espaciamiento entre alumbramientos, se acelera la "transición demográfica" desde altas tasas de fecundidad y mortalidad hacia bajas tasas de fecundidad y mortalidad. Los países industrializados ya han experimentado esta transición, la cual está muy adelantada en muchos otros países. Los países menos adelantados, en su mayoría, aún no han atravesado esta etapa.

La transición entraña beneficios económicos tangibles; entre ellos, un "dividendo demográfico" transitorio, a medida que las cantidades de niños dependientes disminuyen rápidamente en relación con la población en edad de trabajar; esto crea una oportunidad para que los países efectúen más inversiones en estimular el crecimiento económico. A fin de aprovechar esta oportunidad, es preciso que los países efectúen inversiones en la educación, la capacitación y el empleo de los jóvenes, así como en los servicios de salud, incluidas la higiene sexual y la salud reproductiva. Cuando la disminución de la tasa de fecundidad es más lenta, se diluyen tales efectos del dividendo demográfico.

Las economías de varios países del Asia oriental y sudoriental crecieron a velocidades sin precedentes entre el decenio de 1960 y el de 1980, con promedios del orden del 8% anual. Este proceso se benefició en gran medida con las inversiones realizadas inicialmente en salud y educación, especialmente en beneficio de las mujeres. Las tasas de fecundidad disminuyeron rápidamente y en el decenio de 1980, esos países estuvieron en condiciones de cosechar muchas de las ventajas del dividendo demográfico. Según los análisis, un 30% de este crecimiento en los "tigres asiáticos" se atribuye al cambio en las estructuras de edades resultante de la disminución en las tasas de mortalidad y fecundidad. Esto equivale a un adelanto económico de 1.525 dólares per cápita en un período de 30 años39.

Pese a los demostrados beneficios económicos de las inversiones públicas en educación y atención primaria de la salud, durante el decenio de 1990 en muchos países disminuyó la proporción del gasto gubernamental en esas esferas.

En los países de África al sur del Sahara y del Asia meridional, donde las tasas de fecundidad son muy altas, las inversiones en educación y salud, inclusive la satisfacción de las necesidades insatisfechas en materia de planificación de la familia, podrían contribuir a impulsar una rápida transición demográfica en mayor cantidad de países y podrían ofrecerles la oportunidad de recoger el dividendo demográfico a medida que vaya disminuyendo la tasa de fecundidad.

Los efectos del envejecimiento

En este siglo, cambiará la estructura de edades de la población mundial, a medida que vaya aumentando la proporción de personas de más edad. Esto puede percibirse ya en las regiones más desarrolladas, donde están bien establecidas las bajas tasas de fecundidad y de mortalidad. Este proceso está avanzando velozmente en países donde la tasa de fecundidad ha disminuido muy rápidamente y la esperanza de vida es mayor. En los países donde siguen siendo altas las tasas de fecundidad y de mortalidad, el envejecimiento de la población ocurrirá más lentamente.

En las regiones más desarrolladas, a medida que el crecimiento de la población se estabiliza o comienza a disminuir, los encargados de formular políticas están cada vez más preocupados por las necesidades financieras y de salud de las poblaciones de mayor edad. Se está prestando atención a las disposiciones para aumentar la edad mínima de la jubilación (inclusive la posibilidad de que las personas continúen trabajando), la reforma de los sistemas de pensiones, la enmienda de los programas de atención de la salud y atención a largo plazo y el establecimiento de sistemas de apoyo comunitario para las personas de más edad. La ampliación de las pensiones ofrecidas por los gobiernos suele quedar eclipsada por preocupaciones relativas a su sustentabilidad fiscal.

Gráfico 7: Porcentaje de hombres y mujeres que se espera sobrevivan hasta cumplir 80 años, por región

Es necesario adoptar medidas contra la discriminación de género a lo largo de todo el ciclo vital. El envejecimiento de las poblaciones tiene diferentes repercusiones para hombres y mujeres:

La cantidad de mujeres mayores de 60 años es superior a la de hombres. Las mujeres viven más tiempo que los hombres y su esperanza de vida ha aumentado más rápidamente que la de los hombres. La diferencia en la esperanza de vida entre hombres y mujeres es resultado de una combinación de diferencias biológicas, entre ellas la menor susceptibilidad a las enfermedades cardiovasculares de las mujeres antes de la menopausia, y de influencias culturales, como la mayor exposición de los hombres a riesgos laborales40. Los hombres casados viven más tiempo que los que no lo están41.

Los sistemas públicos de pensiones se diseñaron con la expectativa de que los hombres serían la principal fuente de apoyo económico. Pese a que hay mayor cantidad de mujeres, en la ancianidad éstas reciben menos apoyo que los hombres por parte de programas públicos, debido a que lo frecuente es que no hayan participado en la fuerza laboral en la economía estructurada. Algunos países solían ofrecer pensiones a las madres, independientemente de su participación económica pero, en su mayoría, han reducido o eliminado esas prestaciones al reformar los sistemas públicos42. En la práctica, las pensiones de las mujeres dependen de las aportaciones de sus esposos. Aun cuando las mujeres también hayan contribuido a los sistemas públicos de seguridad social, en algunos casos se ha establecido para las prestaciones conjuntas un máximo muy inferior a la suma de las aportaciones del marido y la mujer, y tales prestaciones pueden ser reducidas en gran medida, o eliminadas, al fallecer el esposo.

Las mujeres que han enviudado tienen mayores probabilidades de vivir solas que los hombres viudos. En todos los países, la viudez es más común entre las mujeres debido a que viven más tiempo y se casan con hombres mayores que ellas. Debido o bien a sus opciones o bien a las costumbres, también hay menores probabilidades para las mujeres que para los hombres de volver a contraer matrimonio después del fallecimiento del cónyuge; y las viudas suelen vivir solas. En el África septentrional, un 79% de las mujeres mayores de 60 años son viudas. Asimismo, la viudez femenina también es frecuente en países del Asia central, donde hay altas tasas de mortalidad masculina43. En algunos países en desarrollo, la proporción de ancianas que viven solas se aproxima a la existente en los países industrializados.

La carga de atender a los ancianos recae más pesadamente en las mujeres que en los hombres. Las mujeres atienden a los miembros ancianos de su familia, además de ocuparse de sus esposos y sus hijos. En los países desarrollados, pesan sobre las mujeres que trabajan tantas responsabilidades de atender a miembros de sus familias como sobre las mujeres que no trabajan. En los países donde se espera que el hijo mayor se ocupe de sus progenitores ancianos, en realidad quien se hace cargo de esa responsabilidad es su esposa.

Las mujeres que carecen de apoyo en la ancianidad tienen más probabilidades que los hombres de ser culpadas por las circunstancias en que se encuentran; las que cuentan con apoyo enfrentan situaciones más precarias. Aun cuando las mujeres tienden a vivir más tiempo que los hombres, las ancianas suelen recibir menos apoyo de sus familias44 y con frecuencia hay una suposición intrínseca de que no merecen que se las apoye. Los hombres de más edad tienen mayores probabilidades de contar con familiares que los apoyan y viven bajo su mismo techo, mientras las mujeres suelen ser huéspedes en las casas de sus hijos45.

Las mujeres padecen más altas tasas de discapacidad en edades más avanzadas, lo cual refleja las cargas acumuladas a lo largo del ciclo vital. En general, una mayor duración de la vida no incrementa los años de discapacidad en etapas más avanzadas46. No obstante, particularmente en los países donde hay una pronunciada inequidad de género, el estado de salud de las mujeres ancianas se resiente debido a la falta de servicios de salud, de educación y de nutrición en las etapas anteriores de sus vidas.

Las mujeres ancianas tienen más probabilidades de ser pobres que los hombres ancianos. Los efectos acumulados de ingresos más bajos a lo largo de su vida, menores pensiones, más baja condición social y menor acceso a los bienes y la herencia contribuyen a tasas desproporcionadamente altas de pobreza entre las mujeres de más edad. Las más gravemente afectadas son las ancianas que nunca se casaron o que quedaron viudas.

Debido a la atención prestada a estas cuestiones en el Año Internacional de las Personas de Edad, 1999, se cobró mayor conciencia respecto de esas situaciones, estimulada por el debate y la formulación de políticas47.

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Medición de las desigualdades de género

Las opciones acerca de los indicadores a utilizar en la medición del progreso hacia las metas de desarrollo social reflejan las prioridades de desarrollo. Recientemente, se ha prestado mayor atención a la igualdad de género y la protección de los derechos de la mujer. Allí donde hay una valoración sistemáticamente insuficiente de las mujeres y sus derechos, casi cualquier medida concreta pondrá de manifiesto esa situación. Allí donde las mujeres son participantes activas y valoradas, se aprecian sus contribuciones, sea cual fuere la esfera de actividad considerada.

Para determinar los prejuicios de género se utilizan varias mediciones compuestas. La variación es considerable, pero todas coinciden en gran medida en cuanto a la situación relativa de distintos países y localidades.

Los indicadores estándar, en su mayoría, no reflejan adecuadamente la naturaleza, la magnitud o los efectos de los desequilibrios de género o la manera en que estos se producen. Por ejemplo, la proporción de mujeres que ocupan empleos remunerados no refleja la labor de la mujer en el hogar ni en el sector paralelo o no estructurado (informal) de la economía. Cuando los niveles de empleo son bajos, se pone de manifiesto la restricción en la movilidad social y las oportunidades de las mujeres, pero cuando va aumentando progresivamente la participación femenina en la fuerza laboral, esto no indica que se hayan ampliado los medios de acción de la mujer; en algún punto, la escala indica que tanto hombres como mujeres no tienen otra alternativa sino trabajar.

Índices y otros indicadores

Pese a las imperfecciones de las mediciones, la comunidad internacional acepta algunas de ellas, ya que proporcionan indicaciones generales. El Índice de Desarrollo Humano (IDH), propuesta pionera del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)48, refleja el estado de salud y el acceso a los servicios al incluir la esperanza de vida, las perspectivas económicas indicadas por el PIB per cápita y el nivel educacional mediante la combinación de las tasas de alfabetización de adultos y de matriculación escolar.

En 1996, el PNUD introdujo dos nuevos índices para reflejar la naturaleza diferenciada por géneros del desarrollo humano. El primero, Índice de Desarrollo de Género (IDG), utiliza los mismos componentes que el IDH, pero diferenciados por género49. El segundo, Índice de Potenciación de Género (IPG), utiliza un conjunto de mediciones: escaños parlamentarios ocupados por mujeres; proporción de administradores y ejecutivos que son mujeres; proporción de trabajadores profesionales y técnicos que son mujeres50; y proporción correspondiente a la mujer de los ingresos obtenidos.

Si bien esos son indicadores importantes, no miden cabalmente la gama de posibles opciones de la mujer. El Índice de Igualdad de Género (IIG), elaborado bajo los auspicios del Instituto Internacional de Estadística, aspira a ser más integral (Cuadro 2). Sin embargo, no todos los países cuentan con los datos necesarios y esa situación ha impedido una elaboración cabal de este índice.

Se han hecho algunos intentos de medición de la condición jurídica y social de la mujer utilizando conjuntos de datos existentes, en particular las Encuestas Demográficas y de Salud (DHS) realizadas en más de 60 países hacia fines de 199951. La amplia gama de temas cubiertos y la detallada descripción de los hogares posibilitan diversos estudios.

Uno de esos indicadores, el Umbral de la Condición de la Mujer (TMWS), abarca seis esferas de la vida – condición socioeconómica, condición de jefa de hogar, educación y contacto con la información, empleo y volumen de trabajo, matrimonio y alumbramiento, y condición asignada –, define los umbrales de rendimiento eficaz sobre la base de indicadores específicos para cada esfera52. El TMWS tiene una trama más pormenorizada que otras mediciones agregadas o de síntesis; pero sigue sin reflejar muchos detalles de la adopción de decisiones en las familias; para ello se requeriría que en las encuestas se formulen preguntas acerca de quién adopta las decisiones sobre las compras en el hogar, por ejemplo, o si una mujer necesita permiso para viajar fuera del hogar53.

En los países donde los datos posibilitan la comparación de los tres indicadores, la categorización general de los países con respecto al IDG, el IPG y el TMWS resulta aproximadamente igual. Pero en muchos países, hay discrepancias en los indicadores acerca de cuáles son los temas que requieren mayor atención.

Un análisis de indicadores similares al IPG y al IIG en países de África al sur del Sahara también indicó que, en general, había coherencia pero había grandes variaciones en relación con algunas mediciones concretas y no se podían determinar simples vínculos causales entre diferentes mediciones54. Por ejemplo, los niveles de educación relativamente altos no estaban claramente correlacionados con niveles más altos de participación en el poder político.

Cuadro 2: Índice de igualdad de género

Esfera de la vida

     Indicador o indicadores

Autonomía del cuerpo

• Protección jurídica contra la violencia por motivos de género e incidencia de ésta

• Control sobre la sexualidad

• Control sobre la reproducción


Autonomía dentro de la familia y el hogar

• Capacidad para contraer matrimonio y divorciarse

• Derecho a la patria potestad sobre los hijos en caso de divorcio

• Facultades para la adopción de decisiones y acceso a los bienes del hogar


Poder político

• Adopción de decisiones en niveles superiores al del hogar

(municipalidades, sindicatos, gobiernos, parlamento)

• Proporción de mujeres en puestos ejecutivos de alto nivel


Recursos sociales

• Acceso a servicios de salud

• Acceso a servicios de educación


Recursos materiales

• Acceso a la propiedad de la tierra

• Acceso a la propiedad de la vivienda

• Acceso al crédito


Empleo e ingreso

• Distribución de las tareas remuneradas y no remuneradas

• Diferencias de salario entre hombres y mujeres

• División del trabajo en la economía estructurada y en la economía paralela o no estructurada (informal), por género


Tiempo disponible

• Acceso relativo al descanso y el sueño

Identidad de género

• Rigidez de la división del trabajo entre hombres y mujeres

Fuente: Wieringa, Saskia. 1999. "Women’s Empowerment in Japan: Towards an Alternative Index on Gender Equality". Ponencia presentada al Primer Foro Mundial sobre Desarrollo Humano patrocinado por la Oficina del Informe sobre Desarrollo Humano, Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, Nueva York, 29 a 31 de julio de 1999.

Otras acciones para monitorear el progreso

El FNUAP ha determinado un conjunto de indicadores demográficos, programáticos y de salud que reflejan los aspectos de género en los programas por países55. El Fondo también ha seleccionado indicadores de metas 56, inclusive la reducción de la discrepancia de género en la matriculación en escuelas primarias y secundarias; el aumento de la proporción de mujeres parlamentarias; y las mayores tasas de alfabetización femenina.

El marco común de indicadores del sistema de las Naciones Unidas es similar, pero reemplaza el indicador de alfabetización de adultos por la proporción de mujeres que ocupan empleos no agrícolas remunerados57. Una evaluación del progreso, efectuada por el Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer (UNIFEM), llama a la reflexión: "Hasta la fecha, sólo seis países han logrado una aproximación a la igualdad de género en la matriculación en escuelas secundarias y al mismo tiempo, al menos un 30% de mujeres que ocupan escaños en parlamentos o legislaturas, así como una participación de aproximadamente un 50% en empleos remunerados en actividades no agrícolas"58.

También el Banco Mundial está elaborando un conjunto de mediciones para caracterizar a los países en función de las cuestiones de género. Esas mediciones se refieren a: la proporción de mujeres en la población; la esperanza de vida por sexo; la proporción de mujeres en la fuerza laboral; la matriculación y progresión en las escuelas primarias, desagregadas por sexo, y las tasas de analfabetismo de jóvenes, hombres y mujeres; las tasas de fecundidad; la prevalencia del uso de anticonceptivos; los partos que cuentan con atención profesional; y las tasas de mortalidad derivadas de la maternidad59. El Banco también ha producido descripciones más cualitativas de cuestiones clave y del progreso, relativas a diversos países60.

La reforma del sector de salud, una iniciativa fundamental del Banco Mundial, se está llevando a la práctica utilizando la medición de años de vida ajustados por discapacidad, como base para determinar las prioridades en la prestación de servicios. No obstante, algunos críticos postulan que la medición se resiente debido al prejuicio de género, en particular dado que no se toma en cuenta cómo se perjudican las familias debido a la enfermedad de la mujer, que es la principal encargada de proporcionar cuidados61.

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