A fin de abordar mejor en su programación los
problemas de cultura y religión, el FNUAP organizó un
panel de académicos y expertos en cuestiones de religión,
derechos humanos y mundialización, que se reunió
en noviembre. El diálogo sobre esos temas puede propiciar
programas con mayor sensibilidad cultural, apoyados
en los valores culturales positivos que es posible
encontrar en todas las sociedades.
Para ayudar a los países a que planifiquen sus
políticas y sus estrategias de programación en materia
de población, el FNUAP apoyó la realización de encuestas
y censos; analizó las tendencias del envejecimiento,
la migración, la urbanización y la mundialización; y
expresó cuáles son los vínculos entre cuestiones de salud
reproductiva, género y medio ambiente que tienen repercusiones
sobre la reducción de la pobreza.
A fin de aumentar la capacidad para intensificar
la respuesta al VIH/SIDA, a lo largo del año el FNUAP
formuló un marco estratégico, aumentó su dotación de
personal y amplió las alianzas.
Para ayudar a que los países eviten el déficit de
anticonceptivos y otros suministros, hemos formulado
una estrategia mundial que abarca un sistema para ofrecer
suministros costeables y de buena calidad a las personas
que lo necesitan.
En 2001, cuando centenares de miles de personas
huyeron del Afganistán, entre ellas miles de embarazadas,
el FNUAP emprendió la mayor respuesta humanitaria
jamás efectuada. A medida que la crisis se fue intensificando,
se ubicaron de antemano botiquines para el
parto aséptico y equipo y suministros de otros tipos.
Cuando las tareas de socorro pasaron a ser de apoyo a la
reconstrucción del Afganistán, el Fondo contribuyó a la
reposición y la restauración de los servicios.
El FNUAP, colaborando con mujeres y hombres,
continuó sus acciones para eliminar la violencia contra la
mujer y la discriminación que limita el potencial de los
individuos y los países. Nuestro papel en el desarrollo
humano, de conformidad con el mandato de las Naciones
Unidas y con el respaldo mundial recibido en la CIPD, es
mejorar la salud reproductiva de mujeres, hombres y
jóvenes en los países más pobres y, al hacerlo, promover
un mundo más equitativo.
Todo lo que hemos aprendido en el último decenio
demuestra que cuando se amplían los medios de acción
de la mujer—mediante oportunidades económicas, servicios
de salud y educación—los beneficios exceden en
mucho a la persona: alcanzan a familias, comunidades y
países enteros. Se hace más lento el crecimiento de la
población, se fortalece el crecimiento económico y los
países tienen mayor capacidad y mayor flexibilidad para
efectuar opciones que propicien la sostenibilidad.