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Trabajo desde adentro y desde afuera

Jambi Huasi -- Un modelo para el empoderamiento de la comunidad


La comunidades quechuas constituyen 12% de la población del Ecuador; no obstante, se les suele denegar el acceso a los servicios de educación y de salud.

25/01/2006

OTAVALO, Ecuador — Las comunidades indígenas del Ecuador, al igual que las de los demás países de América Latina, suelen estar empobrecidas y marginadas. Si bien 12% de los 13.200.000 habitantes del Ecuador son nativos de idioma quechua, con demasiada frecuencia carecen de acceso a servicios de educación y atención de la salud y están sumidos en la pobreza y sujetos a privaciones. Debido a los valores lingüísticos , sociales y culturales reinantes, sus voces casi no se oyen.

Los datos son muy elocuentes. Casi un 88% de los hogares indígenas viven por debajo del límite de pobreza, sombría situación que se refleja en las altas tasas de mortalidad de madres y lactantes. En algunas comunidades remotas, la mortalidad derivada de la maternidad llega a 250 defunciones por cada 100.000 nacidos vivos, casi el doble del promedio nacional, de 130. En algunas zonas rurales de los Andes, uno de cada 10 lactantes muere antes de cumplir un año.

La falta de servicios de educación y de salud menoscaba las perspectivas de desarrollo y empobrece a las familias. En las comunidades quechuas, casi la cuarta parte de los hombres y una tercera parte de las mujeres son analfabetos. Las mujeres, en su mayoría, sólo reciben educación escolar durante dos años y medio, y los hombres, apenas cuatro años, en comparación con el promedio nacional de 7,1 años. Dadas las escasas opciones económicas y las altas tasas de fecundidad—las mujeres indígenas tienen en promedio casi cinco hijos durante toda su etapa de procreación, en comparación con el promedio nacional de 3,3 —, la pobreza es endémica y se transmite de una generación a la siguiente.

VIDEO

Jambi Huasi Causi: The History of Jambi Huasi

Superar la discriminación, crear oportunidades

A unos 3.000 metros de altitud y exactamente sobre el Ecuador, se encuentra la antigua ciudad de Otavalo. Sus habitantes son descendientes de los incas y hablan quechua. Lo ocurrido en Otavalo es un ejemplo clásico de cómo el empoderamiento local puede cambiar todo un sistema de salud, y puede modificar el curso del desarrollo social y económico. En 1994 una ONG local, Jambi Huasi, estableció una clínica para atender las necesidades de la población indígena local en materia de salud. Pero lo que se inició como centro de salud, pronto se transformó en movimiento de la comunidad [véase la presentación en videofilme].

Partiendo de la premisa de que las necesidades de salud sólo pueden ser satisfechas adecuadamente dentro del propio marco cultural y social, Jambi Huasi (Casa de Salud, en español) adoptó un enfoque centrado en los derechos humanos, basando su conjunto de servicios integrados en el respeto a las tradiciones culturales, la solidaridad social y la reciprocidad.

“Hemos establecido acá un nuevo sistema de atención médica que trasciende las barreras culturales, sociales e idiomáticas”, dice la Dra. Myriam Conejo, la menuda directora de Jambi Huasi. El éxito de este enfoque integral de la atención de la salud reproductiva ha atraído la atención de otras ONG y del Gobierno. Agrega la Dra. Conejo: “No sólo ofrecemos una gama completa de servicios de salud reproductiva y planificación de la familia, sino que además lo hacemos con sensibilidad cultural, tomando en cuenta las necesidades especiales y las preocupaciones de nuestros clientes, que son en su mayoría nativos, que hablan quechua”.

El UNFPA, Fondo de Población de las Naciones Unidas, ha apoyado activamente a Jambi Huasi, brindándole apoyo técnico y capacitación. “Durante los últimos diez años, el UNFPA nos ha ayudado mucho a mejorar nuestros servicios”, dice la Dra. Conejo. “Estamos agradecidos porque así pudimos ampliar nuestros servicios mucho más rápidamente que si lo hubiéramos hecho por nuestros propios medios”.

El centro de salud ofrece tratamiento médico tanto moderno como tradicional, además de servicios de planificación de la familia y asesoramiento al respecto. Los curanderos tradicionales utilizan más de 3.600 plantas autóctonas con fines medicinales. Gracias a esta combinación de servicios, Jambi Huasi es una clínica muy popular. Aun cuando inicialmente se previó que atendería a unas 4.000 personas por año, en 2005 ya acudían en procura de sus servicios más de 1.000 personas por mes, y algunas recorrían hasta 50 kilómetros para llegar hasta la clínica.

Jambi Huasi ofrece servicios integrados de salud reproductiva, a comunidades tanto quechuas como de mestizos.
El personal de Jambi Huasi, 14 agentes de salud, incluye dos médicos indígenas y dos voluntarios de la comunidad que ayudan en las tareas de extensión de los servicios. Casi la mitad de los clientes de Jambi Huasi utilizan los servicios de los curanderos tradicionales. La gama de servicios es muy amplia. “Tenemos salas de parto, una sala para reconocimientos médicos, un laboratorio para análisis de sangre, un consultorio odontológico, una farmacia que dispensa medicamentos tanto modernos como tradicionales, así como un programa de información y educación, y otro de extensión de los servicios a la comunidad, inclusive una ambulancia para llevar los casos de urgencia al hospital local”, explica la Dra. Conejo.

Algo notable es que Jambi Huasi es autosuficiente. “La recuperación de los gastos es importante para nosotros”, afirma la Dra. Conejo. “Actualmente, los honorarios que abonan nuestros clientes sufragan la totalidad de nuestro presupuesto, pero además recibimos pequeños importes que algunos donantes aportan para proyectos especiales”.

Trabajo desde adentro y desde afuera

El éxito de Jambi Huasi se debe a su integración en las tradiciones culturales y los sistemas de valores de los clientes. La salud es un aspecto íntimo de la vida, y las ideas acerca de las causas de las enfermedades y sus tratamientos suelen estar hondamente arraigadas en un determinado marco cultural. Los agentes de salud capaces de hablar el idioma y comprender las costumbres locales tienen importancia crítica para prestar servicios de calidad. Por esa razón, Jambi Huasi emplea a jornada completa a una especialista en comunicación y educación, la Dra. Mercedes Muenala, diplomada en medicina interna de la Universidad de Quito. La Dra. Muenala dedica la mayor parte de su tiempo a hablar con hombres y mujeres de las comunidades quechuas para crear conciencia sobre cuestiones de salud reproductiva y suscitar demanda de los servicios que ofrecen la clínica y sus operaciones satélite. Una de las más importantes maneras en que Jambi Huasi fomenta la demanda es ofreciendo servicios de salud de manera respetuosa de las creencias y valores de esas poblaciones.

“Estamos ahora ampliando nuestros servicios y los llevamos a otras comunidades”, dice la Dra. Conejo. “Ya tenemos un servicio de extensión a comunidades serranas distantes que lleva atención médica a esos grupos mediante una camioneta”.

Si bien muchas mujeres quechuas aspiran a tener familias numerosas, comprenden los beneficios de espaciar los alumbramientos. “Hemos logrado ampliar los conocimientos básicos de mujeres y hombres con respecto a su fecundidad y a la manera de lograr partos sin riesgo y niños más saludables”, comenta la Dra. Muenala. “Dado que no nos limitamos a predicar la regulación de la fecundidad y el uso de anticonceptivos, esas comunidades tradicionales son mucho más receptivas a nuestros mensajes y servicios”.

A medida que las comunidades quechuas fueron aprendiendo acerca de las cuestiones de salud reproductiva y la manera de cuidar mejor a sus hijos y sus recién nacidos, en las zonas servidas por Jambi Huasi la tasa de prevalencia del uso de anticonceptivos aumentó desde 10% hasta 40%. Si bien las mujeres quechuas, en su mayoría, siguen aspirando a tener entre cuatro y seis hijos, ahora hay más probabilidades de que espacien los alumbramientos y adopten medidas para asegurar embarazos sin riesgo y saludables. En consecuencia, en Otavalo han disminuido las tasas de mortalidad de lactantes y de madres.

Un enfoque gradual y lento arroja resultados

En virtud de un programa de extensión de los servicios a otras comunidades, Jambi Huasi también brinda educación sobre la vida en familia en escuelas intermedias y secundarias.
El sendero hacia el éxito no fue ni fácil ni directo. El concepto evolucionó de forma orgánica a lo largo del tiempo. “Comenzamos concentrándonos en las necesidades de las comunidades indígenas quechuas”, dice la Dra. Conejo. En una segunda etapa ampliamos nuestro ámbito de acción para incluir las poblaciones de mestizos, y comenzamos a ofrecer medicina tanto moderna como tradicional. En la tercera etapa nos hemos centrado en las cuestiones de género y abordamos la discriminación y la violencia doméstica. Y en la cuarta etapa, agregamos servicios que responden a las necesidades de los jóvenes y los adolescentes, inclusive un programa educacional que abarca educación sobre la vida en familia, en beneficio de estudiantes de escuelas intermedias y secundarias”.

Según Lily Rodríguez, Representante Auxiliar del UNFPA en el Ecuador, el éxito de Jambi Huasi puede atribuirse a varios elementos clave: el enfoque estuvo centrado en el ser humano; los beneficiarios se apropiaron de la iniciativa; y en todas las etapas del proyecto se alentó la participación de las comunidades de base. Asimismo, se abordaron las cuestiones de género y de salud dentro del marco cultural, como lo demuestra la combinación complementaria de métodos modernos y tradicionales de curación. Una lección en última instancia, señala la Sra. Rodríguez, es que “es posible que experiencias en microescala, como la de Jambi Huasi, influyan sobre las políticas de salud a nivel nacional”.

El Gobierno ha estudiado los procesos y los resultados de la experiencia de Jambi Huasi y se propone duplicarla en otros lugares. La Dra. Conejo observa: “En resumidas cuentas, este enfoque comunitario, que está basado en los derechos humanos y es sensible a las cuestiones de género, ha influido sobre la provisión de servicios de salud mucho más allá de los límites de Otavalo”.

La iniciativa pudo tener un alcance mucho mayor “debido a que logramos transformar los servicios de salud estatales en servicios de salud comunitarios sensibles a la cultura y a las cuestiones de género, y que responden a esas necesidades”, explica la Dra. Conejo. Otro factor contribuyente a la gran influencia de la iniciativa fue que reforzó la identidad cultural de las comunidades quechuas y fomentó la solidaridad. “Cambiamos la manera en que se ofrecen los servicios de salud en las comunidades tradicionales, de manera que se basen totalmente en la comunidad, sean no discriminatorios y apropiados a la cultura”, continúa diciendo la Dra. Conejo. “Una vez que las personas se percatan de que reciben la atención médica que realmente necesitan, es posible lograr adelantos rápidos y duraderos en la salud reproductiva de mujeres, adolescentes y hombres”.

— Don Hinrichsen


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