C A P I T U L O 2
Variaciones en la Población y Opciones de las Personas

Foto: Una
madre rwandesa se reúne con sus hijos en 1994,
tras una separación de seis meses causada por la guerra civil.
En todo el mundo, decenas de millones de personas han quedado
desplazadas debido a guerras y otras situaciones de emergencia.
En el siglo XX se han presenciado cambios sin precedentes, tanto en la dinámica de la
población como en el avance del desarrollo humano. Se han ampliado las oportunidades en
las vidas de muchas mujeres y muchos hombres de todo el mundo, en proporciones nunca antes
experimentadas en la historia. Al mismo tiempo, gran parte de la humanidad sigue atrapada
en un ciclo vicioso de pobreza, enfermedad y desigualdad.
Debido a la coexistencia de esas divergentes tendencias demográficas y sociales, el
presente es un momento crucial de decisión acerca de nuestro futuro. En este momento
disponemos de oportunidades sin par para asegurar el bienestar de las personas y sus
derechos humanos a escala mundial y cosechar enormes beneficios económicos y sociales;
podemos aprovechar esas oportunidades y quebrar el ciclo, actuando decisivamente y
aportando los necesarios recursos.
En 1994, en la CIPD se expresó un enfoque integral de las cuestiones de población y
desarrollo que aborda muchos de los retos fundamentales frente a los cuales se encuentra
la comunidad humana, entre ellos la mitigación de la pobreza, la provisión de servicios
de salud y educación, y la preservación del medio ambiente. El hincapié que ese enfoque
hace en la igualdad y equidad de género y en la satisfacción de las necesidades
individuales, en especial en materia de servicios de salud reproductiva e información al
respecto, representa un importante fin en sí mismo.
Ni en la Conferencia ni en el examen de la aplicación del Programa de Acción al cabo
de cinco años se adoptaron metas cuantitativas para el crecimiento, la estructura o la
distribución de la población. Al mismo tiempo, en ambas oportunidades se afirmó que la
aplicación del Programa de Acción contribuiría a una pronta estabilización de la
población mundial, lo cual, a su vez, contribuiría al logro del desarrollo sostenible.
RECUADRO
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Población y Desarrollo: Nuevas Conclusiones
La disminución de la mortalidad y la fecundidad ofrece a la mayoría de los países en
desarrollo una oportunidad que no se va a repetir, pues hay una mayor proporción de
población en edad activa que nunca antes. Cuando las tasas de fecundidad declinan con
mayor velocidad, la oportunidad es mayor, pero dura menos. Aprovechar este "dividendo
demográfico" para promover el desarrollo económico requerirá que se disponga de un
amplio acceso a la educación y la salud (en particular, a los servicios de salud
reproductiva y salud sexual), así como a la información al respecto, y que se ponga fin
a la discriminación contra la mujer en lo concerniente a su participación social y a la
adopción de decisiones.
La manera en que la disminución de las tasas de mortalidad y fecundidad (y en mucho
menor medida, las poblaciones más numerosas y las densidades más altas) pueden estimular
el crecimiento económico se está poniendo cada vez más en claro, gracias a que se
dispone de mejores datos y de métodos de análisis de mayor calidad. Los países más
pobres son los que más beneficios han de obtener a raíz de la declinación de las tasas
de fecundidad y de mortalidad, si pueden explotar el potencial de crecimiento.
La mayor participación de la mujer en la fuerza laboral del sector estructurado de la
economía, que a menudo acompaña y refuerza la declinación de las tasas de fecundidad y
las mayores oportunidades educacionales, también puede redundar en ventajas económicas.
En las estimaciones del futuro aumento del ingreso es preciso tomar en cuenta el trabajo
de la mujer en el hogar y en el sector paralelo o no estructurado (informal) de la
economía, así como los costos, que hoy no se computan, de la degradación de los
recursos naturales.
El cambio demográfico y económico también afecta la proporción de personas que
viven en la pobreza. Las altas tasas de fecundidad en los países pobres incrementan la
pobreza, al retrasar el crecimiento económico y distorsionar la distribución del ingreso
en detrimento de los pobres.
En las etapas iniciales de la transición demográfica, cuando las disminuciones de la
mortalidad son mayores que la declinación de la fecundidad en los hogares pobres, es
posible que aumenten las diferencias entre los hogares pobres y los no pobres en materia
de ingresos. Cuando las familias pobres tienen menor cantidad de hijos, tienen mayor
cantidad de recursos que invertir en sus hijos o ahorrar, de modo de reducir la pobreza y
la desigualdad. En el Brasil, un 25% de las personas nacidas en 1970 son pobres; según se
estima, si en 1970 las familias hubieran sido tan numerosas como solían serlo en 1900,
habría ahora un 37% de personas pobres en ese grupo de edades. Si la fecundidad no
hubiera disminuido, para lograr una reducción equivalente de la pobreza habría sido
necesario que el producto interno bruto (PIB) fuera superior en 0,7%.
Las pruebas de que la alta fecundidad exacerba la pobreza justifican las inversiones en
programas de salud reproductiva y planificación voluntaria de la familia, como parte de
una amplia estrategia de desarrollo social.
Fuente: Nancy Birdsall, Allen C. Kelley y Steven Sinding (editores). Population
Does Matter: Demography, Growth and Poverty in the Developing World (de próxima
publicación), informe del Simposio sobre Variación de la Población y Desarrollo
Económico, conferencia patrocinada por la Fundación Rockefeller, la Fundación Packard y
el FNUAP, que se celebró del 2 al 6 de noviembre de 1998 en Bellagio (Italia). |
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