Estado de la Población Mundial 2000 Capítulo 1: Panorama general

United Nations Population Fund

Introducción

La desigualdad de género menoscaba la plenitud individual de las personas y frena el desarrollo de los países y la evolución de las sociedades, en detrimento tanto de las mujeres como de los hombres.

UNICEF/0667/Vilas
UNICEF/0667/Vilas

Una niña que trabaja en la India. La falta de apoyo a la educación de las niñas limita sus futuras posibilidades de opción.

Los hechos que acusan la desigualdad de género – las restricciones en materia de opciones, oportunidades y participación de la mujer – tienen consecuencias directas y a menudo nefastas para la salud y la educación de la mujer y su participación social y económica. No obstante, hasta hace unos pocos años se consideraba que esas restricciones eran o bien carentes de importancia o bien inexistentes; se las aceptaba o se hacía caso omiso de ellas. La realidad de las vidas de las mujeres ha sido invisible para los hombres. Esta invisibilidad persiste en todos los niveles, desde la familia hasta la nación. Aun cuando comparten el mismo espacio, las mujeres y los hombres viven en mundos diferentes.

Se ha comenzado a adoptar las primeras medidas para poner fin a esta invisibilidad. En 1979, al aprobar la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, la comunidad mundial convino en eliminar la discriminación de género. La Convención, que tiene fuerza de legislación internacional, ha sido ratificada hasta ahora por 165 de los 188 Estados Miembros de las Naciones Unidas.

La atención de la salud y la educación de las niñas y las mujeres han sido temas de acuerdos internacionales, especialmente los concertados en una serie de conferencias mundiales relativas a la mujer comenzada en 1975, en la Conferencia Mundial sobre Educación para Todos celebrada en 1990 y en la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo (CIPD), celebrada en 1994.

Va en rápido aumento el número de países que han adoptado políticas de población y desarrollo, las cuales abarcan medidas para satisfacer las necesidades de niñas y mujeres en materia de atención de la salud y educación, inclusive sus necesidades de salud reproductiva. La educación y la salud, incluida la salud reproductiva, son derechos humanos. Al satisfacer las necesidades de educación y salud y tratar de lograr la igualdad de género, también se contribuirá a equilibrar el crecimiento de la población y a propiciar el desarrollo económico.

Los países, en su mayoría, tienen en vigor algunas disposiciones para proteger la seguridad personal de la mujer y sus derechos en cuanto al matrimonio, los bienes, la herencia, la representación política y el lugar de trabajo. Esas disposiciones se están ampliando y su cumplimiento obligatorio está cada vez más generalizado.

Se están considerando los efectos de la potenciación del papel de la mujer sobre los derechos y los papeles de los hombres. En la actualidad, las acciones encaminadas a incorporar a la mujer en las actividades de desarrollo hacen hincapié en la alianza entre mujeres y hombres.

"Las cuestiones de género" no son lo mismo que "las cuestiones de la mujer": comprender las cuestiones de género significa comprender las oportunidades, las limitaciones y los efectos de los cambios en la medida en que afectan tanto a las mujeres como a los hombres. Se comprende cada vez más que la alianza entre mujeres y hombres constituye la base de familias sólidas y sociedades viables en un mundo en rápida evolución.

La alianza en un pie de igualdad es también el objetivo de las organizaciones de mujeres, que son cada vez más numerosas y más fuertes en muchos países de Asia, África y América Latina. Se reconocen cada vez más las ventajas de las alianzas entre organizaciones oficiales y grupos de mujeres. No obstante, sigue generalizada la desigualdad de género. Se trata de una cuestión de interés público, pero también relacionada con el comportamiento privado y, por consiguiente, aún no ha sido cabalmente analizada, especialmente allí donde el dominio masculino constituye la base de la vida en familia. En otros países, aun cuando se hayan proscrito o condenado las desiguales restricciones que afectan a la mujer, persisten algunas variantes que las han hecho más aceptables socialmente.

En el informe Estado de la Población Mundial de este año se fundamenta la necesidad de llevar a un primer plano la desigualdad de género y tratarla como cuestión urgente que afecta tanto los derechos humanos como las prioridades de desarrollo. La discriminación de género no será eliminada si no se cobra cabal conciencia de sus contradicciones intrínsecas y si los países, las comunidades y las familias no adoptan medidas para eliminarla.

Recuadro 1: La discriminación y la pobreza van de consuno

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Sinopsis

Si las relaciones de poder entre hombres y mujeres fueran más igualitarias y si esa situación se combinara con mayor acceso a buenos servicios de salud reproductiva, se salvarían así las vidas de centenares de miles de mujeres, inclusive muchas de las que pierden la vida por causas relativas al embarazo. Si las mujeres tuvieran facultades para adoptar decisiones acerca de la actividad sexual y sus consecuencias, sería posible evitar muchos de los 80 millones de embarazos no deseados que ocurren cada año, muchos de los 20 millones de abortos realizados en malas condiciones, algunas de las 500.000 defunciones derivadas de la maternidad (inclusive 78.000 resultantes del aborto realizado en malas condiciones) y cantidades muy superiores de enfermedades y lesiones. También sería posible evitar muchos de los 333 millones de nuevos casos de enfermedades de transmisión sexual que ocurren cada año. Las adolescentes son particularmente vulnerables (capítulo 2).

La violencia contra la mujer menoscaba gravemente su salud, su bienestar y su participación social (capítulo 3). Es preciso que los hombres participen en la protección de la salud reproductiva de la mujer, como cuestión de su propio interés y a fin de proteger a sus familias, además de beneficiar a la mujer (capítulo 4).

La igualdad de mujeres y hombres es imprescindible para el desarrollo (capítulo 5). También es un derecho humano (capítulo 6). Es menester que los gobiernos adopten las decisiones fundamentales. Los países donantes han convenido en apoyar esas prioridades, pero en el decenio de 1990 no han aportado ni siquiera la mitad de los recursos acordados en materia de población y salud reproductiva (capítulo 7).

Género y salud (Capítulo 2)

Los servicios de calidad de salud reproductiva posibilitan que las mujeres logren un equilibrio entre la procreación en condiciones de seguridad y los demás aspectos de sus vidas. En la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo y en el examen al cabo de cinco años de la aplicación de su Programa de Acción, efectuado por las Naciones Unidas, "CIPD+5", se reconoció la importante relación existente entre las cuestiones de género y la salud reproductiva. Los programas sensibles a las cuestiones de género escuchan a las clientas y las involucran en el diseño de programas y servicios.

Componentes de la salud reproductiva

Se considera que aproximadamente un tercio de los embarazos – unos 80 millones por año – son o bien no deseados, o bien inoportunos. Se prevé que el número de usuarios de servicios de planificación de la familia en países en desarrollo – en la hipótesis de que dichos servicios puedan ofrecerse – ha de aumentar en más del 40% hacia 2015: 742 millones, en comparación con 525 millones en 2000. Poco más de la mitad del aumento se deberá a las crecientes cantidades de mujeres en edad de procrear (15 a 49 años) en esos países, grupo que aumentará en más de un quinto en los próximos 15 años, para llegar a 1.550 millones. El resto del aumento será consecuencia de la creciente demanda, a medida que va aumentando la proporción de personas que utilizan anticonceptivos.

Los programas de planificación de la familia eficaces tienen varias características en común1:

• Cuentan con un firme apoyo gubernamental;

• Los encargados de prestar servicios están bien capacitados, tienen sensibilidad a las condiciones culturales, son receptivos a las necesidades de los clientes y tienen actitud amistosa y compasiva;

• Los servicios son costeables y ofrecen una gama de métodos anticonceptivos;

• Cuentan con asesoramiento que asegura el consentimiento bien fundamentado por parte de los clientes;

• Garantizan el carácter privado y confidencial de las consultas;

• Los locales son confortables y limpios;

• Los servicios se ofrecen sin tardanza.

Gráfico 1: Las necesidades en materia de planificación de la familia aumentarán a medida que vayan aumentando la población y la demanda

El acceso universal a los servicios de higiene sexual y salud reproductiva es un objetivo fundamental del Programa de Acción de la CIPD. Después de la CIPD, muchos países han ampliado los servicios, que ya no se limitan a la planificación de la familia, para responder a las necesidades más amplias de las mujeres y los hombres en materia de salud reproductiva.

Cada minuto, una mujer pierde la vida por causas relacionadas con el embarazo. Es posible prevenir la mortalidad derivada de la maternidad por los siguientes medios:

• Ayudar a las mujeres a evitar los embarazos no deseados;

• Asegurar que cada parto esté atendido por personal capacitado;

• Ofrecer atención obstétrica de emergencia;

• Proporcionar atención postnatal: un 61% de todas las defunciones de madres ocurren después del parto;

• Ofrecer eficaz atención después del aborto: 78.000 defunciones de madres se deben a abortos realizados en malas condiciones, de los cuales un 95% se practican en países en desarrollo.

Recuadro 2: Sería posible prevenir la mayoría de las defunciones derivadas de la maternidad

De los 50 millones de abortos que, según se estima, ocurren cada año, unos 20 millones se realizan en malas condiciones; en consecuencia, 78.000 mujeres pierden la vida y millones de otras padecen lesiones y enfermedades. Un mayor acceso a la planificación de la familia prevendría muchos embarazos no deseados y muchos abortos realizados en malas condiciones. En muchos países de bajos ingresos, la eficaz atención posterior al aborto reduciría hasta en un quinto la mortalidad derivada de la maternidad.

Las enfermedades de transmisión sexual afectan a un número de mujeres cinco veces superior al de hombres. Según se estima, cada año hay 333 millones de nuevos casos, los cuales causan infecundidad, complicaciones del embarazo, enfermedades del puerperio y cáncer cervical.

Actualmente, el virus de inmunodeficiencia humana/síndrome de inmunodeficiencia adquirida (VIH/SIDA) es la principal causa de defunción en África y la cuarta causa de defunción entre las más comunes a escala mundial. A fines de 1999, 34,3 millones de hombres, mujeres y niños estaban viviendo con el VIH o el SIDA, 5,4 millones se habían contagiado ese año y 18,8 millones ya habían muerto a raíz de esa enfermedad. Más del 95% de todas las personas contagiadas con el VIH viven en el mundo en desarrollo.

Las mujeres son más vulnerables al contagio que los hombres y se contagian a mayor velocidad. En África, entre las personas con reacción serológica positiva al VIH, hay dos millones más de mujeres que de hombres. Durante el examen de la CIPD+5 se convino en que las mujeres necesitan información, educación, conocimientos prácticos, servicios y apoyo social para reducir su vulnerabilidad. Debería haber mayor acceso a los condones masculinos y femeninos y, de ser posible, a los medicamentos contra retrovirus. Se necesitan servicios de asesoramiento e información sobre la sexualidad, los papeles de género, los desequilibrios de poder entre mujeres y hombres, la violencia por motivos de género y otras cuestiones. Los servicios de planificación de la familia y de atención de las enfermedades de transmisión sexual y el VIH/SIDA deberían estar integrados con los servicios de salud reproductiva.

Las mujeres suelen contagiarse cuando son mucho más jóvenes que los hombres. En varias poblaciones africanas, las niñas de 15 a 19 años de edad tienen probabilidades cinco o seis veces superiores que los varones de la misma edad de tener reacción serológica positiva al VIH. Es evidente que las adolescentes se contagian de varones de mayor edad. La educación sexual de buena calidad ayuda a los adolescentes a aplazar las relaciones sexuales y a intensificar las precauciones para reducir el riesgo de las prácticas sexuales.

En todo el mundo, hay unos 130 millones de niñas y adolescentes que han sido objeto de mutilación genital femenina. Ese procedimiento es extremadamente doloroso y puede causar graves infecciones, choques nerviosos y circulatorios e incluso la muerte. Las sobrevivientes experimentan dolor en las relaciones sexuales y pueden correr mayores riesgos durante el parto y después de éste. La mutilación genital femenina puede causar infecciones reiteradas y esterilidad.

Los prejuicios de género pueden suscitar diversas restricciones a los servicios: por ejemplo, restringir algunos procedimientos para que sólo los practiquen los médicos o proporcionar clínicas públicas sólo para servicios de salud maternoinfantil, de modo que los hombres y las mujeres sin hijos o solteros se sientan incómodos acudiendo a esas clínicas para obtener servicios de salud reproductiva.

Los servicios de salud reproductiva están reconociendo cada vez más que la salud reproductiva es cuestión de interés tanto para los hombres como para las mujeres, inclusive el efecto de la salud reproductiva de la mujer sobre el hombre y el apoyo del hombre a la salud reproductiva de su compañera.

Salud reproductiva de los jóvenes

Los jóvenes y las jóvenes son objeto de diferentes presiones y expectativas sociales, que pueden operar contra un comportamiento sexual responsable. Al capacitar a los jóvenes como educadores de otros jóvenes se alientan el intercambio de ideas y el comportamiento responsable. En algunos casos, simplemente al señalar a la atención las normas dobles aplicadas a niñas y varones pueden suscitarse mejoras.

Por otra parte, muchas niñas y muchos varones jóvenes se ven obligados a entablar relaciones sexuales precoces y en condiciones de riesgo, debido al abuso sexual, el matrimonio en la infancia o la pobreza. Asimismo, los adultos impiden que los jóvenes actúen responsablemente, al limitar su acceso a la información y los servicios de salud. Los padres y madres pueden aprender a ser fuentes de información y asesoramiento para sus hijos. Muchos otros adultos, dentro y fuera de la familia, también pueden tener un papel en el cambio de las actitudes sociales, especialmente los líderes políticos y religiosos, que tienen un alto grado de influencia.

Necesidades de los hombres en materia de salud reproductiva

Los hombres están sujetos a enfermedades de transmisión sexual y tienen otros problemas de salud reproductiva, entre ellos impotencia e infecundidad. También los hombres desean espaciar sus hijos; y en algunos países en desarrollo, entre un cuarto y dos tercios de los hombres dicen que no quieren tener más hijos, pero ni ellos ni sus esposas están utilizando anticonceptivos.

Los servicios de salud reproductiva para los hombres se han concentrado en el tratamiento de las enfermedades de transmisión sexual y la lucha contra éstas. En los últimos años, ha disminuido la proporción del uso de anticonceptivos por los hombres. Los hombres solteros aún disponen de escasa información sobre cómo evitar el embarazo y prevenir el contagio. Los programas de buena calidad pueden ahondar el interés de los hombres y aumentar el uso de anticonceptivos masculinos.

Migrantes y refugiados

Los migrantes y refugiados tienen necesidades especiales en materia de salud reproductiva. El FNUAP ha proporcionado oportuna asistencia de emergencia en varios países en desarrollo.

Alianzas para propiciar la salud reproductiva

Las organizaciones no gubernamentales (ONG) han contribuido a suscitar grandes cambios en los programas de población y desarrollo y han ayudado a que en esos programas se haga hincapié en las cuestiones de género. Las organizaciones no gubernamentales están trabajando para lograr la igualdad de género y realizando tareas de promoción y formulación de políticas acerca de temas tan delicados como el embarazo no deseado, las enfermedades de transmisión sexual, el VIH/SIDA y la salud reproductiva de los adolescentes, entre otros.

La labor de las organizaciones no gubernamentales en lo concerniente a la violencia contra la mujer es una de las contribuciones más importantes a la eliminación de los malos tratos por motivos de género. Muchas organizaciones no gubernamentales nacionales están promoviendo la salud reproductiva y el bienestar de la mujer, ofreciendo atención de la salud y servicios sociales y participando activamente en las reformas del sector de salud.

Uno de los aspectos más fuertes de las organizaciones no gubernamentales es su posibilidad de entablar alianzas y asociaciones entre sí y con los gobiernos. Las redes internacionales validan y fortalecen los grupos nacionales y aumentan la visibilidad de las organizaciones no gubernamentales en los debates internacionales.

Las alianzas entre entidades de la sociedad civil y gobiernos pueden ser sumamente productivas. En Bangladesh, por ejemplo, un 25% de las actividades de salud reproductiva son realizadas por organizaciones no gubernamentales. Las alianzas eficaces son especialmente importantes allí donde las inversiones del sector público son más limitadas.

Violencia contra la mujer (Capítulo 3)

En todo el mundo, las niñas y las mujeres, sean cuales fueren sus niveles de ingreso, su clase social y su cultura, están sujetas a malos tratos físicos, sexuales y psicológicos. La violencia contra la mujer abarca la violación, la mutilación genital femenina, el ataque sexual; el embarazo, la esterilización o el aborto forzados; la obligación de usar o de no usar anticonceptivos; los delitos "para restaurar la honra"; la trata sexual y la violencia relacionada con la dote.

En todo el mundo, al menos una de cada tres mujeres ha sido golpeada, obligada bajo coacción a entablar relaciones sexuales o maltratada de alguna otra manera, con mucha frecuencia por alguien que ella conoce, inclusive su esposo u otro familiar de sexo masculino. Una de cada cuatro mujeres ha sido maltratada durante el embarazo.

Cada año, la violación y la violencia doméstica cuestan a las mujeres de todo el mundo la pérdida del equivalente de millones de años de vida saludable. Casi siempre, la violencia física va acompañada de malos tratos psicológicos, que pueden ser igualmente ultrajantes y degradantes.

Muchas culturas permiten, o al menos toleran, un cierto grado de violencia contra la mujer. Incluso las mujeres mismas suelen considerar que un cierto grado de malos tratos físicos se justifica en ciertas circunstancias. Cada año, unas 5.000 mujeres y niñas son asesinadas en las llamadas "muertes para restaurar la honra", muchas de ellas debidas a "la deshonra" de haber sido violadas.

Entre las consecuencias de la violencia para la salud reproductiva cabe mencionar los embarazos no deseados, las complicaciones del embarazo, el aborto realizado en malas condiciones y el contagio con enfermedades de transmisión sexual.

En todo el mundo, según se estima, cada año cuatro millones de mujeres y niñas son compradas y vendidas, o bien para que contraigan matrimonio, o bien para que se prostituyan o se transformen en esclavas. Si bien el mayor volumen de la trata corresponde a Asia, las mujeres de Europa oriental son cada vez más vulnerables.

En 1998, la conferencia constitutiva de la Corte Penal Internacional reconoció la creciente utilización de la violencia contra la mujer como arma de guerra y agregó a su definición de crímenes de guerra una disposición sobre justicia de género en que indicó que la violación, la esclavitud sexual, la prostitución forzada, el embarazo forzado, la esterilización forzada y otras formas de violencia sexual son graves transgresiones de los Convenios de Ginebra contra crímenes de guerra2.

Los hombres, los derechos reproductivos y la igualdad de género (Capítulo 4)

Las consideraciones de género atañen tanto a los hombres como a las mujeres; en consecuencia, comprender las cuestiones de género significa comprender las oportunidades y limitaciones que afectan tanto a las mujeres como a los hombres. Las definiciones de los papeles de género suelen estar rígidamente estereotipadas y cada vez corresponden menos a los cambios externos. Esas expectativas anómalas son causas profundas de la persistente desigualdad de género.

Cuando los hombres adquieren más conocimientos acerca de cómo pueden contribuir a asegurar que el embarazo y el parto se realicen sin riesgos, comienzan a interesarse en la salud reproductiva de las mujeres. Las creencias compartidas acerca del matrimonio y el comportamiento correcto mejoran la salud reproductiva de ambos miembros de la pareja.

El costo de la desigualdad (Capítulo 5)

La potenciación del papel de la mujer y la igualdad de ésta son en sí mismos importantes objetivos de derechos humanos, pero también son parte integrante del desarrollo. Se trata de algo más que de una cuestión de economía: según afirmó la Directora Ejecutiva del FNUAP, Dra. Nafis Sadik, "Al disfrutar de mejor salud, más educación y mayor libertad para planificar el futuro de sus familias, se ampliarán las opciones económicas de las mujeres y también se liberarán sus mentes y sus espíritus".

Gran parte del trabajo de la mujer, remunerado y no remunerado, tiene repercusiones económicas, aun cuando es raro que se repare en su contribución o que se la cuantifique plenamente; si se reconociera dicha contribución por lo que es y se la apoyara de manera consecuente, su valor sería incluso mayor. Por ejemplo, si las agricultoras de Kenya recibieran el mismo apoyo que los hombres, el rendimiento de sus cosechas aumentaría en más del 20%; si se aumentaran los salarios de las mujeres de América Latina hasta los mismos niveles que los de los hombres, el producto nacional aumentaría en un 5%.

Una de las claves del desarrollo sostenible será reconocer los costos de la discriminación de género y las ventajas de la igualdad, hacer dichos costos y ventajas visibles para los encargados de formular políticas y las familias, y convenir en las acciones a realizar.

Atención de la salud y educación

La ausencia de servicios de salud entraña costos económicos tanto como personales. Hasta un 30% del crecimiento económico puede atribuirse a mejoras en la salud y la nutrición. Por otra parte, la esperanza de vida es menor en los países pobres y entre las poblaciones pobres. Las reducciones de los servicios de salud, como las impuestas después de la crisis financiera asiática, afectan más agudamente a los pobres y, en particular, a las mujeres pobres, que son quienes más usan los servicios públicos. Cuando debido a la reducción de los recursos se impone el pago de derechos, se prolonga el período de recuperación después de una enfermedad y disminuye la participación en la fuerza laboral. Las mujeres pobres figuran entre las más gravemente afectadas.

El limitado acceso a los servicios de salud de que disponen los pobres tiene efectos relativos mayores sobre las mujeres que sobre los hombres. En particular, las mujeres pobres tienen mayores probabilidades de perder la vida como resultado del embarazo. La muerte de una madre es algo más que una tragedia personal: los costos económicos y sociales abarcan los efectos sobre la salud y la educación de sus hijos y sobre la capacidad del padre para mantener unida a la familia.

El VIH/SIDA, al igual que la muerte y la discapacidad de la madre, tiene un pesado costo económico y social, en particular debido a que esas defunciones se concentran en los años iniciales e intermedios de la adultez, cuando las responsabilidades respecto de la familia son mayores y el poder adquisitivo es superior. En parte como resultado de la desigualdad de género, actualmente las mujeres tienen mayores posibilidades que los hombres de contagiarse con el VIH. Los costos económicos pueden ascender a una pérdida de 0,5 punto porcentual en el crecimiento anual del producto interno bruto (PIB), lo cual representa una considerable carga cuando el crecimiento económico ya es lento.

La violencia por motivos de género también impone costos, desde el costo de atender a las personas lesionadas hasta el costo de la disolución de la familia; entre los costos indirectos figuran los de las oportunidades perdidas para las mujeres y sus hijos. La desigualdad también tiene costos psicológicos, en especial el de la menor autoestima y la depresión de las mujeres, así como el de la frustración de los hombres cuando han tenido expectativas poco realistas.

Los estudios demuestran reiteradamente que al educar a las niñas y las mujeres se elevan todos los índices de desarrollo. Al denegar la educación a las mujeres se ha frenado el desarrollo social y económico. Según se estima, dos tercios de los 300 millones de niños que carecen de acceso a la educación son niñas y dos tercios de los 880 millones de adultos analfabetos son mujeres.

Por otra parte, las utilidades económicas de las inversiones en la educación de la mujer son superiores a las correspondientes a la educación del varón. Las diferencias en las tasas de fecundidad entre distintas regiones están fuertemente vinculadas con las diferencias en los niveles de salud y educación de la mujer. Según un reciente estudio, un tercio del aumento de la esperanza de vida de hombres y mujeres entre 1960 y 1990 obedece a los adelantos en el nivel educacional de la mujer.

Tendencias demográficas

Los programas de planificación de la familia y salud reproductiva en general mejoran la salud de la mujer; tienden a redundar en menores tasas de fecundidad y de crecimiento de la población. El envejecimiento de las poblaciones también tendrá consecuencias sociales y económicas; la ancianidad plantea problemas diferentes para hombres y mujeres. Los factores de género influyen fuertemente en esas tendencias y requieren mayor atención por parte de los encargados de formular políticas.

Entre los beneficios económicos de las menores tasas de fecundidad figura un "dividendo demográfico" del que se disfrutará una sola vez, cuando aumente el número de integrantes de la fuerza laboral en relación con la población de dependientes. Al mejorar la educación de las niñas y satisfacer sus necesidades especiales de salud se contribuirá a aprovechar al máximo el dividendo demográfico.

Recuadro 3: Más de 6.000 millones

Medición del prejuicio de género

Para determinar el prejuicio de género, se utilizan varios patrones de medida compuestos. Las variaciones son considerables y, en muchos países, los indicadores difieren respecto de las cuestiones que necesitan mayor atención; pero en todos los casos hay acuerdo, en gran medida, acerca de la situación relativa de países y localidades.

Medidas para poner fin a la desigualdad de género (Capítulo 6)

La igualdad es un derecho humano

La igualdad de mujeres y hombres ha sido aceptada como un principio fundamental de derechos humanos desde la aprobación de la Carta de las Naciones Unidas en 1945. Varios tratados internacionales, entre ellos la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, obligan a los Estados signatarios a adoptar medidas contra las prácticas de discriminación.

Como expresiones de la conciencia mundial, las decisiones adoptadas por consenso en conferencias internacionales son poderosos instrumentos de promoción del derecho a la igualdad. En la CIPD (1994) y en la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer (1995), así como en los respectivos exámenes al cabo de cinco años, se convino en medidas concretas para lograr la vigencia del derecho a la igualdad.

Recuadro 4: La CIPD+5 y las cuestiones de género

Medidas adoptadas, medidas necesarias (Capítulo 7)

Los gobiernos deben adoptar las decisiones fundamentales para avanzar en materia de igualdad de género. Los cambios jurídicos dimanan de decisiones que incumben a la soberanía; además, en muchos países en desarrollo, las entidades de la sociedad civil tienen relativamente poca magnitud y carecen de poder. Al mismo tiempo, los gobiernos son empleadores de gran magnitud y sus normas y prácticas tienen poderosa influencia sobre el cambio social. Los gobiernos son los principales proveedores de servicios, entre otros, los de salud y educación, y las políticas públicas al respecto determinarán cuál ha de ser el ritmo del cambio.

Los parlamentarios constituyen la interfaz entre la población y los gobiernos, aun cuando va en aumento el papel de las organizaciones no gubernamentales en cuanto a definir y promover la igualdad y equidad de género. Los parlamentarios suelen ser los cauces por conducto de los cuales llegan a los gobiernos las respuestas a las políticas y las novedades acerca de las cambiantes necesidades y prácticas.

El cambio social no puede lograrse meramente por conducto de la legislación; debe ser alentado mediante el liderazgo y el ejemplo. También puede ser alentado por medidas internacionales encaminadas a poner en vigor los acuerdos logrados en instrumentos jurídicamente vinculantes, entre ellos la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer y el consenso, moralmente obligatorio, a que se llegó en debates internacionales como el celebrado en la CIPD. Se han emprendido importantes iniciativas, entre ellas la campaña mundial para la educación de las niñas, a fin de reanimar el debate y movilizar el apoyo prometido.

Se exhorta a los países donantes a que apoyen esas prioridades, y ellos han convenido en hacerlo. Pero en el decenio de 1990, los donantes no han alcanzado ni siquiera la mitad de las metas convenidas para sus contribuciones en materia de población y salud reproductiva; al mismo tiempo, la asistencia internacional a la educación y la potenciación del papel de la mujer es lastimosamente insuficiente. La escasez de los recursos aportados para ayudar a los países a promover la igualdad de género vulnera los intereses de las mujeres y los hombres, los de sus países y el futuro mundial.

Recuadro 5: Beijing: se reafirma el compromiso en pro de la Plataforma de Acción, 1995

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