UNFPAState of World Population 2002
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CAPITULO   2
Variaciones en la Población y Opciones de las Personas

La población sigue creciendo y cada vez tiene más edad

Al comenzar el siglo XX, la población mundial era de aproximadamente 1.500 millones de personas; hacia 1960 se había duplicado; y hacia fines de 1999 se había cuadruplicado, hasta llegar a 6.000 millones. Es poco probable que vuelva a crecer con la misma velocidad que en los últimos decenios y, en particular, en los últimos 12 años, en que se agregaron 1.000 millones de personas.

Las cantidades agregadas cada año a la población mundial aumentaron desde 47 millones de personas por año en 1950-1955 hasta un máximo de 86 millones en 1985-1990. Este crecimiento sin precedentes fue resultado neto de declinaciones en las tasas de mortalidad más rápidas que las declinaciones en las de fecundidad, que en ambos casos partieron de niveles altos. En consecuencia, se llegó a 4.000 millones, 5.000 millones y 6.000 millones de habitantes en todo el mundo al cabo de sólo 14, 13 y 12 años, respectivamente 3 .

En la actualidad, está en curso o ya se ha producido en gran parte del mundo una "transición demográfica" desde altas tasas hasta tasas bajas de fecundidad y de mortalidad. En muchos aspectos, las regiones menos adelantadas del mundo están hoy a mitad camino de esta transición, aproximadamente donde se encontraban las regiones más desarrolladas hace medio siglo.

Hay la mitad de defunciones
El rápido aumento producido a partir de 1960, de 3.000 millones a 6.000 millones de personas, fue acompañado de una disminución sin precedentes en las tasas de mortalidad. Esta última tendencia comenzó, en verdad, en el siglo XIX y principios del siglo XX, pero se intensificó después de la segunda guerra mundial, a medida que se fue disponiendo cada vez más de saneamiento básico, agua no contaminada y servicios modernos de atención de la salud. A partir de 1950 se ha reducido a la mitad la mortalidad, desde unas 20 hasta menos de 10 defunciones anuales por cada 1.000 personas. Al mismo tiempo, el promedio mundial de la esperanza de vida ha aumentado desde 46 hasta 66 años.

La población mundial goza de mejor salud que nunca antes, desde el nacimiento hasta la ancianidad. La tasa mundial de mortalidad de menores de un año ha disminuido en dos tercios a partir de 1950, desde 155 por cada mil nacidos vivos hasta 57 por mil; según las proyecciones, esta tasa será reducida en otros dos tercios hacia 2050. Las tasas de mortalidad derivada de la maternidad también han disminuido, pero con mayor lentitud y en forma menos generalizada (véase el capítulo 3). Entre otras tendencias de salud favorables figuran las mejoras en los niveles de inmunización y la educación sobre salud.

Un efecto positivo de ampliar la duración de la vida y ofrecer mejor tratamiento médico ha sido que el número anual de defunciones disminuyó en más del 10% entre 1955 y 1975, aun cuando al mismo tiempo se agregaran a la población mundial casi 1.500 millones de personas. Posteriormente, el número de defunciones comenzó a aumentar. El actual número de defunciones anuales, de 52 millones, es igual al existente en 1950, cuando el tamaño de la población era inferior a la mitad del actual.

A partir de 1950, las tasas de mortalidad han disminuido sustancialmente en las regiones menos adelantadas pero en las regiones más desarrolladas han permanecido, a grandes rasgos, constantes, debido a que en estas últimas hay una mayor proporción de personas ancianas.

Disminuye la fecundidad, pero de manera desigual
El número de alumbramientos por año aumentó desde 98 millones en 1950 hasta un máximo de 134 millones a fines del decenio de 1980 y, según las proyecciones, seguirá en casi 130 millones durante los próximos 20 años, mientras que las tasas de defunción han de aumentar lentamente a medida que vaya envejeciendo la población.

Si bien la población sólo está disminuyendo en unos pocos países, hay 61 países (donde reside un 44% de la población mundial) que ya tienen tasas de fecundidad inferiores al nivel de reemplazo (menos de 2,1 hijos por mujer). Según las proyecciones, el número de países en esas condiciones ha de aumentar hacia el año 2015 hasta 87, momento en que tendrán aproximadamente dos terceras partes de la población mundial. Por otra parte, en el año 2050, 130 países seguirán teniendo tasas positivas de crecimiento; 44 de ellos, por encima del 1% anual, tasa igual a la observada en 1965 en las regiones más desarrolladas.

En el período 1950-1955, la tasa media de fecundidad en las regiones más desarrolladas era de 2,8 hijos por mujer; desde entonces, ha disminuido hasta 1,6 y, según las proyecciones, comenzará a aumentar lentamente hasta llegar a 1,8 hacia mediados del próximo siglo. En las regiones menos adelantadas, la tasa de fecundidad era de casi 6,2 en 1950; hacia 1999 había llegado a algo menos de 3 y, según las proyecciones, hacia 2045 habrá disminuido hasta menos de 2,1.

Las tasas de defunción se han reducido a la mitad respecto de 1950, y a ello se debe gran parte el rápido aumento de la población mundial.

Las tasas de fecundidad han disminuido más rápidamente en América Latina y Asia, menos rápidamente en el África septentrional y el Oriente Medio, y mucho más lentamente en África al sur del Sahara. En los últimos 50 años disminuyó pronunciadamente la tasa de fecundidad de Asia, desde 5,9 hasta 2,6 hijos por mujer. Esa disminución ha sido mucho más lenta en África al sur del Sahara, desde 6,5 hasta 5,5. En la región de América Latina y el Caribe hubo una disminución desde 5,9 hasta 2,7; en África del Norte y el Asia occidental, desde 6,6 hasta 3,5.

En Europa, la tasa de fecundidad disminuyó desde 2,6 hasta 1,4, muy inferior a la de reemplazo. En América del Norte, la tasa de fecundidad disminuyó desde 3,5 en el período 1950-1955 hasta 1,8 a fines del decenio de 1970, y volvió a aumentar hasta llegar a entre 1,9 y 2,0, nivel en el cual se ha mantenido. Según las proyecciones, ha de permanecer en alrededor de 1,9 hasta mediados del siglo XXI.

Las variaciones entre distintas regiones y dentro de una misma región y entre diferentes grupos de población dentro de un mismo país siguen siendo considerables. Algunos países, entre ellos el Brasil y la República de Corea, han avanzado rápidamente hasta acercarse al nivel de reemplazo o incluso han llegado a niveles inferiores; otros países, como Nigeria y Guatemala, han experimentado disminuciones sólo de poca magnitud en sus tasas de fecundidad. No obstante, la disminución ha variado pronunciadamente en diferentes zonas del Brasil y de Nigeria.

Las esperanzas de encontrar una explicación simple y coherente de la transición demográfica 4 han sido repetidamente frustradas por la realidad de los datos locales 5 . En verdad, no hay un vínculo estadístico riguroso entre los indicadores de desarrollo y las tasas de fecundidad, y las causas de disminución de la fecundidad son ampliamente debatidas por los demógrafos, los economistas y los encargados de formular políticas. Si bien se sigue considerando que el desarrollo es un factor importante, aún no queda en claro por qué razón la transición de las tasas de fecundidad ocurre en algunos lugares antes que en otros. El ritmo de desarrollo no parecería afectar la iniciación de la transición ni las tasas. No obstante, una vez que la transición ha comenzado, las tasas de fecundidad declinan más rápidamente en los países con más altos niveles de desarrollo 6 .

RECUADRO 8
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 Menores proyecciones de población:
Buenas y malas noticias

Las proyecciones más recientes efectuadas por la División de Población de las Naciones Unidas con respecto a la población mundial en 2050, de 8.900 millones (variante mediana), han arrojado valores sustancialmente inferiores a la proyección de 1996, de 9.400 millones. En respuesta, algunos comentaristas han planteado su preocupación acerca de las personas "desaparecidas". Esto es engañoso.

La razón principal de que la proyecciones arrojen cantidades menores es una buena noticia: las tasas de fecundidad mundial han disminuido más rápidamente que lo previsto, a medida que los servicios de atención de la salud, incluidos los de salud reproductiva, han mejorado más rápidamente que lo previsto y que los hombres y las mujeres han optado por tener familias más pequeñas.

No obstante, en África al sur del Sahara y en partes del subcontinente de la India, aproximadamente un tercio de la reducción en las proyecciones de población a largo plazo se debe al aumento de las tasas de mortalidad. El factor más importante del aumento de la mortalidad es el VIH/SIDA, que se está propagando mucho más aceleradamente que lo que se había supuesto anteriormente.

Además, los demógrafos de las Naciones Unidas han adoptado técnicas más perfeccionadas para efectuar sus proyecciones. Anteriormente se suponía que los países donde las tasas de fecundidad eran inferiores a las de reemplazo recuperarían los niveles de reemplazo hacia 2050. La hipótesis adoptada en este momento es que esos países tendrán tasas de fecundidad de entre 1,7 y 1,9 alumbramientos por mujer (en lugar de 2,1) hacia 2050.

Ayudar a que las mujeres y los hombres tengan el número deseado de hijos
Parece evidente que las aspiraciones de hombres y mujeres son influidas por diversos factores: la declinación en las tasas de mortalidad; las mayores oportunidades sociales, especialmente para la mujer; las oportunidades de empleo; los niveles de ingreso; y el acceso a la educación. No obstante, las mujeres y los hombres no pueden plasmar esas aspiraciones si carecen de los medios de traducir en la acción las oportunidades sociales y las opciones. La creación y el paulatino fortalecimiento de los programas de población durante los últimos 30 años 7 — junto con el desarrollo y la distribución de métodos más eficaces y seguros de anticoncepción — han representado un factor catalítico de importancia crucial para reducir las tasas de fecundidad 8 . Se ha atribuido a los programas de población aproximadamente la mitad de la declinación en las tasas de fecundidad a partir de 1960 9 . A partir de la CIPD, los programas han adoptado un enfoque basado en los derechos y las necesidades individuales.

Los programas de población han tenido importancia crucial para la reducción de las tasas de fecundidad en los últimos 30 años.

La difusión de información acerca de técnicas de planificación de la familia y las nuevas ideas acerca de los problemas sociales — incluidos los derechos de la mujer a la salud reproductiva y la igualdad de oportunidades — facilitan la transición de las tasas de fecundidad 10 . Los intercambios de ideas entre parientes, amigos y vecinos, la difusión de ideas entre comunidades y las imágenes en los medios de difusión de masas desencadenan cambios en las preferencias y en el comportamiento, en lo relativo a la fecundidad. Esto puede explicar por qué con frecuencia los cambios en la fecundidad se producen más rápidamente en los países donde hay muchos cauces que conectan entre sí a las comunidades y los individuos y más lentamente allí donde esa interacción social es más difícil. En este último caso, al mejorar las comunicaciones podría contribuirse a acelerar la transición de la fecundidad allí donde haya sido lenta 11 .

El pronóstico de lo que ocurrirá al finalizar la transición de la fecundidad en un determinado país — si la fecundidad se estabilizará o no, a un nivel inferior, cercano o superior al de reemplazo, o si volverá a aumentar o presentará algún otro patrón inestable — sigue siendo un interrogante crítico para los demógrafos.

Cambiantes hipótesis acerca de la fecundidad futura
A fines de 1998, la División de Población de las Naciones Unidas dio a conocer sus más recientes proyecciones de población a escala mundial, regional y nacional hasta 2050 (véase la página 3). La División de Población prepara cada dos años nuevas proyecciones sobre la base de datos de población actualizados y revisiones de las metodologías de las proyecciones. En el caso de la revisión de 1998, ambos factores tuvieron efectos sustanciales en las proyecciones a largo plazo 12 .

Según las proyecciones actuales, la población mundial aumentará hasta entre 7.300 millones y 10.700 millones de personas hacia 2050; la variante media de la proyección, considerada la más probable, es de 8.900 millones. Las hipótesis clave que crean esos resultados son las relativas a las tasas de fecundidad mundial que, según las proyecciones, disminuirán hasta entre 2,5 y 1,6 alumbramientos por mujer hacia 2050. En virtud de la variante media se supone que la tasa de fecundidad en cada país de las regiones menos adelantadas disminuirá exactamente hasta 2,1 hacia 2050. Para las regiones más desarrolladas, las proyecciones de tasas de fecundidad nacionales arrojan valores de entre 1,7 y 1,9, en función del país.

Esas hipótesis apuntan a las incertidumbres intrínsecas en las proyecciones de población. Las efectuadas por las Naciones Unidas han sido ajustadas sucesivamente, a medida que se dispuso de nueva información, y tienen una considerable exactitud a largo plazo. No obstante, no parece muy probable que el Congo, Nicaragua y Kazajstán, donde actualmente las tasas de fecundidad son de 6,1, 4,4 y 2,3 alumbramientos por mujer, respectivamente, tengan en 2050 tasas idénticas, de 2,1. En forma similar, no hay ninguna certeza de que la tasa de fecundidad de Italia aumente desde 1,2 hasta 1,7 o que la tasa en los Estados Unidos disminuya desde 2,0 hasta 1,9 hacia 2050, de conformidad con la variante mediana. Las tasas nacionales de fecundidad seguirán siendo imposibles de pronosticar en el largo plazo. Los demógrafos que trabajan en instituciones, incluidas las Naciones Unidas, están realizando análisis para mejorar las proyecciones o lograr limites de certidumbre científica en los cálculos 13 .

Niveles de educación y disminución de la fecundidad
En todo el mundo en desarrollo, en los últimos cuatro decenios han ido en aumento el grado de alfabetización y los años de escolarización, tanto para varones como para mujeres 14 . Los demógrafos y los sociólogos han observado que, al mejorar la educación de las mujeres y las niñas, se mejoran los niveles de salud y se reducen las tasas de fecundidad.

Las tasas de matriculación escolar han aumentado a partir de 1960 en todas las regiones y en todos los niveles educacionales, especialmente en el nivel primario 15 . En cambio, en África al sur del Sahara, la matriculación en la escuela primaria aún era de sólo un 75% en 1995 y, en realidad, ha disminuido a partir de 1980. La matriculación también ha disminuido recientemente en otros países afectados por crisis financieras 16.

En los países de bajos y medianos ingresos, un 53% de los grupos de edades pertinentes estaban matriculados en escuelas secundarias en 1995, en comparación con 41% en 1980. Este nivel es deficiente si se compara con los países de altos ingresos, donde casi todos los niños tienen algún grado de educación secundaria y un 35% de ellos poseen alguna educación terciaria (universitaria y de postgrado). Los limitados datos disponibles acerca de los años de escolarización ilustran los pronunciados contrastes que aún persisten. Por ejemplo, en Burundi, el promedio de escolarización de hombres y mujeres es, respectivamente, de cinco años y cuatro años. En Costa Rica, las cantidades correlativas son diez años y nueve años, respectivamente; en el Canadá, 18 años y 17 años.

En los países de bajos ingresos sigue habiendo una sustancial discrepancia de género, tanto entre los docentes como entre los estudiantes. La situación está mejorando: en 1980, un 42% de los estudiantes eran niñas, y en 1995, un 44%; en 1980, un 32% de los docentes eran mujeres y en 1995, un 39%. En los países de ingresos medianos y altos, el equilibrio de género, tanto entre los estudiantes como entre los docentes, es mucho más cercano: las cantidades de hombres siguen siendo superiores a las de mujeres en ambos grupos, pero la diferencia es de sólo unos pocos puntos porcentuales.

Para fomentar el desarrollo social de las niñas, algunos países han comenzado a promover la educación de éstas eximiendo del pago de derecho de matrícula u ofreciendo un pequeño pago o una prestación alimentaria, a cambio de que las niñas asistan a la escuela, y también adaptando el sistema escolar de modo de facilitar la presencia femenina. A partir de 1990, por ejemplo, el Comité para el Adelanto Rural de Bangladesh (BRAC) ha creado más de 30.000 escuelas que ofrecen enseñanza primaria extraoficial; un 70% de los alumnos son niñas 17 .

En recientes análisis realizados por el Banco Mundial 18 se ponen de manifiesto diferencias sustanciales en la matriculación de los niños en función de los distintos niveles de ingresos, y también pautas regionales de las poblaciones pobres. Por ejemplo, en América Latina hay una matriculación casi universal de los pobres en el primer grado, pero seguidamente hay apreciables tasas de abandono, grado por grado, mientras que en el Asia meridional y el África occidental y central, los pobres, en su mayoría, no se matriculan.

Las diferencias entre ricos y pobres en la mediana de los años de escolarización finalizados varían considerablemente entre un país y otro, y oscilan desde sólo un año hasta 10 años. En muchos lugares, el efecto de los niveles de ingreso de los adultos es superior al de las diferencias entre hombres y mujeres 19 . Por otra parte, las niñas pobres padecen una doble desventaja, que puede restringir gravemente sus oportunidades. Casi uno de cada cuatro adultos en todo el mundo, es decir, aproximadamente mil millones de personas, no saben leer ni escribir, ni efectuar simples cálculos aritméticos 20 .

La educación redunda en familias más pequeñas y saludables
Una de las relaciones más firmes y coherentes que quedaron demostradas por la demografía es la existente entre el nivel educacional de las madres y las tasas de mortalidad de menores de un año: los hijos de mujeres con más años de escolarización tienen muchas más probabilidades de sobrevivir en su primer año de vida 21 . Las madres más educadas tienen mejor atención de la salud, contraen matrimonio más tarde y tienen muchas mayores probabilidades de utilizar anticonceptivos para espaciar los nacimientos de sus hijos.

Tienen mejores aptitudes para obtener y evaluar información sobre atención de la salud, prevención de las enfermedades y nutrición. También tienen mejor acceso a los recursos, debido a las mayores oportunidades de obtener ingresos, y en el matrimonio pueden administrar mejor dichos recursos. Tienen mayores probabilidades de reconocer las ventajas de educar a sus hijos.

La relación entre el nivel educacional de la mujer y la tasa de fecundidad también es compleja, pero en la mayoría de los países la pauta intrínseca es que cuantos más años de escolarización tenga una mujer, menor será el número de hijos que tendrá. En un pequeño número de países, particularmente en África al sur del Sahara, las tasas de fecundidad aumentan ligeramente con los primeros años de escolarización de la mujer y luego disminuyen con los siguientes años de educación 22 . En todos los estudios recientes, la educación secundaria de las mujeres está correlacionada con menores tasas de fecundidad.

Las mujeres educadas tienen mayores probabilidades de utilizar anticonceptivos y de contraer matrimonio más tarde en la vida.

Las mujeres educadas tienen mayores probabilidades de utilizar métodos anticonceptivos modernos y de contraer matrimonio más tarde en la vida. Los progenitores educados, varones y mujeres, también aspiran en general a tener familias más pequeñas que quienes tienen menor educación; y las mujeres educadas tienden a plasmar en la realidad su preferencia por menor cantidad de hijos. En otras palabras, las mujeres con mayor escolarización tienen mayores probabilidades de tener el número de hijos que dicen que quieren tener 23 .

Según un estudio de familias egipcias, las aspiraciones educacionales que tienen las mujeres y los hombres para sus hijos, en particular sus hijas, son factores sustanciales que influyen sobre el número de hijos a que aspiran. Los progenitores que aspiran a una mejor educación para sus hijas tienden a querer familias más pequeñas, tal vez para poder atender más cabalmente a los hijos que tienen 24 .

Las mujeres de todos los niveles educacionales y todos los niveles económicos tratan de elegir el número de sus hijos y el espaciamiento entre ellos. Que puedan o no hacerlo es función no sólo de la educación, sino también de las circunstancias, los recursos y las costumbres 25 . Los programas de población las ayudan, proporcionando los medios de lograrlo.

Envejecimiento de las poblaciones
El gradual envejecimiento de la población mundial en los próximos decenios es algo casi inexorable. Las causas de esta tendencia reflejan el sustancial progreso humano logrado en este siglo: menor mortalidad de menores de un año y de niños; mejor nutrición, mejor educación, mejor atención de la salud y mayor acceso a la planificación de la familia; y mayor esperanza de vida 26 .

Esta transición ya está muy adelantada en las regiones más desarrolladas, donde la mediana de edades ha aumentado desde 29 años en 1950 hasta 38 años en la actualidad y, según las proyecciones, se estabilizará en alrededor de 46 años hacia 2050. En las regiones menos adelantadas, este proceso recién comienza; a partir de 1950, la mediana de edades ha fluctuado entre 19 y 24 años (su nivel actual). África, la región del mundo donde la población crece más rápidamente, es también la más joven, con una mediana de edades de sólo 18 años. La mediana de edades en todas las regiones menos adelantadas, según las proyecciones, comenzará a aumentar paulatinamente hasta llegar a 37 años hacia 2050.

Hay muchos motivos para creer que las sociedades, tanto en las regiones más desarrolladas como en las menos desarrolladas, pueden ajustarse a una mayor mediana de edades de sus habitantes y a la creciente proporción de viejos. No obstante, en esta nueva era habrá problemas evidentes. La población del mundo nunca ha sido tan sana ni ha vivido tantos años. En 1950, la esperanza media de vida a escala mundial era de 46 años; en 2050, según las proyecciones, ha de ser de 76 años y la mediana de edades, también según las proyecciones, de 38 años.

Los países de regiones más desarrolladas ya están tratando de abordar esta transición sin precedentes y los problemas que suscita respecto de la mano de obra, la atención de los ancianos y el potencial de declinación de la población.

En todo el mundo, pero particularmente en las regiones más desarrolladas, los países cuyas poblaciones están envejeciendo tropezarán con problemas para apoyar a sus ancianos y ofrecerles atención médica. Disminuirá el porcentaje de jóvenes dependientes, pero aumentará la proporción de dependientes ancianos.

El factor de la juventud
Actualmente, como resultado de las altas tasas de fecundidad reinantes hasta hace poco, hay en el mundo mayor cantidad de jóvenes que nunca: más de 1.000 millones de personas de entre 15 y 24 años de edad, que están ingresando en su máxima etapa de procreación. En el conjunto de los países en desarrollo, la proporción de población de entre 15 y 24 años de edad llegó a un máximo alrededor de 1985, con un 21%. Entre 1995 y 2050, disminuirá desde 19% hasta 14%, pero las cantidades reales de personas aumentarán desde 859 millones hasta 1.060 millones. Esas cantidades aseguran que continuará el crecimiento de la población, aun cuando los jóvenes escojan tener familias más pequeñas que sus progenitores. En verdad, las poblaciones seguirían aumentando durante varios decenios aun cuando se lograra de inmediato una fecundidad "a nivel de reemplazo".

A ese fenómeno, conocido como "impulso de la población", se atribuirán, según las proyecciones, hasta dos tercios de los aumentos de población que se han de producir, y la proporción será superior en países donde las tasas de fecundidad han disminuido más rápidamente. En Tailandia, por ejemplo, donde tres de cada diez personas son menores de 15 años, según las proyecciones la población ha de aumentar en un 19% entre 1999 y 2025, aun cuando la pareja típica está teniendo menos de dos hijos. Al elevar el promedio de edades en que las mujeres tienen su primer hijo desde 18 hasta 23 años, se reduciría el impulso de la población en más de un 40%.

A escala mundial, las más bajas tasas de natalidad crean la posibilidad de un "dividendo demográfico" en las regiones menos adelantadas durante los próximos dos decenios, dado que en la pirámide de edades habrá una "afluencia" de jóvenes que crecen y se incorporan a la fuerza boral y, al mismo tiempo, nacerá menor cantidad de niños. Si fuera posible crear suficientes oportunidades de empleo, esos nuevos trabajadores bien podrían causar el aumento de la productividad y el desarrollo económico y generar utilidades sustanciales, que podrían dedicarse a la salud, la educación y la seguridad social 27 . Hay razones de peso para pensar que las sociedades, tanto más desarrolladas como menos adelantadas, se han de beneficiar con este cambio.

GRAFICO 3: Tendencias Regionales en las Extructuras de Edades

Los efectos del SIDA
El VIH/SIDA es actualmente la principal causa de defunción en África y la cuarta causa por orden de importancia en todo el mundo 28 . Según el Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/ SIDA (UNAIDS), en diciembre de 1998 había 33,4 millones de personas con reacción serológica positiva al VIH y en 1998 habían perdido la vida a causa de la enfermedad 2,5 millones de personas, dos millones de ellas en África. La mitad de todos los nuevos contagios con el VIH ocurren en jóvenes de entre 15 y 24 años de edad.

Según se estima, un 95% de las personas que se han contagiado con esa enfermedad viven en países en desarrollo y dos tercios viven en África al sur del Sahara, donde el 8,0% de los adultos de entre 15 y 49 años de edad tienen reacción serológica positiva al VIH. El SIDA tiene un terrible efecto sobre los individuos y las comunidades, dado que abate a los trabajadores, deja huérfanos a los niños y sobrecarga enormemente los servicios de atención de la salud y los sistemas sociales.

 En términos demográficos, lo probable es que el futuro efecto del SIDA sea relativamente de poca magnitud a escala mundial, pero tendrá efectos devastadores en varios países africanos. Debido a las altas tasas de fecundidad, se prevé que la mayoría de los países de África al sur del Sahara experimentarán aumentos en su población, pero en los países más afectados el ritmo será mucho más lento que el que habría existido en ausencia de la epidemia 29 .

En muchos países, el SIDA ha desbaratado los progresos logrados durante varios decenios en la reducción de la mortalidad de niños y el aumento de la esperanza de vida. Además de hacer aumentar las tasas de mortalidad, el VIH/SIDA también puede afectar los cambios demográficos al reducir la fecundidad de las mujeres infectadas e influir sobre la edad al contraer matrimonio, sobre el comportamiento sexual y sobre el uso de anticonceptivos.

Aún no se ha determinado cuál será el curso de esta epidemia. Hay algunos signos alentadores: en varios países están disminuyendo las tasas de contagio y de mortalidad, pero en otros siguen aumentando. La propagación de la epidemia en el Asia meridional y oriental, particularmente en la India y en China, es motivo de preocupación 30 . Para frenar y eliminar la propagación del SIDA será necesario mejorar la atención integral de la salud reproductiva, así como la educación pública acerca de los riesgos y consecuencias del contagio con el VIH.

Perspectivas de los países donde las tasas de fecundidad son bajas
En los círculos demográficos hay un intenso debate acerca de las perspectivas de la futura fecundidad en los países donde hay bajas tasas de fecundidad (y las habrá, según las proyecciones). Tal vez haya un "límite inferior" para las tasas de fecundidad en cada sociedad, un punto después del cual las tasas comenzarán a aumentar nuevamente, pero los demógrafos no pueden efectuar un pronóstico con ningún grado de certeza.

Según una escuela de pensamiento, es poco probable que las tasas de fecundidad inferiores a las de reemplazo persistan durante mucho tiempo. Según esta línea de pensamiento, es posible que las proyecciones de disminución de la fecundidad sean exageradas, debido a que los métodos de medición actuales no reflejan que las tendencias de la fecundidad hayan cumplido su ciclo, cuando hay mayor cantidad de mujeres jóvenes que están aplazando el momento de tener hijos hasta etapas ulteriores de sus vidas 31 .

Por ejemplo, en los Estados Unidos y en Suecia, la tasa de fecundidad disminuyó hasta muy por debajo del nivel de reemplazo en los decenios de 1970 y 1980, pero aumentó nuevamente hasta más de 2,0 a comienzos del decenio de 1990. Por otra parte, en Italia también disminuyó por debajo del nivel de reemplazo hacia fines del decenio de 1970 y ha seguido disminuyendo hasta llegar a 1,2 hacia fines del decenio de 1990. Se considera importante que en la mayoría de los países europeos, la fecundidad completa de quienes tienen hijos sigue por encima del nivel de reemplazo. Las declaraciones sobre el nivel de fecundidad al que se aspira también permanecen a nivel de reemplazo o por encima de él. Las disminuciones registradas en la fecundidad podrían cesar cuando dejara de aumentar la edad al contraer matrimonio, a menos que disminuyeran los niveles de fecundidad a que se aspira.

Según otra escuela de pensamiento, la fecundidad por debajo del nivel de reemplazo, particuarmente en Europa, está bien establecida y está asociada con continuas declinaciones en el tamaño de la familia a que se aspira 32 .

Mientras tanto, no queda en claro que todos los países hayan de llegar a tasas de fecundidad inferiores a las de reemplazo. En algunos países, las tasas de fecundidad se han estabilizado en niveles superiores al de reemplazo 33 .  

RECUADRO 9
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Efectos devastadores del VIH/SIDA en África

Las nuevas estimaciones acerca de la prevalencia del VIH/SIDA indican que la epidemia es más grave que lo que se suponía anteriormente. Las estimaciones dadas a conocer en 1998 por el programa UNAIDS y la Organización Mundial de la Salud indican que los contagios con el VIH a escala mundial aumentaron en 1998 en un 10%, de modo que el total en todo el mundo es de 33,4 millones de personas. Sólo el año pasado se estima que 5,8 millones de personas se contagiaron con el virus que causa el SIDA.

Sobre la base de las estimaciones del programa UNAIDS acerca del número de personas que actualmente están infectadas con el virus, la División de Población de las Naciones Unidas preparó el año pasado proyecciones de las futuras tasas de prevalencia del VIH y de los probables efectos demográficos en 34 de los países más afectados (29 de ellos en África), donde reside un 85% de las personas actualmente infectadas y ha ocurrido un 91% de todas las defunciones causadas por el SIDA hasta la fecha.

En los 29 países africanos, actualmente la esperanza media de vida al nacer es inferior en siete años a lo que habría sido en ausencia del SIDA. La esperanza media de vida en los nueve países donde la tasa de prevalencia del VIH entre adultos es del 10% o superior (Botswana, Kenya, Malawi, Mozambique, Namibia, Rwanda, Sudáfrica, Zambia y Zimbabwe) se estima en 48 años, diez años menos que lo que habría sido la esperanza de vida en ausencia del SIDA. No obstante, no se prevé que en ninguno de esos países la población vaya a disminuir.

En Botswana, país que tiene una de las tasas más altas de prevalencia del VIH/SIDA — uno de cada cuatro adultos está infectado — la esperanza de vida ha disminuido desde 61 años a fines del decenio de 1980 hasta 47 años en la actualidad y, según se prevé, ha de llegar a 38 años hacia 2005-2010. La población de Botswana hacia 2015 puede ser inferior en un 23% a lo que habría sido en ausencia del SIDA. No obstante, debido a que persisten las altas tasas de fecundidad, aún se prevé que la población de ese país casi se ha de duplicar entre 1995 y 2050.

En Zimbabwe, el segundo país entre los más gravemente afectados, uno de cada cinco adultos está infectado. Se estima que la esperanza de vida al nacer es de 44 años y que ha de disminuir hasta 41 años en el lapso 2000- 2005, es decir, 25 años menos que lo que habría sido en ausencia del SIDA. La tasa de crecimiento de la población ha disminuido hasta 1,4%; sin el SIDA, habría llegado a 2,4%. Se prevé que en 2015, la población de Zimbabwe será inferior en un 19% a lo que habría sido en ausencia de la epidemia.

GRAFICO 4
Los Efectos del SIDA en Africa al sur del Sahara:
Proyecciones de población en presencia y ausencia
del SIDA en los 29 países más afectados, 1980-2050



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