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Protegiendo la vida de las mujeres
Veinte años después de que la comunidad internacional se hubo comprometido a lograr mejores condiciones de seguridad para la maternidad, prosigue incesantemente la pérdida de vidas de madres: cada minuto, se arranca a otra mujer del círculo de sus seres queridos. Cada minuto, una familia pierde su centro; un niño pierde el amor y la protección de su madre. Padres, madres, hermanos, hermanas y amigos, están de duelo. La muerte prevenible de una madre es una tragedia que nos abate a todos.
Son bien conocidas las estrategias para prevenir la mortalidad derivada de la maternidad. Comienzan con proporcionar servicios de calidad de atención de la salud materna, inclusive planificación de la familia, atención del parto por personal calificado y atención obstétrica de emergencia. Pero eso no es todo: la salud materna está vinculada con muchas otras cuestiones, inclusive la dinámica de género, la pobreza, los recursos humanos, la reforma del sector de salud y la voluntad política. Se presentan a continuación algunas de las maneras en que el UNFPA está colaborando estrechamente con sus aliados para abordar esta polifacética cuestión, con crónicas de personas cuyas realidades dan vida a los problemas y las soluciones.

Arriesgarse la vida por dar a luz en los bosques tropicales de Panamá
La mortalidad de recién nacidos y de madres tiende a ser mucho más alta en los grupos indígenas que en la población de sus países en general. Algunas tradiciones culturales y sistemas de creencias profundamente arraigados—sumados al aislamiento físico y social—pueden complicar la prestación de servicios de calidad obstétricos y neonatales. En muchos países de América Latina, el UNFPA está utilizando enfoques con sensibilidad cultural para mejorar la salud reproductiva y reducir los riesgos de la maternidad.

Morir para dar vida: Mortalidad derivada de la maternidad en Badakhshan
Un día, no hace mucho tiempo, una mujer acudió a la clínica con signos de complicaciones en un embarazo avanzado. Pedí a su esposo que la internara en el hospital durante diez días para dar a luz en condiciones de seguridad y recibir apoyo, pues de lo contrario corría riesgo de muerte. El hombre me dijo que no tenía dinero para pagar diez días de internación y se marchó con su esposa. Doce días después, el hombre internó a su esposa en el hospital, en estado muy grave. Había solicitado atención en una clínica local, donde no había servicios de calidad ni especialistas que pudieran tratar esa grave complicación. Seguidamente, la señora fue acarreada sobre los hombros al hospital de Faizabad, a más de un día de marcha, y mientras padecía una grave hemorragia. Cuando llegó al hospital, estaba en choque terminal. Tratamos de salvarla; su esposo compró dos pintas de sangre por 20.000 chelines afganos (408 dólares). Tuvo que vender su única propiedad para obtener el dinero. La mujer murió al día siguiente y su hijito también, al cabo de otro día
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